lunes, 12 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y el Buda.

Los bhikkus (monjes budistas) que viven en climas cálidos tienen la costumbre de llevar abanicos para abanicarse los cuerpos y las caras sudorosas. Existe un cierto tipo de abanico de hojas de palma que se asocia al clero budista. Cuando le ofrecí a K uno de estos abanicos lo rechazó. Y comentó en tono de broma: «¡No soy un sacerdote budista!»

Los monjes budistas, con su aspecto ascético, sus cabezas afeitadas y sus túnicas color azafrán se entremezclaban con el público para ver a K. En una reunión especial con los monjes budistas que se celebró en su residencia, le preguntaron a K si en realidad pensaba. K contestó que pensaba sólo cuando era necesario.

Tanto en asuntos mundanos como en todo lo que tiene que ver con la tecnología, pensar es obviamente necesario. Pensar es necesario en el proceso de adquirir una habilidad o aprender un lenguaje. Pero en el mundo de las percepciones, ¿no es el pensamiento un obstáculo y un factor que contribuye a la distorsión? A menos que se despoje constantemente a la mente de sus imágenes, ¿es posible ver con mirada nueva a las distintas personas que conocemos en nuestra vida diaria? Un espíritu cargado de imágenes no puede más que experimentar sufrimiento.

Unos monjes budistas conocieron a K. Fueron invitados por éste a sentarse a su lado en el estrado. Cuando se mostraron renuentes a estar cerca de él, K les dijo risueño: «¡No temáis, que no muerdo!»

Uno de los jóvenes monjes budistas declaró que su espíritu era tan libre como el de K.

«Si es usted libre» le dijo K con tono dubitativo, «¿por qué no se desprende de su túnica y se viste como un lego?»

El monje le contestó: «Señor Krishnamurti, si de veras es usted libre, ¿qué le impide llevar una túnica amarilla y afeitarse la cabeza?»

K respondió: «Señor, la libertad no consiste en conformarse. Un hombre libre no se amoldará a ningún maestro, idea o creencia».

Fuera donde fuera, K era recibido con afecto y veneración. Uno sospecha que no pocos veían a K teniendo como fondo la imagen que se habían formado de Buda e interpretaban las enseñanzas a la luz de la doctrina budista.

Una de las cosas que descubrí de K era que tenía en alta estima a Buda. En efecto, Buda era el único maestro religioso que respetaba. Cuando le planteé ciertas cuestiones filosóficas, K me hizo esta sorprendente observación: «¿Por qué me hace estas preguntas? ¿Por qué no profundiza usted en su propia literatura budista? Allí encontrará las respuestas».


Susanaga Weeraperuma
KRISHNAMURTI TAL COMO LE CONOCÍ
Traducción de Celia Filipetto
Verdaguer, 1 08786 Capellades (Barcelona)

 

1 comentario:

Galaxio dijo...

No había reparado en ese comentario sobre encontrar respuestas en la literatura budista... muy interesante y revelador.
K endorsando al Buddha, je... saludos

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