Mostrando las entradas con la etiqueta Jiddu Krishnamurti y Nitya.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jiddu Krishnamurti y Nitya.. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de marzo de 2010

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

Mi hermano ha muerto;
éramos como dos estrellas en un cielo desnudo.
Él era igual que yo:
la piel tostada por el cálido Sol
en la tierra de suaves brisas,
oscilantes palmeras,
y ríos de agua fresca;
donde son innumerables las sombras,
y hay cotorras y papagayos de vivos colores.
Donde las copas verdes de los árboles
danzan bajo la refulgente luz del Sol;
donde hay dorados arenales
y mares de color verde azulado:
donde el mundo vive bajo el peso del Sol,
y la tierra cocida es marrón mate;
donde el arroz verde
centellea cautivador en las aguas limosas,
y los cuerpos tostados, desnudos, brillan
libres en el resplandor deslumbrante.
La tierra
de la madre que amamanta a su hijo al borde de la carretera;
del devoto amante
que trae en ofrenda vistosas flores;
del santuario a la orilla del camino;
de intenso silencio;
de paz inmensa.
Murió;
lloré en soledad.
Allá adonde iba, oía su voz
y su risa alegre.
Buscaba su rostro
en cada caminante
y a cada uno preguntaba si había visto a mi hermano;
pero ninguno de ellos podía darme consuelo.
Rogué,
recé,
mas los dioses guardaban silencio.
No me quedaban ya lágrimas;
no me quedaban sueños.
Lo busqué en todas las cosas,
en todos los países.
Lo oía en el susurro unísono de los árboles
llamándome a su morada.
Y luego,
en mi búsqueda,
apareciste Tú,
Señor de mi corazón;
sólo en Ti
vi el rostro de mi hermano.
Sólo en ti,
mi eterno Amor,
veo los rostros
de todos los vivos y de todos los muertos.

El Canto de la Vida, 1931.
Krishnamurti 100 años de Sabiduría, Evelyne Blau.

Jiddu Krishnamurti y Nitya.,

"Los hermosos sueños para la vida física que mi hermano y yo teníamos han terminado: el sueño de estar juntos, de vernos hacer las cosas, de viajar juntos, de divertirnos juntos, de hablar y bromear uno con otro, y de todos los pequeños detalles que tanto contribuyen a una vida de agradable disfrute.

[...] El silencio nos procuraba un especial deleite a ambos; ¡era tan sencillo entonces comprender los pensamientos y sentimientos del otro! No diré que no se produjera entre nosotros algún enfado esporádico, pero nunca iba muy lejos; en unos minutos se había pasado. Solíamos entonar juntos canciones jocosas, o cánticos, según lo requiriera la ocasión. A los dos nos gustaba la misma nube, el mismo árbol, la misma música. Aunque nuestros temperamentos eran diferentes, disfrutábamos mucho de la vida.

[...] Un viejo sueño ha muerto, y uno nuevo está a punto de nacer, como una flor que empuja y se abre camino a través de la tierra compacta. Ha empezado a nacer una nueva visión y a desplegarse una mayor conciencia.

[...] Una fuerza nueva, nacida del sufrimiento, me late en las venas, y, del sufrimiento pasado, una nueva compasión y comprensión han empezado a nacer: un deseo mayor de ver a otros sufrir menos, y, si tienen que sufrir, de hacer lo posible por que toleren el sufrimiento con nobleza y salgan de él sin demasiadas cicatrices. He llorado, pero no quiero que otros lloren; mas si lo hacen, ahora sé lo que eso significa"


El Heraldo de la Estrella, Enero de 1926.
Krishnamurti 100 años de Sabiduria, Evelyne Blau.

lunes, 12 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

 Año 1925.

La ansiedad que K sentía por Nitya se revela en una carta que escribió a Mrs. Besant el 10 de febrero, narrándole un sueño que había tenido:

Recuerdo que fui a la casa del Maestro y le pedí y le supliqué que se permitiera a Nitya sanar y vivir. El Maestro dijo que yo tenía que ver al Señor Maitreya y fui allá e imploré, pero tuve la impresión de que ése no era asunto Suyo y que debía yo ir al Mahachohan. Fui allí. Recuerdo todo esto muy claramente. Estaba sentado en Su silla con gran dignidad y comprensión magnífica, y con los ojos graves y bondadosos. Mi inútil descripción es tan absurda, pero es imposible transmitir la gran impresión de todo esto. Le dije que yo sacrificaría mi felicidad o todo lo que fuera necesario para que a Nitya se le permitiera vivir, porque yo sentía que esto se había decidido. Él me escuchó y contestó: “Él estará bien”. Esto fue un gran alivio y toda mi ansiedad ha desaparecido por completo.

