sábado, 27 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y A Los Pies Del Maestro.

INTRODUCCIÓN

Las últimas treinta vidas de Alcione constituyen una obra eminentemente educativa desde el punto de vista del modo de obrar de la Ley, de cómo esta nos conduce de la ignorancia al conocimiento a través de un cúmulo de experiencias, cuyo resultado es desarrollo y perfección.

Las vidas sucesivas de un ser, están estrechamente relacionadas unas con otras, regidas por la Ley Kármica (ley de justicia distributiva y retributiva), la que combina las circunstancias que constituyen el destino del ser humano, obrando como efecto respecto del pasado y como causa para el futuro. Cada acción, cada pensamiento son causa y efecto a la vez.

El lector concienzudo no prestará, durante la lectura de estas treinta vidas, tanta atención a lo sensacional de los incidentes, como en el modo de desarrollarse las cualidades y aptitudes en cada existencia.

El principio de reencarnación, justifica da existencia del ser inmortal como receptáculo de las experiencias y conocimientos que van formando el carácter individual, y las disposiciones y aptitudes en cada vida.

La justicia, la libertad y la responsabilidad, están sabia e inextricablemente unidas y combinadas, hasta el punto de constituir el eje vital a través de las vidas terrenas y de ultratumba, que conducen al ser hacia la perfección y plenitud de conciencia, amor y sabiduría, que en un remoto futuro le convertirán en un dios. Tal es nuestro brillante porvenir.

La importancia capital del presente libro, es enseñar el valor de la vida, el reconocimiento de la propia alma, el auxilio que presta el conocimiento de la evolución de un ser, que en su presente vida terrena ha hollado el umbral del Templo. Estas enseñanzas pueden guiarnos para ponernos en condiciones de aprender en cada circunstancia y a cada momento, sin desperdiciar ninguna, todas las pequeñas y grandes lecciones de la vida que habla sin cesar, a fin de que el conocimiento que se deriva de la observación y la experiencia, amplíe los horizontes de nuestra conciencia hasta llegar a la emancipación de la serie sucesiva de vidas obligada, y podamos entonces venir al mundo voluntariamente a cooperar en la obra de los Santos Seres que lo guían y auxilian, por virtud de Su Gran Renuncia de la divina condición a que se habían hecho acreedores.

No de otro modo podemos comprender la Justicia Divina, tan severa como misericordiosa. Porque en esta serie de vidas vemos un proceso de educación, en el que las más penosas y difíciles pruebas son dadas cuando el alma es capaz de comprender su significado. Decimos el alma, porque este significado no llega siempre instantáneamente a la conciencia en el plano físico, sino que permanece en los estados supraconscientes de la mente hasta que, pronto o tarde, comprendemos en este plano el valor de la prueba.

Sin embargo, aunque todos perseguimos un mismo fin y hemos de desarrollar las mismas cualidades, para cada ser hay una vía distinta, la suya propia, aquella que constituye la característica dominante de cada uno.

Todos con el tiempo alcanzamos lo que deseamos, todos realizamos nuestras aspiraciones, y así, en el gran jardín de la humanidad cada uno es una flor distinta que manifiesta una característica del Dios que la emanó.

Se nos enseña que hay tres grandes Senderos, tres líneas de evolución distintas, por las que los seres humanos alcanzan la perfección.

Estos Senderos son: el Sendero de Acción o de Karma, el de Sabiduría y el de Devoción. Los tres están regidos por la gran Ley, pero la labor en cada uno de ellos es muy distinta y la hallaremos magistralmente descrita por Madame Besant en su obra. “Los tres Senderos que conducen a la Unión Divina”.

Alcione evoluciona en el Sendero de Devoción, o de Amor, y adquiere las cualidades obrando de acuerdo con su peculiar modo de ser, realizando las pruebas de valor, de sacrificio, de desinterés y abnegación, cuyo esfuerzo le capacita para hollar el Sendero y encontrarse al fin, “A los Pies del Maestro”.


LAS ÚLTIMAS TREINTA VIDAS DE ALCIONE
Por C. W. Leadbeater y otros colaboradores.
Traducción directa del Inglés por Federico Climent Terrer.
Biblioteca Orientalista,
Barcelona 1925.

 

Jiddu Krishnamurti y Las Últimas Treinta Vidas de Alcyone.

 INTRODUCCIÓN

Las últimas treinta vidas de Alcione constituyen una obra eminentemente educativa desde el punto de vista del modo de obrar de la Ley, de cómo esta nos conduce de la ignorancia al conocimiento a través de un cúmulo de experiencias, cuyo resultado es desarrollo y perfección.

Las vidas sucesivas de un ser, están estrechamente relacionadas unas con otras, regidas por la Ley Kármica (ley de justicia distributiva y retributiva), la que combina las circunstancias que constituyen el destino del ser humano, obrando como efecto respecto del pasado y como causa para el futuro. Cada acción, cada pensamiento son causa y efecto a la vez.

El lector concienzudo no prestará, durante la lectura de estas treinta vidas, tanta atención a lo sensacional de los incidentes, como en el modo de desarrollarse las cualidades y aptitudes en cada existencia.

El principio de reencarnación, justifica da existencia del ser inmortal como receptáculo de las experiencias y conocimientos que van formando el carácter individual, y las disposiciones y aptitudes en cada vida.

La justicia, la libertad y la responsabilidad, están sabia e inextricablemente unidas y combinadas, hasta el punto de constituir el eje vital a través de las vidas terrenas y de ultratumba, que conducen al ser hacia la perfección y plenitud de conciencia, amor y sabiduría, que en un remoto futuro le convertirán en un dios. Tal es nuestro brillante porvenir.

La importancia capital del presente libro, es enseñar el valor de la vida, el reconocimiento de la propia alma, el auxilio que presta el conocimiento de la evolución de un ser, que en su presente vida terrena ha hollado el umbral del Templo. Estas enseñanzas pueden guiarnos para ponernos en condiciones de aprender en cada circunstancia y a cada momento, sin desperdiciar ninguna, todas las pequeñas y grandes lecciones de la vida que habla sin cesar, a fin de que el conocimiento que se deriva de la observación y la experiencia, amplíe los horizontes de nuestra conciencia hasta llegar a la emancipación de la serie sucesiva de vidas obligada, y podamos entonces venir al mundo voluntariamente a cooperar en la obra de los Santos Seres que lo guían y auxilian, por virtud de Su Gran Renuncia de la divina condición a que se habían hecho acreedores.

No de otro modo podemos comprender la Justicia Divina, tan severa como misericordiosa. Porque en esta serie de vidas vemos un proceso de educación, en el que las más penosas y difíciles pruebas son dadas cuando el alma es capaz de comprender su significado. Decimos el alma, porque este significado no llega siempre instantáneamente a la conciencia en el plano físico, sino que permanece en los estados supraconscientes de la mente hasta que, pronto o tarde, comprendemos en este plano el valor de la prueba.

Sin embargo, aunque todos perseguimos un mismo fin y hemos de desarrollar las mismas cualidades, para cada ser hay una vía distinta, la suya propia, aquella que constituye la característica dominante de cada uno.

Todos con el tiempo alcanzamos lo que deseamos, todos realizamos nuestras aspiraciones, y así, en el gran jardín de la humanidad cada uno es una flor distinta que manifiesta una característica del Dios que la emanó.

Se nos enseña que hay tres grandes Senderos, tres líneas de evolución distintas, por las que los seres humanos alcanzan la perfección.

Estos Senderos son: el Sendero de Acción o de Karma, el de Sabiduría y el de Devoción. Los tres están regidos por la gran Ley, pero la labor en cada uno de ellos es muy distinta y la hallaremos magistralmente descrita por Madame Besant en su obra. “Los tres Senderos que conducen a la Unión Divina”.

Alcione evoluciona en el Sendero de Devoción, o de Amor, y adquiere las cualidades obrando de acuerdo con su peculiar modo de ser, realizando las pruebas de valor, de sacrificio, de desinterés y abnegación, cuyo esfuerzo le capacita para hollar el Sendero y encontrarse al fin, “A los Pies del Maestro”.

Cómo se ven las Vidas pasadas

Se han recibido muchas consultas respecto al método exacto por el cual llegan los investigadores a leer con precisión el registro de tales vidas. Es difícil explicar la cuestión de un modo satisfactorio a los que no tienen en sí el poder de verlas, aunque una tentativa de descripción del proceso puede ayudar a los estudiantes en sus esfuerzos para comprenderlo.

Para empezar diremos que no es nada fácil el explicar lo que es el archivo en que se han de buscar y leer. Se puede, quizá, dar una idea de ello, imaginándonos una habitación que en uno de sus lados tuviera un enorme espejo de cuerpo entero. Todo lo que ocurre en la habitación se refleja en el espejo. Si suponemos que está dotado de propiedades tales que lo conviertan en una especie de cinematógrafo perpetuo, de tal modo que registre todo lo que en él se refleja y pueda de nuevo reproducirlo en ciertas condiciones, habremos adelantado un paso hacia la comprensión del modo de presentarse el registro de que tratamos. Pero necesitamos añadir a nuestra concepción cualidades que ningún espejo posee: el poder de reproducir todos los sonidos como lo hace un fonógrafo, y también de reflejar y reproducir formas pensadas y sentimientos.

Después necesitamos avanzar un paso más para comprender lo que la reflexión de un espejo es en realidad. Si dos personas se hallan, en relación a un espejo, situadas de tal modo que cada una ve en él a la otra, claro está que en caso tal, la misma área de espejo está reflejando las dos imágenes. Por consiguiente, si suponemos que el espejo retiene permanentemente cada imagen que se ha fijado sobre él (quizá ocurre así), claro es también que la misma parte del espejo puede simultáneamente registrar ambas imágenes. Moveos en todos sentidos y pronto os convenceréis de que cada partícula de espejo registra simultáneamente todos los objetos que hay en la habitación, y que 1o que veis en él depende de la posición de vuestros ojos. De ahí se sigue que dos personas no pueden ver en el mismo instante la misma reflexión en un espejo, de igual manera que no pueden ver el mismo arco iris, porque dos ojos físicos no pueden simultáneamente ocupar con exactitud el mismo punto en el espacio.

Ahora bien; vamos a suponer que lo que ocurre respecto de nuestro espejo pasa realmente respecto de todas las partículas de todas las substancias. Cada piedra del camino contiene un indeleble registro de lo que ha ocurrido allí, aunque este registro no puede en cuanto a lo que hasta ahora conocemos ser recuperado de modo tal que pueda hacerse visible a los sentidos físicos, por más que el sentido más desarrollado del psicómetra lo percibe sin dificultad.

