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domingo, 4 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y el Miedo.

 Año 1975.

K y Mary emprendieron vuelo a París a fines de junio y se alojaron tres noches en el Plaza Athenée. Por una vez siquiera K estaba contento de encontrarse en una ciudad; no había salido por las últimas tres semanas de Brockwood debido a la intensidad de su fiebre de heno. El 3 de julio continuaron viaje a Gstaad. Ese año K dedicó una de sus pláticas en las reuniones de Saanen, a lo que él llamó «un asunto muy serio»: «¿Puede uno estar totalmente libre del miedo psicológico?» «Si uno ha de estar libre del miedo, tiene que estar libre del tiempo», señaló. «Si no hubiera tiempo, uno no tendría miedo. No sé si ustedes alcanzan a ver esto. Si no hubiera mañana, sino sólo el ahora, entonces el miedo, como movimiento del pensar, toca a su fin». El miedo surge del deseo de seguridad: «Si hay completa seguridad psicológica, no hay miedo». Pero jamás puede haber seguridad psicológica, «si uno está ansiando, deseando, buscando, deviniendo». Y proseguía:

... el pensamiento siempre está tratando de encontrar un lugar donde pueda residir, residir en el sentido de adueñarse. Al ser fragmentario, lo que el pensamiento crea es la total inseguridad. Por lo tanto, la completa seguridad está en ser absolutamente nada; lo que implica no ser una cosa (Aquí hay un juego de palabras que sólo se da en inglés desde el punto de vista etimológico: y not a thing (no una cosa). Nota del t) creada por el pensamiento. Ser absolutamente nada implica una contradicción total con respecto a todo lo que ustedes han aprendido... ¿Saben lo que significa «ser nada»? Significa nada de ambición lo cual no implica que vegeten nada de agresión, nada de resistencia, nada de barreras levantadas por las heridas psicológicas... La seguridad que ha creado el pensamiento es la no seguridad. Esta es una verdad absoluta.

K estaba bien consciente de lo que podría ocurrirle a un matrimonio o a cualquier relación íntima si una de las partes «ve la verdad de que en esta nada hay completa seguridad» y la otra parte no lo ve. ¿Qué ocurre entonces?, pregunta K. Si usted está seguro, ¿qué hace con su pareja? «¿Qué hace usted conmigo [si yo soy el que está inseguro], me halaga, me habla, me consuela, me dice lo estúpido que soy? ¿Qué hará usted?» K cree que es suficiente con ser, porque él responde a su propia pregunta: «... si usted está completa, totalmente seguro en el sentido en que estamos hablando ¿no influirá sobre mí que estoy inseguro, desesperado, que me aferro, que me apego no influirá sobre mí? Es obvio que sí. Si usted realiza una transformación básica en sí mismo, entonces influirá no sólo sobre quienes están cerca de usted, sino que afectará toda la conciencia del mundo».


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

viernes, 19 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y el Miedo.

Krishnaji llegó a Delhi en el otoño de 1.972, y fui a verle. Me interrogó con gran detalle sobre la manera en que había muerto Jayakar, sobre el instante de la muerte y el estado de mi mente. Hablamos de ello, permanecimos quietamente con ello, pero después de ese día nunca más volvió él a mencionar el hecho de la muerte de Jayakar. Un aspecto de mi vida había llegado a su fin; yo tenía que estar libre del pasado y seguir adelante. Después le hablé acerca del miedo que se había despertado en mí y me estaba destruyendo. Me escuchó con gravedad, sostuvo mi mano, e hizo que permaneciera en silencio con él. Nos quedamos así por un largo rato.

Las discusiones habían comenzado, y una de ellas versó sobre el miedo. Krishnaji dijo que el miedo existía cuando había una sensación de completo aislamiento, de absoluto desamparo. Yo respondí que uno podía habérselas con los temores conscientes, incluso permitirles florecer y terminar. Pero uno parecía estar indefenso ante los temores inconscientes, ante la oscuridad primitiva que yace en las raíces de la existencia.

“¿Contiene el inconsciente estos temores?”, preguntó Krishnaji. “¿Invita el inconsciente a estos temores, o los recoge del medio circundante? ¿Se encuentran en los genes heredados?”, siguió preguntando. “¿Por qué consideramos que el inconsciente es el depósito del miedo?”

“El miedo está siempre ahí, ‘es en una crisis que nos volvemos conscientes de él”, dije.

A medida que la discusión” fluía, reflejaba los oscuros, innominados temores que acechaban como sombras en el cerebro. Percibiendo esto, Krishnaji preguntó: “¿Es que toda la estructura de la célula tiene miedo de no ser? ¿Forma el miedo parte de la existencia humana? ¿Forma parte de la más minúscula cosa viviente, de la más diminuta de las células? Si es así, ¿por qué debería yo crear una crisis para habérmelas con el miedo?” Hubo silencio.