Nitya tuvo alguna recuperación en “Ooty”, aunque el 19 de febrero le escribió a Mary, quien, con Lady Emily y Betty, acababa de regresar a Adyar procedentes de Delhi:

He estado en cama por cuatro semanas y mis huesos se salen de la piel. ¡Son innumerables las veces en que marcho hacia el precipicio de la muerte! Se está volviendo un hábito en mí. Cuando realmente muera a la madura edad de noventa años o algo así, por la fuerza del hábito continuaré viviendo… Han sido las cuatro peores semanas que jamás haya pasado. Sentirme enfermo, débil y fracasado, es una horrible combinación. [Le dio a Mary alguna tranquilidad agregando]: Sea lo que fuere que tu hagas o dejes de hacer, siempre te amaré.


KRISHNAMURTI
Los Años del Despertar
MARY LUTYENS
EDITORIAL ORIÓN
M É X I C 0
1 9 7 9

sábado, 13 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

Año 1919.
En septiembre la familia Lutyens se mudó a una amplia casa de estilo Adam en la calle Mansfield, cerca de Cavendish Square, donde Krishna y Nitya los visitaban tan frecuentemente que Mary, la menor de las hijas que tenía once años, cuando volvía de la escuela todas las tardes, solía buscar esperanzada los sombreros Homburg gris claro y los bastones de malaca con puño de oro sobre la mesa del salón. Usaban polainas de color gris claro; sus zapatos eran hechos a medida en Lobb (tenían los pies demasiado angostos para usar zapatos de confección), sus trajes en Meyers & Mortimer, sus camisas en Beale & Inman; compraban sus corbatas en Liberty y les cortaban el cabello en Trumper. Como Nitya era de más baja estatura que Krishna, ninguno podía usar los trajes del otro, pero las camisas, calcetines, pañuelos y ropa interior eran intercambiables y todo estaba esmeradamente bordado con sus iniciales unidas J K N.

Mary recuerda que estaban envueltos en un encanto que creaban alrededor de ellos dondequiera que iban.

"Una de las cosas [escribió ella], era que nunca me había encontrado con ninguna persona que fuera tan limpia como ellos... sus inmaculados zapatos de color castaño estaban siempre bellamente pulidos, y el pelo lacio y negro partido por el medio olía a algún delicioso ungüento que ambos usaban, tan suave... Estos dos hermanos tenían más parecido entre sí que dos hermanos ingleses, porque su aire extranjero ponía a los dos igualmente aparte. Su acento inglés tenía idéntica entonación, y su risa el mismo sonido más bien agudo... Los dos podían doblar la primera articulación de sus dedos sin doblar la segunda. Nitya no era tan bien parecido como Krishna desde un punto de vista clásico, pero su cara tenía gran encanto y su sonrisa era irresistible."

Su extremada limpieza física y el cuidado que ponían en su vestir, hacían que Mary se sintiera sucia y desaliñada. Tenía una especial preocupación por su apariencia y se lavaba con particular esmero cuando sabía que iba a verlos.


KRISHNAMURTI
Los Años del Despertar
MARY LUTYENS
EDITORIAL ORIÓN
M É X I C 0
1 9 7 9

 

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

Año 1919.

Nitya había tenido un buen golpe de fortuna en noviembre. Jamnadas, que todavía estaba en Londres, había soñado que un caballo con las iniciales K.J. (al revés de J.K.) iba a ganar una carrera. Averiguó que un caballo llamado King John, iba a correr en el Handicap de noviembre en Manchester. Se animó más a creer en su sueño cuando vio que el jokey tenía las iniciales E.A.W. (Ernest Armine Wodehouse). Jamnadas le habló a Nitya de su sueño y ambos apostaron al caballo en Londres, 8 a 1. También se fueron juntos en secreto a Manchester y apostaron más dinero a esa carrera. Ganaron, lo que le dejó a Jamnadas unas 1.300 libras y a Nitya también una buena suma, aunque menor que la de Jamnadas. (La carrera tuvo lugar el sábado, noviembre 22; King John pagó 13 a 2; el jokey era E. Wheatley). Esa noche no regresaron a la calle Duke sino hasta después de las once. Krishna, muy preocupado les preguntó dónde habían estado todo el día. Muy satisfechos de sí mismos, le contestaron que habían ido a Manchester a las carreras, a lo cual él replicó: “Ambos se ven muy sucios, necesitan un buen baño”. Entonces le contaron, muy contentos, acerca del dinero que habían ganado. “Por eso es que se ven y se sientes sucios”, les contestó. “Mucha gente debe haber perdido para que ustedes ganaran ese dinero”.