¿Cómo es posible preguntan los hombres- que una partícula inanimada registre y reproduzca impresiones? La respuesta, desde luego, está en que la partícula no es inanimada, y que la vida que reside en ella es parte de la Vida Divina. En efecto, otro modo de describir el registro es decir que consiste en la memoria del Logos mismo, y que cada partícula está de algún modo en contacto con tal parte de esa memoria que incluye en sí los acontecimientos que han tenido lugar en su proximidad, lo que podemos llamar, vista interna de ellos. Probable es que lo que nosotros llamarnos nuestra memoria no sea más que un poder similar de entrar en contacto aunque con frecuencia muy imperfectamente con esa parte de Su memoria que se refiere a acontecimientos que hemos visto o conocido. De modo, que podemos decir que cada hombre trae con él al plano físico dos memorias de lo que ha visto: su memoria cerebral, que con frecuencia es imperfecta o inexacta, y la memoria engastada en cualquier partícula no cambiada de su cuerpo o de los vestidos que usa, la cual es siempre perfecta y exacta, pero que aprovecha sólo a los que han aprendido a leerla. Recordemos también que la memoria cerebral puede ser inexacta, no sólo porque es en sí misma imperfecta, sino porque la observación original puede haber sido defectuosa. También puede haber sido matizada por un prejuicio; vemos en gran parte lo que queremos ver, y podemos recordar un acontecimiento sólo tal como se nos presenta, pudiendo haberlo visto de un modo parcial o equivocado. Pero el registro empleado se halla libre por completo de todos estos defectos.

Apenas hay necesidad de decir que el cuerpo físico de un hombre no puede tener ni memoria ni registro de una pasada encarnación en la que no participó, y lo mismo ocurre con sus cuerpos astral y mental, puesto que todos estos vehículos son nuevos para cada nueva encarnación. Esto nos muestra en principio que el plano más bajo en el cual podamos esperar alcanzar realmente una información digna de confianza sobre vidas pasadas es el del cuerpo causal, porque nada que esté por bajo de él puede darnos una evidencia de primera mano. En aquellas anteriores existencias el Ego estaba presente en su cuerpo causal a lo menos lo estaba una pequeña porción y, por lo tanto, es un testigo actual, mientras que los vehículos inferiores no son testigos y sólo pueden manifestar lo que de él han recibido. Cuando recordamos cuán imperfecta es la comunicación entre el Ego y la personalidad en el hombre ordinario, podemos ver en principio cuán enteramente inseguro es el tal testimonio de segunda, tercera o cuarta mano. Se puede obtener a veces de los cuerpos astral o mental cuadros aislados de acontecimientos sucedidos en una vida pasada; pero no un registro en serie y coherente de ellas, y aun hay que decir que tales cuadros sólo son reflexiones del cuerpo causal y, probablemente, reflexiones muy opacas y borrosas.

Por consiguiente, para leer las vidas pasadas con exactitud, la primera cosa necesaria es desarrollar las facultades del cuerpo causal. Enfocando aquellas facultades sobre el cuerpo causal del hombre que se quiere examinar, tememos ante nosotros las mismas dos posibilidades, como en el caso del hombre físico. Podemos tomar la propia memoria de Ego sobre lo ocurrido o podemos operar como si estuviéramos psicometrizándole y ver por nosotros mismos las experiencias a través de las cuales pasó. El último método es e1 más seguro, porque aun el Ego, desde el momento que ha visto estas cosas a través de una personalidad pasada, puede tener impresiones imperfectas o llenas de prejuicios sobre ellas.

Este es, por lo tanto, el mecanismo del método ordinario de investigar vidas pasadas: usar las facultades del cuerpo causal propio y por sus medios psicometrizar el cuerpo causal del sujeto. Esto pudiera hacerse en planos más bajos por la psicometrización de los átomos permanentes; pero como sería proeza mucho más difícil de realizar que el desdoblamiento de los sentidos del cuerpo causal, no es verosímil que pueda intentarse con éxito. Otro método que requiere, sin embargo, mucho mayor desarrollo, consiste en usar las facultades búdhicas (unificarse con el Ego que se investiga y leer sus experiencias como sí fueran las propias) desde dentro en vez de desde fuera. Ambos métodos han sido empleados por quienes han preparado las series de vidas próximas a publicarse en The Teosophist, y los investigadores han tenido también la ventaja de la cooperación inteligente del Ego, cuyas encarnaciones son descriptas.

La presencia física del sujeto cuyas vidas se leen es una ventaja, pero no una necesidad. Los medios no son especialmente importantes; pero el reposo es esencial, porque el cerebro físico necesita estar en completa calma si las impresiones han de ser traídas a través suyo con claridad. Todo lo que viene al plano físico desde el cuerpo causal necesita pasar a través de los vehículos astral y mental, y si alguno de éstos estuviera turbado, reflejaría imperfectamente, así como la más pequeña ondulación de la superficie de un lago quebrará o falseará las imágenes de los árboles o casas de sus orillas. Preciso es, asimismo, desarraigar absolutamente todos los prejuicios; de otro modo los vehículos producirán el efecto de cristales empañados, que colorearían todo lo que se ve a través y darían una impresión falsa.

Al observar las vidas pasadas siempre ha sido nuestra costumbre el retener la plena conciencia física, de modo que fuera posible tomar nota de lo visto, mientras se observaba. Se ha visto que era un método mucho más seguro que el dejar el cuerpo físico durante las observaciones y confiar en la memoria para su reproducción. Existe sin embargo una etapa en la cual este último método es el único servible, y es cuando el estudiante, aunque capaz de usar el cuerpo causal, puede hacerlo así únicamente mientras el vehículo físico está en reposo.

La identificación de los variados caracteres encontrados en esos vislumbres del pasado presenta a veces, una pequeña dificultad, porque, naturalmente, los Egos cambian de un modo muy considerable en el curso de veinte mil años. Por fortuna, con un poco de práctica es posible pasar el registro en revista tan rápidamente o de un modo tan lento como se quiera; cuando existe alguna duda en cuanto a la identificación, adoptamos siempre el plan de pasar con rapidez por la línea de vidas del Ego que se observa, hasta que llegamos al presente. Algunos investigadores cuando ven un Ego en alguna vida remota sienten enseguida la intuición de su personalidad presente; pero aunque tal vislumbre de intuición pueda con frecuencia ser exacta, puede también alguna vez ser falsa, y el método más laborioso es el único digno de toda confianza. Hay casos en que después de muchos miles de años los Egos de gentes vulgares se pueden reconocer instantáneamente; pero esto no les favorece, porque significa que durante todo ese tiempo han hecho muy pocos progresos. Tratar de reconocer hace veinte mil años a alguien que uno conoce hoy, es como encontrar a un adulto que se conoció de niño. En algunos casos se le reconoce, en otros el cambio ha sido demasiado grande. Los que han llegado a ser Maestros de la Sabiduría son con frecuencia reconocidos instantáneamente, aun después de millares de años; pero esto es debido a una razón muy diferente. Cuando los vehículos inferiores están ya plenamente en armonía con el Ego, se forman en semejanza del Augoeides, y así es que cambian muy poco de una vida a otra. Del mismo modo, cuando el Ego llega a ser una perfecta reflexión de la Mónada, también cambia muy poco, pero se desarrolla lenta y gradualmente, y por esto se le reconoce con facilidad.

Una de las más enojosas tareas relacionadas con esta rama de la investigación es la determinación exacta de las fechas. De hecho muchos investigadores abandonan la empresa francamente, diciendo que no merece la pena trabajar en ello y que un número redondo es suficiente para todos los objetos prácticos. Probablemente así es, aunque existe un sentimiento de satisfacción en dar los detalles tan correctamente como sea posible, aun a costa del aburrido cálculo sobre números elevados. Nuestro plan es, desde luego, el de establecer ciertos puntos fijos y usarlos como una base para el cálculo posterior.

En general, es algo más fácil leer vidas en su sentido natural que hacia atrás, porque en el primer caso operamos en el sentido del tiempo en lugar de ir contra él. Por esto el plan habitual ha consistido en pasar muy rápidamente a algún punto que se selecciona en el pasado, y después observar con lentitud desde ese punto en adelante. Necesitamos recordar que a primera vista es raramente posible el estimar correctamente la importancia relativa de los acontecimientos de una vida, y por esto nos deslizamos sobre ella al comienzo para ver desde cuales acciones o acontecimientos se desprenden los cambios realmente importantes, y después volvemos atrás para describirlos más en detalle. Si ocurre que el mismo investigador es uno de los caracteres en la vida que examina, se abre ante él la muy interesante alternativa de observar desde fuera o retroceder hasta esa vieja personalidad, sintiendo de nuevo lo que sintió en el tiempo pasado. Pero en este caso ve todo exactamente como entonces lo veía, y no conoce más que lo que conocía.

Pocos de los que lean las historias de vidas, que son con frecuencia débiles bosquejos, tendrán una idea de la cantidad de labor que se les ha dedicado, de las horas de trabajo que algunas veces se han precisado para la plena comprensión de algún insignificante detalle, para que la pintura presentada fuera tan próxima a la verdad como fuera posible. Al menos, nuestros lectores pueden tener la seguridad de que nada se ha economizado para lograr la mayor exactitud, aunque esto no es con frecuencia una tarea fácil, cuando nos encontramos con condiciones y modalidades del pensamiento tan completamente diferentes de las nuestras, como si se tratara de cosas pertenecientes a otro planeta. Los idiomas empleados son casi siempre ininteligibles al investigador; pero como los pensamientos trascienden a las palabras, esto le facilita la comprensión de las escenas. La serie de vidas expuestas con incansable paciencia representa una gran labor. ¡Que pueda dar su fruto, procurando una vívida sensación de las poderosas civilizaciones del pasado y una comprensión más clara de las leyes del Karma y la Reencarnación! Desde el momento que la serie de vidas que aparecerán al principio ha culminado en la iniciación del héroe en su presente encarnación, será seguramente un estudio valioso para aquellos cuya aspiración está en llegar a ser discípulos de un Maestro de Sabiduría, pues sus propios progresos serán más rápidos, cuando hayan aprendido cómo un hermano alcanzó el objetivo hacia el cual se encaminan sus esfuerzos.

Cerca de un centenar de los que al presente son miembros de la Sociedad Teosófica, son los caracteres más acusados en el drama que lentamente se desarrollará ante los lectores de The Teosophist, y es profundamente interesante el notar cómo quienes en el pasado han estado ligados con frecuencia por los lazos de la sangre, aunque nacidos ahora en países distanciados en miles de millas, se encuentran hermanados por su interés común en el estudio de la Teosofía, y se hallan ligados más estrechamente por su amor a los Maestros que pudieran jamás haberlo estado por cualquier conexión terrestre.

