jueves, 1 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y El Instructor del Mundo.

Año 1954.

También recibí una carta de Rajagopal diciendo que se había abstenido de discutir el libro con K a fin de que pudiéramos tener una decisión que fuera la propia de K, pero según yo habría de comprobar por la carta que K me escribió, éste no había tomado tal decisión. Rajagopal había arribado a la conclusión de que a K le gustaría que llegáramos a la misma decisión que él, pero sin decirnos qué decisión era ésa. No había nada que mi madre o yo pudiéramos hacer hasta que K viniera a Londres.

Después de Atenas y de cinco días de discusiones en Roma, K fue otra vez a Il Leccio para permanecer por tres semanas con Vanda Scaravelli, mientras que Rajagopal viajaba a Munich, Zurich y París para ocuparse de las traducciones. K y Rajagopal vinieron ambos a Londres por quince días antes de emprender vuelo de regreso a EE.UU. K se alojó otra vez con Mrs. Bindley pero, como era habitual, veía todos los días a Lady Emily. También yo lo vi varias veces. Por supuesto, hablamos acerca del libro, pero él parecía no tener deseo alguno de discutir el asunto; no formuló más objeciones en absoluto, y tanto mi madre como yo quedamos tan convencidas de que él se sentía feliz, incluso ansioso de que lo publicáramos, que entregué la copia mecanografiada final a Hart-Davis mientras K aún permanecía en Londres. Rajagopal dijo más tarde que no se había consultado su opinión. K sabía que el libro contenía no sólo citas de sus cartas a mi madre, sino los relatos completos escritos por él y Nitya acerca de su experiencia de 1922. Estos relatos nunca se habían hecho públicos con anterioridad. Solamente existían unas pocas copias mecanografiadas que en su momento se enviaron a Mrs. Besant, Leadbeater, Lady Emily, Miss Dodge y a una o dos personas más. Era Rajagopal quien originalmente había mecanografiado los manuscritos. K aprobó también el título elegido para el libro, Candles in the Sun. El significado que hay tras de este título, es que la luz de todos aquellos que habían proclamado la venida del Instructor del Mundo, se desvaneció cuando el sol mismo hizo su aparición.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona) 

Jiddu Krishnamurti y Candles in the Sun.

 K y Rajagopal emprendieron vuelo a la India el 24 de octubre. Desde Bombay se dirigieron en tren a Bangalore y después fueron en automóvil a la escuela del Valle de Rishi. Lluvias torrenciales acababan de descargarse sobre el valle después de largos años de sequía. Como K le escribió a Lady Emily el 8 de noviembre:

Usted puede imaginarse cómo ha sido esto; hambre, falta de agua en los pozos, el ganado que se moría. Ha sido terrible. Pero ahora la tierra sonríe rica en verdor, y es muy hermosa. (Mrs. Gandhi visitó a K en el valle de Rishi en diciembre de 1980, después ordenó que se construyera una represa a fin de dar irrigación permanente del valle). Hay conversaciones con los niños y largas discusiones con los maestros, de manera que estamos bastante ocupados. Partiremos de aquí para Adyar [Vasanta Vihar] hacia fines de mes. Me alegro de que podamos ver el manuscrito antes de que se imprima.

Lady Emily envió el texto mecanografiado de su libro a Rajagopal diciéndole que lo necesitaba de vuelta tan pronto como fuera posible. Llegó a Vasanta Vihar el 24 de diciembre, en momentos que K, conforme a la respuesta de Rajagopal despachada el mismo día, estaba «muy agotado» después de «seis semanas de hablar ininterrumpidamente» y pocos días antes de que ellos partieran hacía Rajghat en Benarés. Pero después de echarle una ojeada, Rajagopal sintió que era una crónica muy valiosa, intensamente interesante, pero que cuando el libro se publicara despertaría muchas reacciones, y que a algunas personas la historia las dejaría profundamente desilusionadas, e incluso trastornadas; que él tenía muchas sugerencias que hacer, pero que era imposible anotarlas entonces allí o en Rajghat, hacia donde se dirigían para discusiones diarias con los maestros y continuas entrevistas; tampoco era aconsejable mostrarle el manuscrito a K en Vasanta Vihar o en Rajghat, donde estaría aún más cansado. K le había dicho casualmente cuando le vio leyendo el trabajo, que debían omitirse una o dos cosas, aun cuando ni siquiera lo había mirado. Rajagopal le contestó que, a menos que K mismo lo leyera completa y detenidamente, no sería razonable decir qué cosas debían eliminarse; después de lo cual K había expresado que él no lo aprobaba ni lo desaprobaba; que sólo quería que se eliminaran ciertas partes –pero , preguntó Rajagopal, ¿cómo podía K saber qué partes a menos que lo leyera? ¿No podía eso esperar hasta que ellos fueran a Londres en abril y Rajagopal le daría entonces a Lady Emily toda la ayuda que pudiera?