Pero para Nitya la carrera tuvo un desenlace que le desinfló aún más la euforia: con las ganancias y alguna contribución de Jamnadas, compró un automóvil Isotta Fraschini, sólo para recibir órdenes de Mrs. Besant, tan pronto como lo supo, de deshacerse de él inmediatamente. No se sabe lo que pasó con el dinero; probablemente hicieron que lo donara a la Sociedad Teosófica. Sin embargo, el principal resultado de esta imprevista ganancia fue encender en Nitya la ambición de hacer algún dinero que él pudiera considerar suyo.

KRISHNAMURTI
Los Años del Despertar
MARY LUTYENS
EDITORIAL ORIÓN
M É X I C 0
1 9 7 9

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

Año 1920.
Krishna encontró a Nitya en París al regresar el 28 de febrero; en realidad Nitya estaba allí desde el 21. En Londres había estado maquinando un plan para hacer algún dinero con el objeto de formar una compañía destinada a importar automóviles y tractores a la India. En relación con esto él había enviado varios cables a Jamnadas, quien entonces se encontraba de regreso en la India; sin embargo, era un amigo de Jamnadas, Ratansi D. Moraji, otro rico comerciante en algodón de Bombay y teósofo, el que estaba principalmente involucrado en el asunto. Cuando terminó su estadía en Londres, Lady Churchill le había dado a Nitya una carta de recomendación y lo había presentado al Señor de Sempill, el heredero de Lord Sempill, que estimulaba el proyecto .(1)

Nitya era muy dichoso en París donde había conocido a Isabelle Mallet y los de Manziarly. (En las notas de su diario, durante la semana que terminó el 19 de febrero, escribió que Marcelle tocaba maravillosamente”, y con respecto a él e Isabelle, (“ambos descubrimos cuánto simpatizábamos y nos hicimos amigos. ¡Si ella estuviera bien! ¿Qué no seria capaz de hacer con los hombres?”)

Pero eran Madame de Manziarly y Nitya los que iban a sentirse particularmente apegados el uno al otro; él empezó a sentir que, al fin, había encontrado en ella a una amiga muy suya, que lo amaba, no sólo porque era el hermano de Krishna. Yo de Manziarly también lo amaba muy especialmente así como Mary Lutyens, pero eran sólo unas niñas. Lo que él necesitaba era un amor maduro.

Regresó a Londres el 8 de marzo y escribió a Madame de Manziarly ese día para decirle que “los negocios son demasiado maravillosos para hablar de ellos”, de modo que su proyecto ya debía haber madurado para entonces. El 18, Ratansi mismo llegó a Inglaterra. Al día siguiente hubo una reunión para hablar de negocios, con Ratansi y el Señor de Sempill. Para entonces Nitya había decidido regresar a la India con Ratansi; había cablegrafiado a Mrs. Besant para informarle de su, intención, y reservó un camarote para el 12 de marzo. Diez días más tarde dejó Londres para ir a París con Ratansi habiendo entregado su apartamiento y anotó en su diario: “el examen de Derecho Penal tendrá que ser postergado para más tarde”.

Tan pronto como Nitya llegó a París recibió un cable de Mrs. Besant ordenándole que permaneciera en Inglaterra: su primer deber era cuidar a Krishna; si Krishna tenía cualquier dificultad en París, Nitya podía fácilmente reunirse con él desde Londres. Esta destrucción de todas sus esperanzas y planes debe haber sido un golpe terrible, tanto se había entusiasmado con toda la aventura. Sin embargo, en su diario anotó simplemente: “A.B., la todopoderosa”.

Permaneció en París, confortado por los de Manziarly, mientras Ratansi, quien había decidido no regresar a la India sin él, volvió a Londres. A mediados de abril Nitya se fue a Turín por una semana, probablemente para terminar algún negocio sobre un automóvil; su estado de ánimo puede ser juzgado por las anotaciones en su diario mientras estuvo allí: “Al infierno, al infierno, al infierno”, escribió por tres días, y luego, en sus memorias: “Turín, lo más desdichado en mi vida”. Le escribió a Madame de Manziarly desde Turín el 17 de abril. “Es algo muy extraordinario, pero yo nunca he disfrutado de nada sin haber tenido que pagar muy caro por ello; pienso que debe ser porque mis goces se encuentran entre los prohibidos, y los que se me permiten no son agradables”.