Rasgaduras en el velo del Tiempo

NOTAS SOBRE LA REENCARNACIÓN

Tal es el título del primero de dichos trabajos preliminares, debido a la pluma del eminente escritor Leadbeater.

Empieza haciendo notar que entre los hombres hay una gran diversidad de clases, y que, por tanto, el orden de sus reencarnaciones varía también mucho a causa de que, como el objeto principal consiste en el progreso de su evolución, han de diferir precisamente los procedimientos para cada Ego. En la gran mayoría de los casos, cuando una persona nace entre las clases cultas, es probable se encuentre en un medio parecido en su próximo renacimiento. Dos razones hay para que así sea: primera, que tal es el medio del cual el Ego puede sacar provecho, pues, de lo contrario, no debía ser colocado en él; y segunda, que el Karma que él ha de crear en ese medio, es demasiado complicado para que pueda producirse viviendo entre los ignorantes o los salvajes. Por consiguiente, los Egos de las clases elevadas nacen generalmente, entre las gentes cultas; y, sin embargo, con frecuencia encontramos excepciones notables.

Entre estos Egos de clase elevada hay varios y grandes tipos. Un Ego del tipo que nos es más conocido suele pasar por las distintas subrazas, siguiendo un orden regular, naciendo una vez en cada una de ellas y transcurriendo entre sus nacimientos un espacio de tiempo de unos mil doscientos años. Parece ser que cada subraza está dispuesta para desarrollar ciertas cualidades en el Ego y enseñarle determinadas lecciones, pasando éste por ellas para su perfeccionamiento. Así ocurre que si un Ego posee ya las cualidades características de una subraza, prescinda de ella y encarne en la que sigue; y, por el contrario, si el Ego carece en absoluto de aquellas cualidades, nace una y otra vez en esa subraza hasta adquirirlas.

Las investigaciones hechas últimamente y relacionadas con estos pormenores aclaran muchos conceptos; pero antes de poder darse los resultados deben ordenarse y estudiarse cuidadosamente. Hay otros tipos entre estos Egos, de clase superior, que parece no pasan ordenadamente por las respectivas subrazas y que, por el contrario, tienen tendencia a volver una y otra vez a determinada subraza. Parecen dedicarse especialmente a evolucionar en aquella subraza, y sólo accidentalmente hacen escapadas a otra para procurarse cualidades especiales. Entonces el intervalo entre dos vidas es más corto, por ejemplo: setecientos años en lugar de mil doscientos.

Evidentemente los Egos que llegan hasta aquí procedentes de la cadena lunar, lo hacen en grupos, con notables intervalos entre ellos, y los individuos de cada grupo tienen características comunes que les distinguen de los otros grupos. En un principio se creyó que esto era una prueba de que los Egos procedían de los diferentes rayos o tipos planetarios; pero se ha observado que no es así, porque hemos encontrado en un mismo grupo individuos de muy diferentes rayos. También hemos de hacer notar que durante las últimas investigaciones hemos encontrado un nuevo tipo cuya existencia ni siquiera habíamos sospechado, y que nos hace suponer que como éste pueden existir otros tipos aún no conocidos. Es sabido que los judíos son una excepción de la regla general, pues constituyen una raza aparte de los demás, y sus individuos raramente reencarnan fuera de su raza; y no debe sorprendernos el saber que los chinos y japoneses empiezan hoy a ser otra excepción en el mismo sentido.

Los Egos de las diferentes clases inferiores encarnan muchas veces en cada raza, pues son más tardíos en aprender sus lecciones, y como su desarrollo espiritual no es grande, crean menos energías y, por consiguiente, los intervalos entre sus nacimientos han de ser más cortos, transcurriendo de una vida a otra trescientos años y aun menos. Los salvajes que viven África, o las gentes de los suburbios de Londres, permanecen unos cuantos años en el plano astral y luego vuelven a la tierra inmediatamente. De aquí se sigue que la diferencia en número entre las gentes cultas y evolucionadas y la gran masa de los incultos no sea tan grande como parece a primera vista, pues en tanto que estos últimos están viviendo en casi su totalidad, puesto que permanecen muy poco tiempo en los planos elevados, los primeros están ausentes del plano físico un 90 a 95 por 100 del tiempo.

Tres factores principales determinan las condiciones de los renacimientos: Primero, y el más importante de todos, es la influencia ejercida por la Ley de la Evolución. El Logos desea que el hombre progrese, y este deseo ejerce sobre él una presión constante y firme. La acción de esta ley tiende incesantemente a situar al hombre en el medio mejor para desarrollar en él aquellas cualidades de que carece, sin tener en cuenta si éste le es o no agradable. El segundo factor es su propio Karma, el resultado de sus acciones pasadas. La Ley de la Evolución le colocará en las mejores condiciones para su desarrollo, pero sus vidas anteriores pueden haber sido tales que estén en oposición a estas condiciones. De aquí se deduce que el lugar que por su nacimiento ocupa un individuo es el mejor para él y el único que le corresponde, y ningún otro le sería adecuado dadas sus condiciones. Sentado esto, no se puede presentar dificultad alguna a las divinidades que rigen el Karma. Si se trata de un Ego salvaje, nacerá en el Africa Central, en el Sur de América o entre los aborígenes de Australia; si ha de nacer en un suburbio, lo hará en Montmartre, en Bowey o en Seven Dials. Pero no ocurre lo mismo al tratarse del hombre desarrollado, para el cual el problema se complica, por haber puesto en juego muchas y sutiles fuerzas de todas clases y necesitar un medio adecuado donde éstas puedan ejercer su acción. Para un alma joven habrá cien lugares, cualquiera de ellos adecuado, donde podrá recibir las muchas lecciones que tiene que aprender; pero tratándose de un alma antigua, ésta necesita un tratamiento especial, y la casilla especial que se le asigna es, por regla general, la única en todo el mundo que le será realmente adecuada. Es lógico y natural que él no lo crea así, porque ni sus gustos ni sus intereses han sido consultados al hacer la distribución. El tercer factor que influye en el nacimiento de un hombre es otra variedad de su Karma, los lazos que creó con otros Egos en sus vidas pasadas. Las pequeñas porciones de bien, y de mal, que hacemos, forman un debe y haber, como un trabajo impersonal; pero si afectamos considerablemente la vida de los demás ayudando o retardando su evolución, formamos un fuerte vínculo con ellos, haciendo preciso el que nos encontremos una o varias veces más durante las vidas sucesivas. El amor desinteresado es una de las más poderosas fuerzas del mundo que atrae a los Egos reiteradamente, modificando grandemente con el tiempo la acción de las fuerzas de la evolución y del Karma. Jamás puede el hombre eludir las consecuencias de algo que él haya hecho, pues la deuda debe ser inexorablemente pagada; pero el momento y las circunstancias pueden modificarse profundamente bajo la acción de la fuerza poderosa de un afecto intenso. Muchos ejemplos de esto se verán en las vidas que ahora publicamos para que sirvan de estudio.

Es evidente que en el flujo corriente de nuestras vidas nos reunimos en grupos, o quizá venimos desde luego formando parte de esos grupos, los cuales tienen por centro algún Ego dominante. En la historia que comprende las vidas de Alcione podemos observar uno de estos grupos o quizá las trazas de dos formado alrededor de las poderosas individualidades de dos Grandes Egos que han alcanzado el nivel del Adeptado. A medida que ahondamos más y más en las nebulosidades del pasado remoto, encontramos este pequeño grupo de Egos más íntimamente asociados. Esto no quiere decir que con el tiempo los lazos que hoy los unen se hayan aflojado lo más mínimo, pues, por el contrario, hoy son más fuertes y apretados que nunca. Lo ocurrido es que se han visto obligados a separarse por un cierto tiempo, sin romper esos lazos, para que cada uno pueda marchar al sitio preciso donde sea apto para desarrollar o aprender determinadas cualidades sin perjudicar a sus camaradas. Últimamente, durante unos cuantos miles de años, se han encontrado reunidos con menos frecuencia que lo hacían antes, con lo cual cada uno ha aprendido a permanecer en su puesto; pero en la encarnación presente se han sentido atraídos de nuevo, no por relaciones de parentesco, sino por el fuerte lazo de un interés común en obra también común, siguiendo como siempre a los augustos Campeones, a quienes deben todo lo que tienen y lo que son; nos referimos a los Maestros de Sabiduría, en cuyas manos está el destino de la próxima Raza. En esta vida son miembros leales de la Sociedad Teosófica, y por medio de ella han consagrado al servicio de la humanidad todos los poderes que han conquistado a través de las tempestades y bonanzas, de las alegrías y de las penas pasadas durante las muchas vidas que han permanecido unidos a ellos. A algunos se les ha prometido últimamente que no se separarán más, y que todo su futuro estará dedicado a trabajar en la obra que tanto aman, y bajo la dirección de los Grandes Capitanes, con los que están íntimamente ligados.

El héroe de esta primera serie de vidas que hoy presentamos a nuestros lectores, será designado con el nombre de la estrella Alcione. Pertenece al tipo o grupo de los que pasan de una vida a otra con un intervalo de unos setecientos años. No reencarna en las subrazas, siguiendo un orden regular, pero aparece especialmente consagrado a la primera subraza de la Raza-raíz; primero, tomando parte en varias de sus emigraciones desde el centro de Asia a las llanuras de la India, y después, encarnando, siempre que le ha sido posible, en aquel antiguo y maravilloso país de belleza y misterio. De las treinta vidas que hemos examinado, veinte se han desarrollado en el histórico suelo de la India, y aunque estas vidas le han conducido a la puerta del Sendero de Santidad, se ve que su devoción a una sagrada patria no ha retardado su desarrollo. Estudiad sus vidas, pues pueden seguirse sus pisadas; vea el lector cuáles son las cualidades necesarias para alcanzar aquel Sendero, y para que, a su vez, pueda “entrar en la corriente”, como hizo Alcione, y figurar entre aquellos que se han salvado para siempre, y cuyo destino dedican al servicio de la humanidad.

Los dos párrafos con que el articulista termina estas explicaciones se refieren al método seguido para observar y estudiar esas vidas lejanas, que nuestros lectores encontrarán ampliamente explicado en el artículo del mismo autor, Cómo se ven las vidas pasadas.

El otro escrito preliminar se titula:

LAS HISTORIAS EN SÍ MISMAS

y es debido a la pluma de Madame Annie Besant y C.W. Leadbeater.