Esta respuesta no fue del todo satisfactoria para Lady Emily, porque era obvio que Rajagopal no quería que el libro se publicara sin introducirle muchos cambios.

K leyó la obra mecanografiada cuando estuvo en Rajghat, aunque ella no supo eso hasta tres meses después. Entretanto trabajaba en el manuscrito con mi ayuda. Su editor en Hart Davis, Milton Waldman, opinaba que no había bastante de ella misma en el libro.

Desde Rajghat K fue a Bombay en febrero de 1954 para reuniones públicas de dos días semanales durante un mes; algunas otras mañanas las emplearía en conversaciones con los niños y en innumerables entrevistas. Este año se abrió en Bombay una escuela gratuita para niños pobres, gracias a la Fundación para la Nueva Educación como se llamaba desde el año anterior el Rishi Va1ley Trust . Nandini Mehta era, y sigue siendo, la directora de esta escuela, Ban Anard en Malabar Hill, para 130 niños de cuatro a catorce años que se admiten sin tener en cuenta casta o credo.

El 5 de marzo K y Rajagopal viajaron en avión a Atenas por dos semanas. Yo evidentemente le había escrito a K adjuntando una carta de mi cuñado, Herbert Agar, en la que éste elogiaba el libro de mi madre, porque K me escribió el 23 de marzo desde Atenas:

Muchas gracias por su carta que incluye la carta de Mr. Agar. Es muy amable de su parte haberse tomado la molestia de escribirme largamente acerca del nuevo libro de Mum. Lo leí muy detenidamente en Benarés [ésta fue la primera vez que nos enteramos de que lo había leído] y mi impresión general fue de que es bueno y se lee con facilidad. Vea, Mary, yo realmente quería hablar al respecto con Mum y usted, antes de que se editara. No estoy si así puedo expresarlo diciendo que debe o no debe publicarse, porque ésa es responsabilidad suya y de Mum; yo sólo quería hablar al respecto con ustedes dos para ver si era prudente publicarlo. No digo que no lo sea, pero hablando pausadamente de ello, podríamos llegar a algún entendimiento que tal vez fuera válido. Por favor, no piensen que estoy sugiriendo que no lo publiquen, pero de ser posible me habría gustado poder hablar con ambas sobre la cuestión. Si no van a entenderme mal, es cosa de ustedes dos decidirlo.

También recibí una carta de Rajagopal diciendo que se había abstenido de discutir el libro con K a fin de que pudiéramos tener una decisión que fuera la propia de K, pero según yo habría de comprobar por la carta que K me escribió, éste no había tomado tal decisión. Rajagopal había arribado a la conclusión de que a K le gustaría que llegáramos a la misma decisión que él, pero sin decirnos qué decisión era ésa. No había nada que mi madre o yo pudiéramos hacer hasta que K viniera a Londres.

Después de Atenas y de cinco días de discusiones en Roma, K fue otra vez a Il Leccio para permanecer por tres semanas con Vanda Scaravelli, mientras que Rajagopal viajaba a Munich, Zurich y París para ocuparse de las traducciones. K y Rajagopal vinieron ambos a Londres por quince días antes de emprender vuelo de regreso a EE.UU. K se alojó otra vez con Mrs. Bindley pero, como era habitual, veía todos los días a Lady Emily. También yo lo vi varias veces. Por supuesto, hablamos acerca del libro, pero él parecía no tener deseo alguno de discutir el asunto; no formuló más objeciones en absoluto, y tanto mi madre como yo quedamos tan convencidas de que él se sentía feliz, incluso ansioso de que lo publicáramos, que entregué la copia mecanografiada final a Hart-Davis mientras K aún permanecía en Londres. Rajagopal dijo más tarde que no se había consultado su opinión. K sabía que el libro contenía no sólo citas de sus cartas a mi madre, sino los relatos completos escritos por él y Nitya acerca de su experiencia de 1922. Estos relatos nunca se habían hecho públicos con anterioridad. Solamente existían unas pocas copias mecanografiadas que en su momento se enviaron a Mrs. Besant, Leadbeater, Lady Emily, Miss Dodge y a una o dos personas más. Era Rajagopal quien originalmente había mecanografiado los manuscritos. K aprobó también el título elegido para el libro, Candles in the Sun. El significado que hay tras de este título, es que la luz de todos aquellos que habían proclamado la venida del Instructor del Mundo, se desvaneció cuando el sol mismo hizo su aparición.

KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

Jiddu Krishnamurti y C. Jinarajadasa.

 Año 1953.

K había esperado que Jinarajadasa, que este año se encontraba en EE.UU., viniera a Ojai, donde K pensaba tener «una buena y larga conversación con él», pero éste murió súbitamente en Chicago el día 18 de junio. «Raja [Jinarajadasa] era el punto de enlace con la S.T. escribió K a Lady Emily y ahora que ha muerto, una gran parte del pasado ha muerto con él. El otro día estuve pensando que usted y yo nos conocemos desde 1910 [en realidad, 1911] y lo que es más extraño aún, ¡nos hemos querido uno a otro durante todos esos cuarenta años! Y la sigo queriendo, mum».

Lady Emily estaba escribiendo ahora un relato de su vida en la Teosofía, donde K, por supuesto, había desempeñado el papel estelar. Ella había escrito ya un libro autobiográfico A Blessed Girl , un intercambio de cartas desde la edad de catorce años, entre ella y un viejo clérigo, Whitwell Elwin, que en un tiempo había sido editor de la Revista Trimestral. Narración íntima de una juventud victoriana, este libro fue ávidamente aceptado por el editor Rupert Hart-Davis, quien ahora la estaba alentando para que escribiera su segundo libro. (A Blessed Girl, cuando se publicó en 1953, fue un gran éxito. Tuvo espléndidas críticas y se vendieron unos 10.000 ejemplares).

K sabía que Lady Emily estaba escribiendo ahora este libro autobiográfico de su relación con la teosofía, y le había concedido permiso para citar las cartas que él le había escrito y también su relato y el de Nitya acerca de la experiencia de Ojai en 1922. En una carta del 17 de agosto, le comentaba al respecto:

Me alegra que este segundo libro esté progresando, y debe ser todo un trabajo clasificar, seleccionar, etc. Tiene usted a Mary para que le ayude, y eso ya es algo [yo era una escritora profesional desde 1930]. No me avergüenzo del pasado, pero usted sabe lo extraño que ha sido todo eso, y espero que lo que vaya a decir no ocasione demasiada animosidad entre la gente de la S.T.; pero eso, desde luego, no puede evitarse.

KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

Jiddu Krishanmurti y Jinarajadasa.

En noviembre de 1951 comenzó nuevamente la ronda de los viajes, aunque no las charlas públicas. El día 10 K llegó a Londres, donde le había precedido Rajagopal. Lady Emily ya no tenía lugar para él en el piso más pequeño al que se había mudado, de modo que K se alojó por primera vez con Mrs. Jean Bindley en el Nº 50 de Sheffield Terrace, lejos de Notting Hill Gate. Sin embargo, veía a Lady Emily todos los días. Fue probablemente durante esta visita que el hijo de Mrs. Bindley le presentó a su propio sastre, Huntsman, en Savile Row. Hasta entonces, los sastres de K habían sido Myer & Mortimer en Conduit Street; que ahora habían cerrado sus puertas. En adelante K habría de vestirse exclusivamente con Huntsman.

Este año Rajagopal voló a la India con K; fue la primera vez que volvía allá en más de catorce años. De Bombay fueron a Madrás. Jinarajadasa, que había sido presidente de la S.T desde la muerte de George Arundale en 1945, les recibió en la estación; se le veía muy frágil. Rajagopal se entrevistó varias veces con él y con otros miembros de la S.T., pero K no vio a nadie al principio. Había tenido fiebre y continuó con su retiro en Vasanta Vihar hasta comienzos de 1952, cuando inició nuevamente sus pláticas en los jardines de Vasanta Vihar después de un silencio público que había durado dieciséis meses. A juzgar por estas doce pláticas en las mañanas de los sábados y domingos desde el 5 de enero al 10 de febrero, durante su retiro él había estado tratando de encontrar nuevas palabras y expresiones para comunicar su percepción de las complejidades del vivir, aunque no variara en lo fundamental de sus enfoques. Un hombre que quisiera encontrar la paz, que quisiera crear un mundo nuevo y dichoso, no podía seguramente aislarse en ninguna forma de creencia; por lo tanto, lo primero era dejar de pertenecer a cualquier religión o nacionalidad. «Rompan completamente con el pasado –instaba y vean qué sucede. Señores, háganlo y verán qué deleite. Verán vastas extensiones de amor, comprensión y libertad. Cuando nuestro corazón se abre, entonces la realidad puede venir. Entonces no se escuchan los cuchicheos de los propios prejuicios, de los propios ruidos internos». El conocimiento propio seguía siendo la llave maestra hacia la comprensión, y la comprensión era esencial para la transformación psicológica.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