Regresó a París y permaneció allí hasta el 28 de abril y entonces volvió a otro solitario apartamiento amueblado en, Londres, 22 Hans Court, Hans Road, cerca de Harrods, para reanudar su trabajo con su aguda inteligencia, su naturaleza menos espiritual e impulsos físicos más fuertes que los de Krishna, así como su anhelo, por una, independencia económica, debe haber sido desesperadamente difícil para él desempeñar el papel que le, asignara, Mrs. Besant. Había perdido toda fe y se sentía aún más perdido e infeliz que Krishna en esta época.

(1)-El Señor de Sempill (1873-1965) era un pionero de la aviación, también profundamente interesado en motores. Lady Churchill, hija del Conde de Lonsdale, era una seguidora de Mrs. Besant. Se había casado con el primer Vizconde Churchill en 1887. Su esposo no tuvo tanta paciencia para sufrir como Edwin Lutyens y en 1927 obtuvo el divorcio de ella por abandono del hogar.

 
KRISHNAMURTI
Los Años del Despertar
MARY LUTYENS
EDITORIAL ORIÓN
M É X I C 0
1 9 7 9

jueves, 11 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

Año 1925.
Lady Emily, los Arundale, Wedgwood y otros viajaron con K y Mrs. Besant en un barco que zarpó de Nápoles el 9 de noviembre. Había una notable frialdad entre K y los obispos Arundale y Wedgwood en sus atavíos espectaculares. Tan pronto como se embarcaron, K recibió un telegrama informando que Nitya tenía influenza, y en Port Said, el día 13 recibió otro telegrama: «Influenza mucho peor. Rueguen por mí». Ni aun entonces K se preocupó demasiado. Tal como le confió a Shiva Rao, uno de sus primeros tutores en Adyar con quien estaba compartiendo un camarote: «Si Nitya fuera a morirse, no se me hubiera permitido abandonar Ojai». Su fe en el poder de los Maestros para salvar la vida de Nitya, le pareció a Shiva Rao «incondicional e incuestionable». Esa misma noche llegó el anuncio de la muerte de Nitya. De acuerdo con lo que cuenta Shiva Rao, la noticia le produjo un completo abatimiento; hizo más: toda su filosofía de la vida, la fe implícita en el futuro trazado por Mrs. Besant y Leadbeater, el papel fundamental que Nitya desempeñaría en ese futuro, todo pareció hacerse pedazos en ese momento. En las noches solía sollozar, gemir y llorar a gritos por Nitya, a veces en su nativo dialecto telegu, que no podía hablar estando despierto y consciente. Día a día le veíamos con el corazón destrozado, desilusionado. Día tras día parecía cambiar, asiéndose firmemente a sí mismo en un esfuerzo por afrontar la vida ahora ya sin Nitya . Pasaba por una revolución interna, descubriendo en ella una fuerza nueva.

Para cuando K llegó a Bombay, había escrito un artículo acerca de Nitya, que se publicó en la revista de la O.E.O., El Heraldo de la Estrella:

"En el plano físico pudimos estar separados, pero ahora somos inseparables... Porque mi hermano y yo somos uno. Como Krishnamurti tengo ahora un fervor más intenso, una fe mayor, mayor simpatía y amor, porque en mí está también el cuerpo, el ser de Nityananda... Suelo llorar en silencio, pero eso es humano. Ahora sé, con mayor certidumbre que nunca, que existe en la vida una belleza verdadera, una verdadera felicidad que no puede ser destruida por ningún suceso físico, una gran fuerza que no pueden debilitar los acontecimientos pasajeros, y un gran amor que es permanente, imperecedero e invencible."

Estas no eran meras palabras. Un amigo que se encontraba en Adyar para darle la bienvenida, recordaba que el rostro de K se veía radiante; no había en él vestigio alguno que mostrara lo que había sufrido. Yo misma advertí que había adquirido un nuevo poder de amor y simpatía cuando llegó a Colombo para encontrarse con Leadbeater y un grupo de personas yo era una de ellas que habían venido desde Sydney para la Convención. Leadbeater saludó a K con estas palabras: «Finalmente, eres un Arhat».



KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

Krishna dependía mucho de su hermano Nitya, un muchacho despierto y adorable. Lo compartían todo, tan íntimos como si fueran gemelos, aunque no eran idénticos en su apariencia física. Nitya era más pequeño, su rostro y personalidad tenían un gran encanto, pero no la belleza de Krishna. Tres años más joven que éste, parecía el mayor de los dos.