Comienzan diciendo que estas historias no se presentan como modelo por su bondad, aunque frecuentemente lo son, sino como ejemplos de la labor que Karma ejecuta vida tras vida, llenos de valiosa instrucción para los estudiantes y de ayuda para la realización de la continuada vida humana. Debe recordarse, al leerlas, que se pierden de vista con frecuencia las hondas causas y que, al recordar una de estas vidas, se olvida gran parte de la acción y poco del sentimiento o juicio y de la percepción, aunque el pensamiento y la percepción son más potentes generando las causas que las acciones, pues las acciones son el resultado de los pensamientos y de las percepciones pasadas más bien que las generadoras del futuro. Aparte de esto, muchos de los trabajos de Karma pueden comprenderse por el estudio de una serie de vidas, y así vemos cuáles son las relaciones entre los individuos, los resultados de sus favores o agravios, los lazos que unen a los Egos y las repulsiones que los alejan. Nosotros damos las épocas en que se forman los grandes grupos de dichos Egos, sus dispersiones por siglos y milenios, sus nuevas reuniones y sus recientes separaciones. Y por encima de todo esto se ve surgir un sentimiento de seguridad, una ley superior, una Sabiduría que dispone, una Fuerza que ejecuta; obreros de un gran propósito, agentes elegidos, probados, aceptados o rechazados; ocasiones que se presentan, se aprovechan o se desdeñan, y una firme y progresiva evolución entre la complejidad de los flujos y reflujos. Puede observarse una sola vida en su debida proporción, y precedida y seguida por otras muchas. Un sentimiento de seguridad y dignidad invade al lector cuando piensa: “Yo también poseo un pasado extenso tras de mí y un amplio futuro delante”. Las perturbaciones del presente pierden su importancia cuando se consideran a la luz de la inmortalidad; los fracasos y las omisiones se convierten en simples incidentes del vasto panorama. ¡Con cuánta frecuencia hemos nacido y muerto! Se ve cómo es un hecho la profunda verdad predicada por Shri Krisna cuando dice que el Morador del cuerpo puede siempre abandonarle y tomar uno nuevo; “por tanto, ¡oh hijo de Kunti!, no debes llorar”.

Tal es la ayuda que intentamos poner ante nuestros lectores con la publicación de estas distintas series de vidas. Muchos encontrarán en ellas un fuerte apoyo en los días de turbación y una antorcha que ilumine el embrollado sendero de la vida.

Para designar los distintos Egos que toman una acción principal en estas series de vidas, hemos empleado varios nombres tomados principalmente de los que sirven para distinguir las estrellas, las constelaciones, y de los que en la antigüedad han llevado los héroes de Grecia. Recomendamos a nuestros lectores se familiaricen con estos dramatis personæ para que puedan seguirlos a lo largo de su línea de reapariciones.

Los que aparecen designados con los nombres siguientes:

Júpiter. Marte. Virâj.
Saturno. Venus. Mercurio.
Brhaspati. Neptuno. Vulcano.
Urano. Osiris.

han alcanzado el nivel del Adeptado. El nombre de Mahâguru es usado para Aquel que hace dos mil quinientos años alcanzó la categoría de Buddha. Surya es el actual Bodhisattva, el Señor Maitreya. El nombre de Manú se ha reservado para designar al que en el presente desempeña este puesto, Vaivasvata.

Con estas sugestivas e interesantes palabras terminan Madame Annie Besant y C.W. Leadbeater tan importantes escritos preliminares.

ADVERTENCIA.- Las vidas del protagonista de esta historia no pueden tomarse como riguroso ejemplo de la serie de vidas que han dejado tras sí el común de los hombres. Son las últimas treinta vidas de un ser que, en su actual reencarnación, acaba de hollar el dintel del Adeptado, y su relato ofrece instructiva utilidad, porque traza el Sendero que le condujo a la Puerta Magna, a la “entrada en la corriente”. Veremos cómo se desarrollan ciertas cualidades, cómo se vigorizan ciertas relaciones que podremos estudiar en su tendencia a la meta puesta ante sí por la misma Mónada. Porque análogas cualidades y relaciones habremos de formar y desenvolver todos nosotros; unos más pronto, porque surgieron más temprano, y otros más tarde, porque surgieron posteriormente. El estudio de estas vidas nos ayudará a comprender que como fue en un principio es ahora, que la puerta está tan abierta como lo estuvo en tiempos pasados, y que del mismo modo que entonces, se huella en nuestros días el Sendero. Aquellos que amaron, sufrieron y lucharon al lado de Alcione en tiempos pretéritos, están en él todavía, unos para auxiliarle y otros para recibir auxilio.

Las últimas treinta vidas de Alcione

Núm Nacimiento Duración Muerte Intervalo Sexo Lugar Raza Subraza
            A. de C.         Años         A. d. C.  Años
1 22662 84 22578 819 F América del Norte IV 2
2 21759 17 21742 275 F India IV 6
3 21467 85 21382 808 M India IV 2
4 20574 109 20465 911 M India IV 3
5 19554 69 19485 600 M China IV 4
6 18885 79 l8862 597 M Asia Central V 1
7 18209 71 18138 674 M Norte de África IV 5
8 17464 60 17404 528 M Asia Central V 1
9 16876 84 16792 797 M Poseidonis IV 6
l0 15995 58 15937 535 F Asia Central V 1
11 15402 79 15323 772 F India V 1
12 14551 91 14460 809 F India V 1
13 13651 82 13569 692 F Poseidonis IV 2
14 12877 82 12795 702 M India V 1
15 12093 90 12003 821 M Perú IV 3
16 11182 71 11111 682 M India V 1
17 10429 73 10356 684 M India V 1
18 9672 86 9586 811 M Poseidonis IV 5
19 8775 83 8692 840 M India V 1
20 7852 78 7774 788 M India V 1
21 6986 77 6909 945 F Egipto V 1
22 5964 17 5947 312 F India V 1
23 5635 47 5588 618 F India V 1
24 4970 69 4901 866 F India V 1
25 4035 75 3960 901 F Egipto V 1
26 3059 81 2978 798 M India V 1
27 2180 56 2124 596 M India V 1
28 1528 87 1441 811 M Persia V 3
29 630 71 559 1183 M India V 1
30 D.C.624 70 D.C.694 1202 M India V 1
31 1895 90 1987 693 M India VI 1


LAS ÚLTIMAS TREINTA VIDAS DE ALCIONE
Por C. W. Leadbeater y otros colaboradores.
Traducción directa del Inglés por Federico Climent Terrer.
Biblioteca Orientalista,
Barcelona 1925.

jueves, 25 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y A Los Pies Del Maestro.

PREFACIO

Por ser un hermano de más edad, se me ha concedido la distinción de escribir algunas palabras como prefacio de este pequeño libro, el primero que ha escrito un hermano más joven de cuerpo, ciertamente, pero no de alma.

Las enseñanzas contenidas en él se las impartió su Maestro cuando lo preparaba para la Iniciación, y él las ha transcripto de memoria, lenta y laboriosamente, porque el año anterior sabía mucho menos inglés que ahora.

Este libro es, en su mayor parte, una reproducción literal de las propias palabras del Maestro; y lo que no, es el pensamiento del Maestro expresado con las palabras del discípulo.

El Maestro suplió dos frases omitidas. En otros dos casos más, se añadió otra palabra omitida. Aparte de esto; es enteramente de Krishnamurti: es su primer donativo al mundo. Que este libro pueda ayudar a otros como las enseñanzas verbales lo ayudaron a él. Con tal esperanza las da. Pero las enseñanzas pueden tan sólo dar fruto si las vivimos como él las ha vivido, desde que brotaron de los labios de su Maestro. Si el ejemplo se sigue de acuerdo con el precepto, entonces se abrirá el gran Portal para el lector como se abrió para el autor, y sus pies hollarán el Sendero.

ANNIE BESANT


A LOS QUE LLAMAN

Conducidme desde lo ilusorio a lo Real.
Conducidme de las tinieblas a la Luz.
Conducidme de la muerte a la Inmortalidad.

PRÓLOGO
Estas palabras no son mías: son del Maestro que me enseñó. Sin Él no hubiera podido hacer nada, pero con Su ayuda he puesto los pies en el Sendero. Vosotros también deseáis penetrar en este Sendero; y así, las mismas palabras que Él me dijo os ayudarán si queréis obedecerlas. No basta decir que estas palabras son bellas y verdaderas; quien desee lograr éxito debe hacer exactamente lo que ellas entrañan. Mirar la comida y decir que es sabrosa no satisfaría a un hambriento: ha de comerla. Así pues, no basta escuchar al Maestro: debéis practicar lo que Él aconseja, atendiendo a cada palabra y fijándoos en cada insinuación. Si no advertís una indicación, si no atendéis a una palabra, queda perdida para siempre, porque Él no las repite.

En este Sendero se requieren cuatro cualidades:

DISCERNIMIENTO
CARENCIA DE DESEOS
BUENA CONDUCTA
AMOR

Trataré de explicaros lo que el Maestro me dijo acerca de cada una de ellas.

A LOS PIES DEL MAESTRO

I

La primera cualidad es el DISCERNIMIENTO. Se denomina así, generalmente, a la facultad de distinguir entre lo real y lo ilusorio, y la cual guía a los hombres para entrar en el Sendero. Pero también es mucho más que esto, y debe practicarse no tan sólo en los comienzos del Sendero, sino en cada una de sus etapas, diariamente, hasta el fin.

Vosotros entráis en el Sendero porque habéis aprendido que tan sólo en él pueden encontrarse las cosas dignas de ser alcanzadas. Los que no saben esto trabajan para adquirir riqueza y poder, pero esto dura a lo más una vida tan sólo y, por lo tanto, no es real. Hay bienes mayores, reales y perdurables, cuando los hayáis alcanzado, ya no desearéis jamás aquellos otros.

En el mundo hay dos clases de seres: los sabios y los ignorantes. Esta sabiduría es la que nos interesa. La religión que un hombre profese, la raza a que pertenezca, importan poco; lo realmente importante es que los hombres conozcan el plan Divino. Porque el plan de Dios es la evolución. Una vez que el hombre realmente lo reconoce, no puede sino identificarse con sus designios y trabajar de acuerdo con él, porque es tan glorioso como bello. Así, conociéndolo, permanece al lado de Dios, firme para el bien y resistente contra el mal, trabajando para la evolución y no por egoísmo.