“Un gesto, un pensamiento, una palabra, una mirada, un susurro, generan miedo. El miedo está aquí, afuera y adentro. “Mientras él hablaba, el miedo estaba ahí, alrededor de nosotros y dentro de nosotros”. ¿Por qué no establecemos contacto con el miedo antes del reto?”, preguntó. “¿Es qué la mente consciente tiene miedo de enfrentarse al miedo?” Luego, al percibir la atmósfera y al ver la enormidad del problema, dijo: “Vayamos despacio, estamos siguiéndole la pista a un cohete.

“Lo que se requiere”, dijo, “es verdadera sencillez, no análisis. El miedo de no ser forma parte de las células de nuestra sangre. Es nuestra herencia. Yo digo que está ahí, debajo de la alfombra; levántenla y miren. Está ahí, Cuando la mente está despierta por sí misma, no tiene miedo. ¿Por qué debo asustarme si el miedo forma parte de mi ser?”

Había poco que yo pudiera agregar para contribuir a la discusión. De pronto, Krishnaji dijo: “¿Puede la mente estar por completo inmóvil? Entonces dejen que el miedo venga, déjenlo surgir. Cuando la mente se halla despierta, ¿cuál es, entonces, la raíz central del miedo?” Mientras él hablaba, hubo una intensa detención de la ascendente espiral del miedo. El cerebro estaba quieto, igual que el cuerpo.

“Este estado, ¿ha surgido alguna vez en usted, señor?”, pregunté. Nuevamente quedó en silencio. “Varias veces, muchas veces, cuando la mente tiene completa estabilidad, cuando no retrocede, cuando no acepta ni niega, ni racionaliza, ni escapa, cuando no hay movimiento de ninguna clase. Hemos llegado a la raíz de ello, ¿no es así?”

Yo había escuchado. Me fui de allí viendo que el estar libre de miedo no descansaba en ninguna acción interna o externa, que esa libertad sólo podía existir cuando el cerebro estaba totalmente silencioso. La quietud generada por el diálogo permaneció conmigo, y esa noche me dormí sin temor alguno. Los miedos catastróficos, primitivos, no volvieron a aparecer en mí desde aquel diálogo. Los pocos temores que surgieron estaban en la superficie del nivel consciente, por lo que era posible enfrentarse a ellos.

En los días que siguieron, K me habló sobre la naturaleza de la soledad. Era un extraordinario estado del ser, un estado de completo aislamiento. Era la esencia del ‘sí mismo’ el ‘yo’ con su red de palabras en que la mente se halla atrapada­. Me pidió que afrontara la completa soledad interna; sólo así podía uno verse totalmente libre del miedo.

“Estar libre del miedo es estar totalmente libre del tiempo” dijo. Yo recibí esas palabras y las guardé muy dentro de mí.



 Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar. Editorial Kier.

sábado, 16 de diciembre de 2006

Jiddu Krishnamurti y el Miedo.

Ahora bien, primero existe el miedo físico que es la respuesta animal, porque hemos heredado muchas cosas de los animales; gran parte de la estructura de nuestro cerebro es una herencia animal. Ése es un hecho, un hecho científico, no una teoría. Los animales son violentos y los seres humanos también. Los animales son codiciosos; a los animales les encanta ser adulados, mimados, les gusta encontrar comodidad, al igual que a los seres humanos. Los animales son ávidos, competitivos, como lo somos nosotros. Los animales viven en grupos, y a los humanos también nos gusta desempeñar en grupo nuestras actividades. Los animales tienen una estructura social, lo mismo que la tienen los seres humanos. Podemos entrar en muchos más detalles, pero esto es suficiente para ver que una gran parte de nosotros es todavía animal.

El origen del miedo.

¿Cómo aparece el miedo, el miedo al mañana, a la pérdida del trabajo, a la muerte, a caer enfermo, o a padecer? El miedo implica un proceso de pensamiento acerca del futuro o del pasado. Tengo miedo del mañana o de lo que pudiera suceder. Me asusta la muerte; todavía está un tanto distante, pero estoy temeroso de ella. Ahora bien, ¿qué es lo que produce el miedo? El miedo existe siempre en relación con algo; si no, no hay miedo. Por eso uno está temeroso del mañana, de lo que ha sido, o de lo que será. ¿Qué ha generado el miedo? ¿No ha sido el pensamiento?


J.Krishnamurti. ¿Qué estás haciendo con tu vida?. Editorial OceanoAmbar.








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