Antes de finalizar la guerra, los tutores Iniciados habían regresado a la India, y los muchachos vivían con Miss Dodge en la lujosa mansión de West Side Common, Wimbledon, que ella compartía con Lady De La Warr. Todos los días venían a Londres para estudiar en la Universidad. Para esta época ellos aprendieron a vestir bien y a sentirse cómodos en medio de una familia rica y aristocrática. Sin embargo, Krishna no era feliz. Había perdido su fe en los Maestros y en el Señor Maitreya, y se había evadido del papel que sabía iba a tener que desempeñar cuando lo llamaran como una retribución por todo cuanto habían hecho por él . «¿Por qué tuvieron que escogerme a mí?» le preguntaba con frecuencia a Lady Emily .

Finalmente, en enero de 1920, Mrs. Besant, perdida la esperanza de que Krishna aprobara alguna vez su examen (tres veces había fracasado en matricularse) le envió a París para que aprendiera francés, mientras que Nitya permanecía en Londres estudiando abogacía. Fue doloroso para Krishna dejar a Lady Emily, a quien por entonces amaba más que a nadie en el mundo, pero en París habría de encontrarse con una encantadora familia franco rusa los de Manziarly , ella una ferviente teósofa rusa, madre de tres hijas y un hijo, todos los cuales se convirtieron en sus devotos amigos. En julio, Madame de Manziarly había logrado reavivar en él algún entusiasmo por la Teosofía y la Orden de la Estrella de Oriente, así como lo estimulaba mentalmente llevándolo a galerías de arte y conciertos. Sin embargo, como él le dijo a Lady Emily, prefería los escenarios naturales a cualquier pintura. A fines de ese año, habló por su voluntad en una reunión de la Sociedad Teosófica.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

martes, 9 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

“YO Y MI HERMANO SOMOS UNO”


Krishna y Nitya habían compartido su soledad en un mundo extraño; reían juntos; contaban cuentos cómicos; viajaban juntos planeaban juntos el trabajo futuro y toda la vida­. (En una carta enviada desde Ojai el 21 de febrero de 1923. Nitya había escrito a Mrs. Besant: “Krishna y yo estabamos llenos de proyectos que vamos a realizar en la India: y queremos hablarle de ellos y ambos deseamos regresar. Jamás en mi vida he sentido tantas nostalgias de la India: California ha hecho de mí un hindú. Comienzo a comprender en pequeña escala, desde luego, lo que usted siente por la India.

Con todo mi amor, Nitya”
9.

Escribiendo después de la muerte de su hermano, Krishnamurti decía: “Un viejo sueño ha muerto y uno nuevo ha nacido. Está surgiendo una nueva visión y está desplegándose una conciencia nueva he llorado pero no quiero que otros lloren; y si lo hacen, sé lo que eso significa. Ahora lo sé, sé que ahora somos inseparables. El y yo trabajaremos juntos, porque yo y mi hermano somos uno”.

Por la época en que Krishnamurti y la Dra. Besant llegaron a Adyar, Krishnamurti había emergido de su batalla con el dolor, inmensamente sereno, radiante y libre de todo sentimiento y emoción. Pero su creencia en los Maestros y en la jerarquía oculta, había experimentado una revolución total. Ya raramente habría de referirse otra vez a los Maestros en su forma física. En años posteriores, hablando con vacilación de este período, Krishnamurti aceptaba que tal vez la intensidad del dolor había desencadenado una inmensa e inexpresable percepción. Una inteligencia que había tardado largos años en madurar, que había permanecido en estado latente, había funcionado en el momento de mayor agudeza del sufrimiento. (En un mensaje al Grupo Internacional de Preparación Propia, poco después de la muerte de Nitya. Krishnaji escribía: “Por ejemplo, cuando mi hermano murió, yo me sentí completamente perdido. Ustedes no tienen idea de cómo me sentí durante dos o tres días por más que eso, por una semana tal vez­. Todavía le echo de menos; siempre le echaré de menos físicamente, pero siento que él y yo estamos trabajando juntos, que recorremos el mismo sendero del mismo lado de la montaña, viendo las mismas flores, las mismas criaturas, el mismo cielo azul, las mismas nubes y los mismos árboles. Es por eso que siento como si fuera parte de él mismo; y sólo cuando me siento muy cansado, empiezo a decir: ‘Mi hermano no está ahí’. Pero enseguida mi mente me detiene y me dice lo absurdo que es un pensamiento semejante”10.

9 Archivos de la S.T. Adyar, Madrás.
10 Ibid.




Biografía de J. Krishnamurti. Pupul Jayakar. Editorial Kier. 

Etiquetas