Si está al lado de Dios, está unido a nosotros, y no importa lo mínimo que se llame hindú o buddhista, cristiano o mahometano, ni que sea indio o inglés, chino o ruso. Los que están al lado de Dios saben por qué están aquí y cuál es su misión, y procuran cumplirla; los demás no saben todavía lo que han de hacer, y así obran a menudo erróneamente e intentan trazarse vías que imaginan placenteras sin comprender que todos somos uno y que, por lo tanto, tan sólo lo que el Uno quiere puede ser verdaderamente agradable para todos. Ellos van en pos de lo irreal, en vez de lo real. Hasta que aprendan a distinguir entre los dos, no se colocarán al lado de Dios, y, para aprenderlo, discernimiento es el primer paso.

Pero, aun después de efectuada la elección, debéis recordar que hay muchas variedades de lo real y lo irreal, y por lo tanto debemos discernir también entre lo justo y lo injusto, lo esencial y lo accesorio, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo egoísta y lo altruista.

Aquellos que, deseosos de seguir al Maestro, han resuelto servir a lo justo a toda costa, no hallan dificultad en la elección entre lo justo y lo injusto. Pero el cuerpo es distinto del hombre, y la voluntad del hombre no siempre coincide con el deseo del cuerpo. Cuando vuestro cuerpo desee algo, deteneos a pensar si vosotros realmente lo deseáis. Porque vosotros sois Dios, y queréis únicamente lo que Dios quiere; así, debéis buscar profundamente en vosotros mismos para hallar el Dios interno y escuchar Su voz, que es vuestra voz. No confundáis con vosotros mismos ni vuestro cuerpo físico, ni vuestro cuerpo astral, ni vuestro cuerpo mental, porque cada uno de ellos pretenderá ser el Yo, a fin de obtener lo que desea. Debéis conocerlos todos y reconoceros por su dueño.

Cuando se ha de hacer un trabajo, el cuerpo físico quiere descansar, pasear, comer y beber; y el ignorante se dice a sí mismo: "Yo quiero hacer estas cosas y debo hacerlas." Pero el sabio dice: "Lo que en mí desea no soy yo, y puede esperar." A menudo, cuando se presenta alguna oportunidad para ayudar a alguien, el cuerpo incita a pensar: "¡Qué molestia me causa esto! Dejemos que otro lo haga." Pero el hombre le replica a su cuerpo: "Tú no me estorbarás para practicar el bien."

El cuerpo es nuestro animal, el caballo en que cabalgamos. Por lo tanto, debéis tratarlo y cuidarlo bien; no debéis fatigarlo; debéis alimentarlo tan sólo con comidas y bebidas puras, y llevarlo escrupulosamente limpio de la más leve mancha. Porque sin un cuerpo perfectamente limpio y sano no podríais llevar a cabo el arduo trabajo de preparación, ni podríais soportar el esfuerzo incesante. Pero vosotros debéis gobernar constantemente al cuerpo, nunca el cuerpo a vosotros.

El cuerpo astral tiene sus deseos a docenas; él os inclina a la cólera, a la injuria, a la envidia, a la avaricia, a codiciar los bienes ajenos, a sumiros en la depresión. El cuerpo astral quiere todas estas cosas y muchas más, no porque desee perjudicaros, sino porque le gustan las vibraciones intensas, así como el cambio constante de ellas. Mas vosotros no necesitáis estas cosas, y por esto debéis saber distinguir entre vuestros deseos y los de vuestro cuerpo.

Nuestro cuerpo mental desea pensar orgullosamente que es algo separado de lo demás; pensar dándose mucho valor a sí mismo y poco a los otros. Aun cuando lo hayáis apartado de las cosas mundanas, persiste en especular sobre sí mismo, en incitaros a pensar en vuestros propios progresos, en vez de pensar en la labor de los Maestros y en ayudar a los demás. Cuando meditéis, tratará de haceros pensar en las diferentes cosas que él desea, en vez de pensar en lo que vosotros queréis. Vosotros no sois esta mente, sino que ella está a vuestro servicio, y así también en este caso es necesario el discernimiento. Debéis vigilar constantemente, so pena de fracaso.

El Ocultismo no tiene compromiso entre lo justo y lo injusto. Debéis hacer a toda costa lo justo; debéis dejar de hacer lo injusto, sin importaros lo que el ignorante piense o diga. Debéis estudiar profundamente las leyes ocultas de la Naturaleza, y cuando las conozcáis, ordenad vuestra vida de acuerdo con ella, empleando siempre la razón y el sentido común.

Debéis saber distinguir lo importante de lo secundario. Firmes como una roca cuando de lo justo y de lo injusto se trate, dad siempre la razón a los demás en cosas de poca importancia. Porque debéis ser siempre amables y cariñosos, razonables y condescendientes; habéis de conceder siempre a los demás la misma libertad que necesitáis para vosotros mismos.

Tratad de ver lo que es más meritorio que hagáis, y recordad que no debéis juzgar las cosas por su aparente grandeza. Es mucho más meritorio hacer una cosa mínima pero útil a la labor del Maestro, que otra de mayor apariencia de las que el mundo llama buenas.

Debéis distinguir no tan sólo entre lo útil y lo inútil, sino entre lo más útil y lo menos útil. Alimentar a un pobre es bueno, útil y noble; pero alimentar su alma es todavía más noble y más útil que alimentar su cuerpo. Cualquier rico puede alimentar el cuerpo de un necesitado, pero tan sólo los sabios pueden alimentar su alma. Si sois sabios, vuestro deber es ayudar a otros en el logro de la sabiduría.

No obstante, por sabios que seáis, tenéis mucho que aprender en este Sendero, y por esto también en él es preciso el discernimiento. Debéis pensar cuidadosamente lo que es mejor que aprendáis. Todo conocimiento es útil, y llegará un día en que lo alcancéis; pero mientras tan sólo poseáis una parte, cuidad de que ésa sea la más útil.

Dios es tanto Sabiduría como Amor, y cuanta más sabiduría alcancéis, mejor podréis manifestar a Dios. Estudiad, pues; mas, en primer lugar, estudiad lo que os ayude a ayudar a los otros. Estudiad pacientemente, no porque los hombres os llamen sabios, ni aun por tener la dicha de serlo, sino porque tan sólo el sabio puede ayudar sabiamente. Por mucho que deseéis ayudar, si sois ignorantes, podréis hacer más mal que bien.

Debéis saber distinguir lo falso de lo verdadero; debéis aprender a ser verídicos en todas las circunstancias, en pensamiento, en palabra y en obra.

Primero en pensamiento; y esto no es fácil, porque en el mundo hay muchos pensamientos falsos, muchas supersticiones tontas, y nadie que esté esclavizado por ellas puede progresar. ASÍ pues, no debéis sostener una idea precisamente porque otros la sostienen, ni porque se haya creído en ella durante siglos, ni porque esté escrita en algún libro que los hombres tengan por sagrado. Debéis pensar acerca de aquel asunto por vosotros mismos, y juzgar si es razonable. Recordad que la opinión de un millar de hombres acerca de algún asunto que desconozcan no tiene ningún valor. Los que piensan hollar el Sendero deben aprender a pensar por sí mismos, porque la superstición es uno de los mayores males del mundo, una de las ligaduras de que totalmente debéis desembarazaros.

En lo tocante a los demás, vuestros pensamientos deben ser verídicos; no debéis pensar acerca de nadie lo que no sepáis. No supongáis que los demás están siempre pensando en vosotros.

Si un hombre hace algo que parezca perjudicaros, o dice algo que creáis que se refiere a vosotros, no penséis entonces: "Quiere ofenderme." Probablemente ni siquiera piensa en vosotros, porque cada alma tiene sus propias tribulaciones y pensamientos, que flotan principalmente alrededor de ella. Si un hombre os habla colérico, no penséis: "Me odia, trata de herirme." Quizá otra persona o alguna otra cosa lo han contrariado, y porque tropieza eventualmente con vosotros, descarga su cólera en vos¬otros. Él obra imprudentemente, porque toda clase de cólera es prueba de insensatez; pero vosotros no os debéis formar de él un juicio equivocado.

Cuando seáis discípulos del Maestro, podréis poner siempre a tono la pureza de vuestros pensamientos comparándolos con los Suyos. Porque el discípulo es uno con su Maestro, y debe procurar fundir su pensamiento con el Suyo y ver si coinciden. Si no están a tono, su pensamiento no es recto, y debe variarlo inmediatamente, porque los pensamientos del Maestro son perfectos, puesto que Él lo sabe todo. Los que todavía no han sido aceptados por Él, no pueden hacerlo del todo; pero pueden ayudarse mucho deteniéndose a pensar a menudo: "¿Qué pensaría el Maestro en estas circunstancias?" "¿Qué haría o qué diría el Maestro acerca de esto?" Porque no debéis nunca hacer, decir o pensar lo que no podáis imaginar al Maestro haciéndolo, diciéndolo o pensándolo.

Aun al relatar habéis de ser verídicos, exactos y sin exageración.

Nunca atribuyáis intenciones a otro; tan sólo su Maestro conoce sus pensamientos, y él puede estar obrando por razones de que no tenéis idea. Si oís que dicen algo en contra de alguna persona, no lo repitáis; podría no ser verdad, y aun cuando lo fuese, es caritativo callar. Pensad bien antes de hablar, no sea que incurráis en inexactitudes.

Sed verídicos en la acción; jamás pretendáis ser otro del que sois, porque toda pretensión sirve de impedimento a la pura luz de verdad que debe brillar a través de vosotros como la luz del sol brilla a través de un diáfano cristal.

Debéis distinguir entre el egoísmo y el desinterés; porque el egoísmo se presenta bajo muchas formas, y cuando creáis que al fin lo habéis destruido en algunos de sus aspectos, surge en otro tan fuerte como siempre. Pero gradualmente os irá animando tan por completo el pensamiento de ayudar a los demás, que no habrá lugar ni tiempo para pensar en vosotros mismos.

También debéis distinguir en otro sentido. Aprended a reconocer a Dios en todos los seres y en todas las cosas, prescindiendo del mal que puedan presentar en la superficie. Podéis ayudar a vuestros hermanos por medio de lo que tenéis de común con ellos, esto es, la Vida Divina. Aprended a despertarla y a vivificarla en ellos, así los salvaréis de lo falso.

II

Hay muchos individuos para quienes la cualidad "CARENCIA DE DESEOS" es verdaderamente difícil, porque sienten que sus deseos son ellos mismos, y que si desechan sus deseos peculiares, sus gustos y disgustos, dejará de existir su yo. Pero esto les sucede tan sólo a quienes no han visto al Maestro. A la luz de su Santa Presencia se extinguen todos los deseos, menos el de igualarse a Él. Sin embargo, antes que gocéis, de la felicidad de encontraros frente a frente con Él, podréis alcanzar, si queréis, la "Carencia de deseos".