Jiddu Krishnamurti y G. Venkatachlam.

 Después de Rajahmundy, K dio una plática en Madrás antes de ir a Colombo donde ofreció cinco pláticas desde el 25 de diciembre al 22 de enero de 1950. También habló dos veces por radio. Un profesor indio, al escribir sobre ello muchos años más tarde, recordaba esta época en Colombo cuando, según él, «K ofreció una de las más conmovedoras y patéticas disertaciones de toda su vida».

Fue para los estudiantes del University College [habría de escribir el profesor]; el salón estaba atestado, y era claro que los estudiantes venían resueltos a causar desorden. Apenas entramos (porque yo formaba parte del grupo de Krishnamurti) no sólo hubo aplausos de bienvenida sino ruidos más fuertes de pataleos, gritos y rechiflas.

Esto continuó incluso después de que K comenzara a hablar, y al encontrarse con tal oposición sonrió y les preguntó qué habían esperado de él, a qué se debía esa mala acogida después que le habían invitado especialmente para que les dirigiera la palabra, y qué había realmente de malo en él. Esperó sonriente una respuesta. «¿Es usted el Cristo? Díganoslo primero» gritaron una media docena de estudiantes desde diferentes rincones . Él volvió a sonreír, y de pronto estalló en una risa triste y dulce, y los estudiantes se sintieron arrebatados por ella sin darse cuenta, y hubo un cambio en la atmósfera.

Él se enfrentó a la situación y dijo: «Muy bien, señores, voy a contestarles». Y les contó la punzante pero conmovedora historia de sus primeros años, su mesianismo, sus luchas y sufrimientos, su soledad y anhelos, su búsqueda y sus realizaciones, todo en el lenguaje más sencillo y sincero; y a medida que ellos le escuchaban, cambiaban visiblemente, y pronto rompieron en aplausos, y le vitorearon, y algunos lloraban en actitud de arrepentimiento...

Yo he visto este fenómeno una y otra vez en diferentes lugares donde testarudos materialistas, fanáticos ortodoxos y comunistas engreídos comenzaban desde el inicio mismo a intimidarlo con preguntas absurdas y estúpidas... Imperturbable y con infinita simpatía él escucha sus arengas y trata de contestarles en el propio lenguaje e idioma de ellos; y poco a poco, paso a paso, les lleva a ver su punto de vista, a comprender su modo de abordar los problemas; y al final, invariablemente, ellos le dicen: «Bueno, señor, nosotros no pretendemos haberle comprendido, pero sentimos que usted está en lo cierto».

Una radiante personalidad espiritual como Krishnamurti es un fenómeno raro, aun en este país. Él es, en verdad, el florecimiento de una era. Con lo grandes que son Aurobindo y Ramana Maharshi como almas liberadas y hombres de sabiduría, yo prefiero a Krishnamurti como amigo y camarada; porque su modo es el modo simple y directo en que actúan todos los magníficos fenómenos de la naturaleza que yo entiendo, como cuando estalla en flor el pimpollo de una rosa, como el vuelo de un pájaro que regresa al nido, como el fluir natural del río que penetra en el mar.

Nada de organización, ni ceremonias, ni sacerdote, ni pooja, ni darshan; nada de magia y misterio. 22

22 My Contemporaries, por G. Venkatachlam (Bangalore 1966).

KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona) 

Jiddu Krishnamurti y El Instructor del Mundo.

 Después de Rajahmundy, K dio una plática en Madrás antes de ir a Colombo donde ofreció cinco pláticas desde el 25 de diciembre al 22 de enero de 1950. También habló dos veces por radio. Un profesor indio, al escribir sobre ello muchos años más tarde, recordaba esta época en Colombo cuando, según él, «K ofreció una de las más conmovedoras y patéticas disertaciones de toda su vida».