El Discernimiento os ha mostrado ya que las cosas que los hombres más desean, como la riqueza y el poder, no tienen valor alguno. Cuando esto no se dice tan sólo, sino que se siente en verdad, cesa todo deseo de ellos.

Así pues, todo eso es sencillo; sólo se requiere que lo comprendáis. Pero hay algunos que cesan de perseguir los bienes terrenales, con el fin de ganar el cielo o alcanzar la liberación personal del renacimiento; no debéis caer en este error. Si habéis olvidado al yo, no podéis pensar en la hora en que este yo sea libre o qué clase de cielo tendrá. Recordad que todo deseo egoísta ata, por elevado que sea su objeto, y en tanto no os hayáis librado de él no estaréis enteramente preparados para dedicaros a la labor del Maestro.

Cuando desaparezcan todos los deseos que se refieren al yo, todavía puede existir el deseo de ver los resultados de vuestra obra. Si ayudáis a alguien, querréis ver en cuánto lo habéis ayudado; aun tal vez queréis que aquel a quien habéis ayudado, también lo vea y os lo agradezca. Esto es todavía deseo, y, además, falta de confianza.

Cuando hacéis todo el esfuerzo que podéis para ayudar, debe dar un resultado, tanto si podéis verlo como si no; si reconocéis la manera de obrar de la Ley, sabéis que esto es así. Por esto debéis obrar rectamente por amor a lo recto, no con esperanza de recompensa; debéis trabajar por amor al trabajo, no por la esperanza de ver el resultado; debéis entregaros al servicio del mundo, porque lo amáis y no podéis dejar de entregaros a él.

No deseéis poderes psíquicos; ya vendrán cuando el Maestro comprenda que debéis tenerlos. Además, es esforzarse en adquirirlos trae consigo, muy a menudo, gran perturbación; frecuentemente, a su poseedor le descarrían los falaces espíritus de la naturaleza, o se envanece y cree que él no puede caer en error; y el tiempo y el esfuerzo que emplea para alcanzar estos poderes podría emplearlos, de cualquier otro modo, en trabajar para los demás. Los poderes vendrán en el curso del desarrollo; deben venir; y si el Maestro ve que es útil que los tengáis antes, os enseñará a desarrollarlos sin peligro. Hasta entonces, estaréis mejor sin ellos.

Además, debéis precaveros de ciertos pequeños deseos que son comunes en la vida diaria. No deséis jamás brillar o parecer superior en ningún sentido; no habléis mucho. Es mejor hablar poco; es mejor todavía callar, hasta que estéis seguros de que lo que vais a decir es VERDADERO, BUENO y PUEDE AYUDAR A OTROS. Antes de hablar, pensad cuidadosamente si lo que vais a decir posee estas tres cualidades; si no es así, no lo digáis.

Lo mejor es acostumbrarse desde el primer momento a pensar cuidadosamente antes de hablar, porque cuando alcancéis la Iniciación debéis fijaros en cada palabra, no sea que digáis lo que no debe decirse. Mucha habladuría vulgar es insensata y vana; cuando es chismosa, es maligna. Así, acostumbraos a escuchar, mejor que a hablar, no expongáis opiniones, a menos que os las pidan directamente. En resumen; las cualidades son: saber oír, querer y callar; y la última es la más ardua de todas.

Otro común deseo que debéis reprimir severamente es el de inmiscuiros en los asuntos de los demás. Lo que otro haga o diga o crea, no es cosa vuestra, y debéis aprender a dejarlo completamente solo. Él tiene perfecto derecho al pensamiento, palabra y acción libres, mientras no se meta con otro. Así como vosotros reclamáis la libertad de hacer lo más conveniente, debéis concederle la misma libertad, y cuando la usufructúa no tenéis ningún derecho a ocuparos de él.

Si pensáis que obra equivocadamente, y podéis hallar oportunidad de decirle privadamente y con la mayor delicadeza vuestra opinión, es posible que lo convenzáis; pero hay muchos casos en que, aun de esta manera, la intervención sería impropia. Nunca debéis hablar a una tercera persona acerca del asunto, porque ésta es una acción muy baja.

Si veis un caso de crueldad contra un niño o un animal, vuestro deber es defenderlos. Si estáis encargado de instruir a otra persona, es vuestro deber reprender afectuosamente sus faltas. Excepto en semejantes casos, ocupaos de vuestros propios asuntos y ejercitad la virtud del silencio.

III

Las seis reglas de conducta que particularmente se requieren, las da el Maestro en este orden:

1ª Dominio de la mente.
2ª Dominio de la acción.
3ª Tolerancia.
4ª Alegría.
5ª Aspiración única.
6ª Confianza.

Sé que algunas de estas cualidades se han denominado diferentemente, pero yo hago uso de los nombres que el Maestro mismo les daba al explicármelas.

1ª DOMINIO DE LA MENTE. — La cualidad "Carencia de deseos" nos demuestra que debemos dominar el cuerpo astral; esta otra significa lo mismo con relación al cuerpo mental. Ello implica dominio del temperamento, de suerte que no podáis sentir cólera o impaciencia; dominio de la mente, de modo que podáis sosegar y tranquilizar el pensamiento y, por medio de la mente, dominio del sistema nervioso, a fin de que se excite lo menos posible.

Esto último es difícil, porque cuando os preparáis para entrar en el Sendero, no podéis evitar que vuestro cuerpo se haga más sensitivo, y así los nervios son perturbados por cualquier choque o sonido, y sienten agudamente cualquier presión; mas debéis hacer lo posible por evitarlo.

Mente tranquila significa también valor para arrastrar sin temor las pruebas y dificultades del Sendero; significa además firmeza para considerar serenamente cuanto os acontezca en la vida cotidiana, y evitar el incesante tedio e inquietud que dimanen de ciertos pormenores de la vida, en los que muchos malgastan la mayor parte del tiempo. El Maestro enseña que a un hombre no le debe importar lo más mínimo cuanto provenga del exterior: tristezas, disgustos, enfermedades, pérdidas; todo esto nada debe significar para él, ni ha de permitir que perturbe la calma de su mente. Estas cosas son resultado de pasadas acciones, y cuando sobrevengan, debéis soportarlas con calma, recordando que todo mal es transitorio, y que vuestro deber es permanecer siempre contentos y serenos. Aquello pertenece a vuestras vidas anteriores, no a ésta; no podéis alterarlo, y, así es inútil preocuparos por ello. Pensad, mejor, lo que hacéis ahora, lo cual determinará los acontecimientos de vuestra próxima vida, pues esto podéis modificarlo.

No cedáis jamás a la tristeza ni a la depresión.

La depresión es un mal, porque contamina a otros y torna sus vidas más penosas, a lo cual no tenéis derecho alguno. Por esta razón, si alguna vez os acometen, desechadlas para siempre.

Aun en otro sentido debéis dominar vuestro pensamiento; no le permitáis errar a la ventura. Fijad la atención en lo que estéis haciendo, sea lo que fuere, para que lo hagáis con toda la perfección posible; no acostumbréis vuestra mente a la vagancia; antes bien conservad buenos pensamientos siempre en su fondo, dispuestos a surgir en el momento en que ella esté libre.

Emplead todos los días el poder de vuestro pensamiento en buenos propósitos; convertíos en un poder que trabaje de acuerdo con la evolución. Pensad cada día en alguno de quien sepáis que está triste, que sufre o que necesita ayuda, y enviadle pensamientos de amor.

Apartad vuestra mente del orgullo, porque el orgullo es hijo de la ignorancia. El ignorante cree ser grande, cree que ha hecho esta o aquella gran cosa; el sabio sabe que tan sólo Dios es grande y que sólo Él es el hacedor de todas las cosas buenas y perfectas.

2a DOMINIO DE LA ACCIÓN. — Si vuestra mente es tal como debe ser, se perturbará muy poco con vuestra acción. Recordad que para ayudar a la Humanidad, el pensamiento debe convertirse en acción.

En esta labor no caben tibiezas, sino una constante actividad. Pero debéis cumplir vuestro propio deber, no el de los demás, a no ser con su permiso y con el fin de ayudarlos. Dejad que cada cual cumpla su propio deber, a su modo peculiar; estad siempre dispuestos a ofrecer vuestro apoyo cuando sea necesario, pero nunca os entrometáis. Porque, para algunas personas, la cosa más difícil del mundo es aprender a cumplir sus propios deberes, y precisamente esto es lo que vosotros debéis hacer.

Aunque tratéis de realizar una labor más elevada, no por ello debéis olvidar vuestros deberes ordinarios, pues hasta que éstos no queden satisfechos, no estaréis en libertad para prestar otros servicios. No os comprometáis a nuevos deberes mundanos; mas debéis cumplir perfectamente aquellos de que estéis encargados, esto es, todos aquellos deberes que reconozcáis como evidentes y razonables, no deberes imaginarios que otros traten de imponeros. Si queréis servirles a Ellos, debéis cumplir vuestros deberes ordinarios mejor y no peor que los demás; porque haciendo esto también Les servís.


3ª TOLERANCIA.—Debéis sentir perfecta tolerancia hacia todos y un sincero interés por las creencias de los que profesan otras religiones, tanto como por la que profesáis. Porque la religión de los otros es un sendero que conduce a lo más elevado, lo mismo que la vuestra. Para ayudar a todos, debéis comprenderlos.

Mas, para alcanzar esta perfecta tolerancia, debéis libraros antes del fanatismo y de la superstición. Debéis saber que no hay ceremonias necesarias; de otro modo es consideraríais algo mejores que los que no las practican. Sin embargo, no debéis vituperar a los que aun las necesitan. Dejadles hacer su voluntad; pero ellos no deben meterse con vosotros, que sabéis la verdad, ni deben tratar de imponeros aquello que habéis trascendido. Sed indulgentes y bondadosos en todo.

Ahora que vuestros ojos están abiertos, quizás os parezcan absurdas algunas de vuestras antiguas creencias y ceremonias; tal vez lo sean en realidad. Pero, aunque ya no toméis parte en ellas, respetadlas por consideración a aquellas buenas almas para quienes todavía tienen importancia. Ellas tienen su lugar y su utilidad, como la falsilla le sirve a un niño para escribir derecho, hasta que aprende a escribir mejor y con mayor igualdad sin ella. Hubo un tiempo en que las necesitasteis, pero ya pasó aquel tiempo.

Un gran instructor dijo: "Cuando yo era niño, hablaba, comprendía y pensaba como niño; pero ya hombre, di de lado las niñerías."

Quien haya olvidado su infancia y perdido la simpatía por los niños no puede enseñarles ni ayudarles. Así, sed bondadosos, amables, tolerantes con todos los hombres sin distinción, sean buddhistas o indos, jainas o judíos, cristianos o musulmanes.

4ª ALEGRÍA.—Debéis sobrellevar alegremente vuestro karma, cualquiera que sea, aceptando como un honor que el sufrimiento caiga sobre vosotros, porque esto demuestra que los Señores del Karma os consideran dignos de ayuda. Por muy penoso que resulte, agradeced que no sea peor. Recordad que podréis servir muy poco para la labor del Maestro, mientras vuestro mal karma no se extinga y quedéis libres. Al ofreceros a Él, habéis pedido que se acelerase vuestro karma, y así, en una o dos vidas haréis lo que de otro modo hubierais debido hacer en cientos. Pero a fin de obtener el mejor resultado, debéis sobrellevarlo alegremente.

Todavía hay otro aspecto. Debéis desechar toda idea de posesión. El Karma puede arrebataros las cosas que más queráis y hasta a las personas que más améis. Aun entonces debéis permanecer alegres, dispuestos a separaros de todo. A menudo el Maestro necesita verter Su fuerza sobre otros por medio de Su discípulo e incondicional servidor; y si éste cayese en la depresión no podría Él realizarlo. Así, la alegría debe ser vuestra norma.

5ª ASPIRACIÓN ÚNICA.—El objetivo que debéis tener a la vista es realizar la obra del Maestro. No debéis jamás olvidarla, cualesquiera que sean las ocupaciones que os salgan al paso, y ninguna otra labor puede interponerse en vuestro camino, porque toda la que sea fecunda y desinteresada es labor del Maestro, y debéis ejecutarla por amor a Él. Además, debéis poner toda vuestra atención en cada parte de la misma, para que la hagáis lo más perfecta posible. El mismo Instructor dijo también: "Sea lo que fuere que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Pensad cómo ejecutaríais una obra si supieseis que el Maestro ha de venir a verla; así debéis realizar toda labor." Los más conscientes sabrán mejor lo que este versículo significa. Y hay otro semejante y mucho más antiguo: "Esfuérzate tanto como puedas en cumplir cualquier cosa que se te presente."

Aspiración única significa también que nada deberá jamás desviaros, ni siquiera por un momento, del sendero en que habéis entrado. Ni tentaciones, ni placeres terrenales, ni mundanos afectos deberán nunca apartaros de él. Porque vosotros mismos debéis identificaros con el Sendero, el cual ha de formar parte de vuestra natulareza, de tal modo que lo sigáis sin necesidad de pensar en él ni en la posibilidad de abandonarlo. Vosotros, la Mónada, lo habéis decidido; desprenderos de él equivaldría a desprenderos de vosotros mismos.

6ª CONFIANZA.—Debéis confiar en vuestro Maestro; debéis confiar en vosotros mismos. Si ya habéis visto al Maestro, confiaréis del todo en Él a través de vidas y muertes. Si aún no Lo habéis visto, debéis tratar de imaginároslo y confiar en Él, porque si no lo hiciéreis, no podrá Él ayudaros. Sin completa confianza no puede establecerse la perfecta corriente de amor y de poder.

Debéis tener confianza en vosotros mismos. ¿Decís que os conocéis bien a vosotros mismos? Si tal creéis, no os conocéis; tan sólo conocéis la débil corteza externa que con frecuencia cae en el cieno. Vosotros, vuestro Yo real, es una chispa del propio Fuego Divino; y como Dios, que es omnipotente, está en vosotros, nada hay que no podáis hacer si queréis. Decíos: "Lo que hizo un hombre, otro hombre puede hacerlo. Yo soy un ser humano, más aún, soy Dios en el hombre: puedo y quiero hacerlo." Porque vuestra voluntad debe ser cual acero templado, si queréis hallar el Sendero.

IV

El Amor es la cualidad más importante, porque cuando es bastante fuerte en un hombre, lo estimula a revestirse de todas las demás, que sin ella nunca serían suficientes. Suele definirse el amor como un intenso deseo de unión con Dios y de liberación de la rueda de nacimientos y muertes. Pero este concepto del amor suena a egoísta e implica sólo una parte de su significado. El amor es más que deseo; es voluntad, resolución, determinación. Para producir este resultado, la resolución debe llenar vuestra naturaleza entera, hasta el punto de no dejar lugar para ningún otro sentimiento. Es, sin duda, la voluntad de ser uno con Dios, no para escapar del sufrimiento y de la fatiga, sino a fin de que, en razón de vuestro amor profundo hacia Él, podáis obrar con Él y como Él obra... Pues siendo Dios Amor, si queréis llegar a ser uno con Él, debéis también estar poseídos de amor y perfecto altruismo.

En la vida diaria, esto significa dos cosas: primera, que procuréis cuidadosamente no causar daño a ningún ser viviente; segunda, que siempre estéis alerta por si se presenta la oportunidad de ayudar.

Primero, no dañar. Hay tres pecados que causan en el mundo mayores males que todos los demás: maledicencia, crueldad y superstición, porque son pecados contra el amor. Si el hombre quiere henchir su corazón de amor divino, ha de vigilarlos y combatirlos constantemente.

Veamos los efectos de la maledicencia: Principia con el mal pensamiento, y esto en sí mismo es ya un crimen. Porque en todas las personas y en todas las cosas existe el bien y el mal. A cualquiera de éstos podemos prestarle fuerza, pensando en él, y por este medio ayudar o estorbar la evolución; podemos hacer la voluntad del Logos o trabajar en contra de ella.

Si pensáis mal de otro, cometéis tres iniquidades a un tiempo:

1a Llenáis el ambiente que os rodea de malos pensamientos en vez de buenos, y así aumentáis las tristezas del mundo.

2a Si en el ser en quien pensáis existe el mal que le atribuís, lo vigorizáis y alimentáis; y así, hacéis peor a vuestro hermano en vez de hacerlo mejor. Pero, si generalmente el mal no existe en él y tan sólo lo habéis imaginado, entonces vuestro maligno pensamiento tienta a vuestro hermano y lo induce a obrar mal, porque, si no es todavía perfecto, podéis convertirlo en aquello que de él habéis pensado.

3a Nutrís vuestra propia mente de malos en vez de buenos pensamientos, y así impedís vuestro propio desarrollo y os hacéis, a los ojos de quienes pueden ver, un objeto feo y repulsivo, en vez de bello y amable.

No contento con hacerse todo este daño y hacerlo a su víctima, el maldiciente procura con todas sus fuerzas que los demás participen de su crimen. Les expone con vehemencia su chisme, con la esperanza de que lo crean, y entonces los convencidos cooperan con él, enviando malos pensamientos al pobre paciente. Y esto continúa día tras día, y no lo hace sólo una persona, sino miles. ¿Veis ahora cuán bajo, cuán terrible es este pecado? Procurad evitarlo en absoluto. No habléis jamás mal de nadie; negaos a escuchar a quien os hable mal de otro, y decidle, afectuosamente: "Tal vez eso no sea verdad, y, aunque lo fuese, es mejor no hablar de ello".

En cuanto a la crueldad, ésta es de dos clases: intencionada y sin intención.

La crueldad intencionada consiste en causar, de propósito, dolor a otros seres vivientes, y éste es el pecado más grave de todos: obra de diablo más bien que de hombre. Diréis que ningún hombre puede hacer una cosa semejante; pero precisamente los hombres la han hecho muy a menudo y aún la están haciendo cada día. Los inquisidores la practicaron, y también muchas gentes religiosas en nombre de su religión; los vivisectores, así como habitualmente algunos maestros de escuela. Todas estas personas tratan de excusar su brutalidad con la costumbre; pero un crimen no deja de serlo porque muchos hombres lo cometan. Karma no tiene en cuenta las costumbres; y el karma de la crueldad es el más terrible. En la India, al menos, no puede haber excusa para tales costumbres, porque todos conocen el deber de no acusar mal a nadie. El destino de los crueles cae también sobre aquellos que se dedican intencionadamente a matar a las criaturas de Dios, y llaman a esto deporte.

Ya sé que tales cosas no las efectuáis vosotros, y por amor de Dios hablaréis claramente contra ellas cuando la oportunidad se os presente. Pero también hay crueldad en las palabras como en los actos, y una persona que diga una palabra con intención de herir a otra es culpable de este crimen. Esto tampoco lo haréis vosotros; pero algunas veces una palabra dicha al descuido hace tanto daño como una maliciosa. Así pues, debéis estar siempre en guardia contra la crueldad no intencionada.

En general, ello procede de la irreflexión. Hay hombres tan poseídos de la ambición y de la avaricia, que ni siquiera se dan cuenta del sufrimiento que causan a los demás pagándoles poco, o haciendo pasar hambre a su mujer e hijos Otros, pensando tan sólo en su codicia, se preocupan poco de los cuerpos y de las almas, a quienes arruinan por satisfacerla. Para librarse de unos cuantos minutos de molestia, un hombre deja de pagar a sus obreros el día que les corresponde, sin acordarse de las dificultades que este hecho les reporta. ¡Tanto sufrimiento se causa por descuido, por olvidar cómo una acción ha de afectar a los demás!... Pero Karma nunca olvida, y no tiene en cuenta que los hombres olviden los hechos.

Si deseáis entrar en el Sendero, debéis pensar en las consecuencias de vuestros actos, para que no seáis culpables de crueldad irreflexiva.

La superstición es otro mal tremendo, que ha causado grandes y terribles crueldades. Las personas esclavas de ella menosprecian a las que saben más, y tratan de obligarlas a hacer lo que ellas hacen.

Pensad en la horrorosa matanza debida a la superstición de sacrificar a los animales y al todavía más terrible prejuicio de que el hombre necesita alimentarse de carnes. Pensad en el trato a que la superstición ha dado motivo con respecto a las clases oprimidas en nuestra amada India, y ved cómo esta mala tendencia puede engendrar una despiadada inconsideración, aun entre los que conocen el deber de fraternidad.

Los hombres han cometido muchos crímenes en nombre del Dios de Amor, movidos por la pesadilla de la superstición; cuidad mucho de que no quede en vosotros ni el más leve vestigio de ella.