Fue para los estudiantes del University College [habría de escribir el profesor]; el salón estaba atestado, y era claro que los estudiantes venían resueltos a causar desorden. Apenas entramos (porque yo formaba parte del grupo de Krishnamurti) no sólo hubo aplausos de bienvenida sino ruidos más fuertes de pataleos, gritos y rechiflas.

Esto continuó incluso después de que K comenzara a hablar, y al encontrarse con tal oposición sonrió y les preguntó qué habían esperado de él, a qué se debía esa mala acogida después que le habían invitado especialmente para que les dirigiera la palabra, y qué había realmente de malo en él. Esperó sonriente una respuesta. «¿Es usted el Cristo? Díganoslo primero» gritaron una media docena de estudiantes desde diferentes rincones . Él volvió a sonreír, y de pronto estalló en una risa triste y dulce, y los estudiantes se sintieron arrebatados por ella sin darse cuenta, y hubo un cambio en la atmósfera.

Él se enfrentó a la situación y dijo: «Muy bien, señores, voy a contestarles». Y les contó la punzante pero conmovedora historia de sus primeros años, su mesianismo, sus luchas y sufrimientos, su soledad y anhelos, su búsqueda y sus realizaciones, todo en el lenguaje más sencillo y sincero; y a medida que ellos le escuchaban, cambiaban visiblemente, y pronto rompieron en aplausos, y le vitorearon, y algunos lloraban en actitud de arrepentimiento...

Yo he visto este fenómeno una y otra vez en diferentes lugares donde testarudos materialistas, fanáticos ortodoxos y comunistas engreídos comenzaban desde el inicio mismo a intimidarlo con preguntas absurdas y estúpidas... Imperturbable y con infinita simpatía él escucha sus arengas y trata de contestarles en el propio lenguaje e idioma de ellos; y poco a poco, paso a paso, les lleva a ver su punto de vista, a comprender su modo de abordar los problemas; y al final, invariablemente, ellos le dicen: «Bueno, señor, nosotros no pretendemos haberle comprendido, pero sentimos que usted está en lo cierto».

Una radiante personalidad espiritual como Krishnamurti es un fenómeno raro, aun en este país. Él es, en verdad, el florecimiento de una era. Con lo grandes que son Aurobindo y Ramana Maharshi como almas liberadas y hombres de sabiduría, yo prefiero a Krishnamurti como amigo y camarada; porque su modo es el modo simple y directo en que actúan todos los magníficos fenómenos de la naturaleza que yo entiendo, como cuando estalla en flor el pimpollo de una rosa, como el vuelo de un pájaro que regresa al nido, como el fluir natural del río que penetra en el mar.

Nada de organización, ni ceremonias, ni sacerdote, ni pooja, ni darshan; nada de magia y misterio. 22

22 My Contemporaries, por G. Venkatachlam (Bangalore 1966).

KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

Jiddu Krishnamurti y La Muerte.

Año 1949. 

Otra pregunta fue: «¿Cómo puede uno librarse del constante miedo a la muerte?» Esto originó una larga respuesta, cuya esencia es:

¿Qué es lo que continúa? La idea, el pensamiento, ¿no es así? La idea de usted mismo como un nombre, como un individuo particular identificado que sigue siendo una idea, que es memoria, que significa la palabra ... Es indudable que la mayoría de nosotros se aferra a eso, ¿no? Usted no tiene miedo de dejar a su familia, a sus hijos; ésa es sólo una excusa. Lo que realmente teme es su propio fin. Ahora bien, lo que continúa, lo que tiene continuidad, ¿puede ser creativo? ¿Hay renovación en eso que continúa? Ciertamente, sólo hay renovación, en aquello que llega a su fin. Donde hay un cese, hay un renacimiento pero no lo hay en lo que continúa. Si continúo como soy, como he sido en esta vida, con toda mi ignorancia, con mis prejuicios, estupideces, ilusiones, recuerdos y apegos, ¿qué es lo que tengo? Y no obstante, es a eso que nos aferramos tan tenazmente.

Por esto podría parecer que K cree en la reencarnación, pero no es así. Él declara que no tiene creencias. La cuestión acerca de sí la reencarnación existe o no existe, carece de interés para él. Lo que le interesa es el morir a cada instante para lo viejo, de modo tal que cada instante sea una nueva creación.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

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