Debéis evitar estos tres grandes delitos, porque son fatales a todo progreso, por ser pecados contra el amor. Pero no tan sólo estáis obligados a refrenaros de este modo ante el mal, sino que habéis de ser activos para el bien. El intenso deseo de servir ha de llegar al máximo, hasta el punto de estar siempre a la mira para aplicarlo alrededor de vosotros no tan sólo a las personas, sino a los animales y a las plantas. Debéis prestar vuestro servicio hasta en las pequeñas cosas de la vida diaria, de modo que, acostumbrándoos a ello, no podáis substraeros, cuando se presente la oportunidad de hacer cosas de mayor importancia. Pues si deseáis llegar a ser uno con Dios, que no sea para vuestro propio beneficio, sino para convertiros en canal por donde fluya Su amor para alcanzar a vuestros semejantes.

El que está en el Sendero no vive para sí mismo, sino para los demás; se olvida de él para poder servirlos. Es a manera de pluma en manos de Dios, por la que fluye Su pensamiento y tiene expresión aquí abajo, lo que no podría suceder sin ella. Es a manera de un canal de fuego viviente que derrama sobre el mundo el Divino Amor que llena su corazón.

La sabiduría que os capacita para ayudar, la voluntad que dirige la sabiduría, el amor que inspira la voluntad, éstas son vuestras cualidades.

Voluntad, Sabiduría y Amor son los tres aspectos del Logos; y vosotros, que deseáis alistaros para servirlo, debéis, hacer gala de ellos en el mundo.


Quien la palabra del Maestro anhele,
De Sus mandatos póngase en escucha
Entre el fragor de la terrena lucha,
Y la escondida Luz atento cele.

Sobre el inquieto y mundanal gentío,
Del Maestro atisbe la señal más leve,
Y oiga el susurro que Su voz eleve
Del mundo entre el rugiente griterío.











 

miércoles, 24 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y A Los Pies Del Maestro.

Una fotografía que se le tomó a Krishna inmediatamente después de su primera iniciación, a los tres meses de haber sido “descubierto” por Leadbeater, muestra al joven brahmacharín envuelto en un angavastram. Es un rostro frágil con sugerencias de una fuerza ilimitada. De perfil, el cabello le cuelga justo hasta debajo de los hombros; sus ojos reflejan la infinitud del akasha. La boca está ligeramente entreabierta, ni sonriente ni severa; un tierno retoño de mango sin deseos propios, con sólo la energía de la vida; un rostro sin defensas, completamente desprovisto de astucia: “De las aguas la savia recién nacida, del mismo modo que la savia de los árboles del bosque”6.

Muchos de los biógrafos de Krishna, al describirlo en la época en que fue descubierto por Leadbeater, hablan de él como de un retardado, hasta de un imbécil, sucio, desgreñado, con sólo sus grandes ojos destacándose en el rostro. Asombrosamente, no hay comentarios sobre su pasmosa belleza.

En septiembre de 1910, Mrs. Besant, que se encontraba en Adyar, llevó a los hermanos consigo a Varanasi Fue aquí que Krishna envió a buscar las notas que se dice había escrito en Adyar, las cuales habrían de formar el material para su primer libro, A los Pies del Maestro.

La aparición del libro suscitó una gran controversia. Especialmente encuadernado en cuero azul y autografiado por Krishna, un ejemplar destinado al Maestro Kut Humi y puesto bajo la almohada de Krishna, habría de desaparecer en la mañana. Se vendieron un gran número de ejemplares. En esa época el inglés de Krishna era flojo, y muchos críticos sostuvieron que el libro había sido escrito por Leadbeater. El libro era lúcido, combinaba la enseñanza teosófica con ciertos principios básicos del hinduismo.

Existen pocas dudas de que, aun si las notas hubieran sido escritas originalmente por Krishna bajo la guía del Maestro K.H., la versión final lleva un definido sello de Leadbeater. Se cuenta que, cuestionado por su padre, Krishna negó haber escrito el libro.

Unos cincuenta años más tarde, el físico George Sudarshan interrogó a Krishnaji sobre la autoría de A los Pies del Maestro. Krishnaji contestó. “El hombre que escribió el libro ha desaparecido”7. Se negó a decir nada más al respecto.

6 Atharva Veda Samhita
7 De mis diarios, Krishnaji a George Sudarshan en Brockwood Park, en la época de la reunión de científicos en octubre 1974

Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar. Editorial Kier.



 

Jiddu Krishnamurti y Annie Besant.

En 1911 Mrs. Besant viajó a Inglaterra con sus dos pupilos. Sus antiguos amigos y admiradores en la India, se habían mostrado muy críticos acerca de todo eso que ellos llamaban “El negocio del Mesías”, y ella había sido implacablemente atacada por The Hindu, un influyente diario inglés que se publicaba en Madrás. Pronto muchos miembros de la Sociedad Teosófica en toda la India, algunos de los cuales eran íntimos amigos suyos, se rebelaron abiertamente contra su adoración por el pequeño muchacho hindú que ella llamaba Alcyone”8. A pesar de la ridícula y abierta oposición, y de la deserción de muchos miembros eminentes de la Sociedad Teosófica, Mrs. Besant se erguía como una roca, inconmovible en su fe, ateniéndose firmemente a las instrucciones de los Maestros en la certidumbre de que Krishna habría de ser el vehículo para el Buda Maitreya.

Antes de partir hacia Inglaterra, Mrs. Besant encargó a los mejores sastres de Bombay un vestuario occidental completo para los muchachos. Cuando llegaron a la estación de Charing Cross donde fueron recibidos por un grupo de teósofos, Krishna vestía un conjunto de saco y pantalón de Norfolk.

Mrs. Besant se alojó con los muchachos en la casa de su amiga Miss Bright. En su libro, Viejos recuerdos y cartas de Annie Besant, Esther Bright describió a los dos pupilos hindúes de Mrs. Besant:

"Fue a esta casa que A.B. trajo a sus dos jóvenes pupilos hindúes, los hermanos Krishnamurti y Nityananda. Ellos se sentían con nosotros como en su propia casa. Era interesante observar sus reacciones a nuestra vida occidental; aunque muy tímidos y reservados, estaban intensamente atentos a lo que ocurría en nuestro peculiar mundo occidental; y sin duda alguna, con gran frecuencia se mostraban muy críticos con nosotros. ¡Especialmente en la cuestión del Arroz! “Yo no creo que Miss Bright entienda del todo” dijo una vez muy gravemente Nitya, “lo mucho que nos gusta el arroz”. Era él un muchachito encantador, con un rostro muy serio y ojos penetrantes, amistosos e inquisitivos, una grande y bella naturaleza en ese pequeño cuerpo de indio. A.B. estaba consagrada a estos muchachos y les dedicaba todo el afecto y la amorosa atención de que era capaz.  Resultaba hermoso verlos juntos."9

Separada por poco tiempo de Krishna, Mrs. Besant escribía el 29 de noviembre de 1911:

"Estoy enviándote grandes ondas de amor, como esas que entran tumultuosamente a través de la puerta abierta del mar; sólo que ellas no te golpean, sino que envuelven y protegen el precioso cuerpo que el Señor habrá de ocupar.

Amo a mi querido Krishna, el ego que he amado por tantos años. ¿Cuántos? No lo sé ¿Desde que éramos animales saltarines y custodiábamos la cabaña de nuestro Maestro? Quizá desde mucho antes todavía, tal vez desde que éramos plantas y extendíamos zarcillos delicados el uno hacia el otro bajo la luz del sol y en medio de las tormentas. Y es posible que fuéramos minerales ¡Oh, hace tantísimo tiempo!­ que yo fuera un trocito de cristal y tú un pedacito de oro dentro de mí."10.

8 Arthur H, Nethercot, Las cuatro últimas Vidas de Annie Besant.
9 Esther Bright, Viejos Recuerdos y Cartas de Annie Besant.
10 Archivos de la S.T. Adyar, Madrás. Originales K&R Foundation, Ojai, Calif.

Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar. Editorial Kier.


 

lunes, 22 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Las Últimas Treinta Vidas de Alcyone.

Año 1984.

Krishnaji llegó tarde esa noche acompañado por Mary Zimbalist Tenía programado ofrecer una plática pública el 4 de noviembre, en el mismo estrado que el Dalai Lama. Noticias de esta plática habían llegado a muchos centros budistas de la India y del exterior, y se esperaba que asistiera un gran número de monjes budistas. En la noche del 30 de octubre, Krishnaji, después de una cena liviana, insistió en que leyéramos en voz alta el libro que yo estaba escribiendo sobre él. Mary Zimbalist leyó una parte del libro, la que trata de los primeros años de su nacimiento y de su infancia­. Después me hice cargo yo de la lectura.

Durante todo el tiempo Krishnaji se mantuvo completamente en silencio. Sólo interrumpió una vez, cuando escuchó mi lectura del pasaje de Alcyone, en el cual yo había escrito que la palabra “Alcyone” significaba “alción o martín pescador”, el apaciguador de las tormentas. Interrumpió para corregirme. “No”, dijo, “significa ‘la estrella más brillante de las Pléyades’”. Mientras la lectura proseguía, la habitación cobró vida como si hubiera allí una presencia escuchando. A medida que yo continuaba leyendo, la sensación de presencia se hizo abrumadora, y mi voz se detuvo. Krishnaji se volvió hacia mí. “¿Lo percibe? ¿Podría yo postrarme ante Ello?” Su cuerpo se estremecía cuando habló de la presencia que escuchaba. “Sí, puedo postrarme ante esto, se encuentra aquí”. Súbitamente, se volvió y nos dejó yéndose solo a su habitación.


Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar. Editorial Kier.



 

Jiddu Krishnamurti y Las Últimas Treinta Vidas de Alcyone.

La única amiga de Krishna en Inglaterra era Emily Lutyens, esposa de Edwin Lutyens, el visionario arquitecto que había diseñado Nueva Delhi. Tenía treinta y seis años cuando por primera vez conoció a Krishna; ella estaba presente, junto con una enorme multitud, en la plataforma de Charing Cross Road, para recibir a Mrs. Besan y al misterioso jovencito Alcyone. Cuando ella vio al muchacho indio de los grandes ojos y largo cabello, quien entonces tenía dieciséis años, quedó profundamente impresionada. Lady Emily se convirtió en una gran amiga de Krishna, quien se encontraba confundido y solo en un ambiente extraño. Al principio esto divirtió al marido de Lady Emily, Edwin Lutyens. Más tarde, quedó hondamente perturbado cuando se dio cuenta de que su esposa lo estaba descuidando a él y a sus hijos. Mrs. Besant sentía mucha angustia, porque intuía que cualquier atmósfera emocional en torno a Krishna era perjudicial para la futura misión que él tenía asignada. Sin embargo, en las cartas que Krishna siguió escribiéndole a Mrs. Besant y en las que se refería a Lady Emily, se le notaba mucho mejor, más serio y esforzándose mucho más en lo suyo. 


Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar. Editorial Kier.

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