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jueves, 8 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Jawaharlan Nehru.

Año 1948.

En diciembre Krishnaji fue invitado a la Teen Murti House, la residencia oficial del Primer Ministro. Yo también estuve presente. Jawaharlal Nehru acababa de regresar del Congreso de Jaipur, y se le veía muy cansado y deprimido. Le dijo a Krishnaji. “He estado muy ocupado últimamente, haciendo no sé qué”. Preguntó cómo podrían detenerse las fuerzas de desintegración que estaban extendiéndose con tanta rapidez. Krishnaji contestó que la integración sólo podía empezar en el nivel individual.

“Este tiene que ser un proceso lento, mientras que la desintegración avanza muy rápidamente”, dijo Jawaharlal Nehrun “¿Qué hay ahí que pueda demostrar que las fuerzas de la desintegración no hundirán a las fuerzas integradoras?”

Krishnaji respondió: “Eso es posible”.

Después discutieron cómo el individuo habría de regenerarse a sí mismo. Krishnaji dijo: “La comprensión del yo sólo surge en la relación, al observarse uno a sí mismo en su relación con las personas, las ideas y las cosas; con los árboles, la tierra y el mundo que existe alrededor y dentro de uno mismo. La relación es el espejo en el cual el yo se revela. Sin el conocimiento propio no hay base para un pensamiento y una acción correctos”.

Jawaharlal Nehru interrumpió preguntando: “¿Cómo empieza uno?”

K replicó: “Empiece donde usted se encuentra. Lea cada palabra, cada frase, cada párrafo de la mente mientras operan a través del pensamiento”.

Nehru escuchaba, pero uno podía ver la fatiga en su rostro. Preguntó: “¿Cuál es el factor común entre toda la gente?”

“El deseo de evitar el dolor y buscar la felicidad”, dijo Krishnaji.

Nehru discutió después el miedo que estaba impulsando a la gente hacia actos de violencia. Le preguntó a Krishnaji si la acción originada en la comprensión podría liberar al hombre del miedo, del miedo psicológico que era la fuerza motriz de muchas de las acciones humanas.

Krishnaji dijo: “La libertad con respecto al miedo sólo surge cuando el hombre percibe el movimiento del miedo dentro de sí mismo. Ver el miedo es extinguirlo”.

Jawaharlal Nehru y Krishnaji no parecieron comunicarse realmente excepto una o dos veces. El primer ministro se veía muy interesado, pero muy agotado. Se mantenía despierto fumando. Su mente volvió otra vez al problema de la integración y a la manera de abordar el conocimiento propio. “¿Cómo se comprende el hombre a sí mismo?”, seguía preguntando en busca de algún indicio.

“Mire lo que hay fuera de usted y dentro de usted. Mire sus pensamientos”, decía Krishnaji. “¿Quién es el pensador? Y, ¿están los pensamientos separados del pensador?” Habló de la necesidad de una profunda revolución en la conciencia; dijo que era urgente que operara una percepción de lo global, sin la cual el hombre no podría sobrevivir. Estas fueron palabras proféticas; asumirían importancia suprema en el fragmentado, violento mundo de los años 80.

En el camino a la casa, después de la reunión, Krishnaji se veía perturbado y triste. Comentó que la mente de Nehru era muy fina y sensitiva. Estaba desgastada por la política. La política era perniciosa. Más tarde, en la cena, Krishnaji discutió con los hermanos Rao el problema de la desintegración de la India. “La sociedad se está desintegrando continuamente. ¿Cuál es, entonces, el lugar de un reformador en la sociedad? ¿Acaso no agrega lo suyo a la desintegración? Un reformador se interesa en los efectos y en el reordenamiento de estos. Sólo un revolucionario va a la raíz, a la causa en la que el fin está contenido”. Krishnaji se cuestionaba a sí mismo. Preguntó si Gandhiji era un revolucionario o un reformador.

“Gandhiji poseía la visión del revolucionario. Tenía la capacidad de pensar en grande. Su pensar no era el de un reformador”, dijo Sir B.N. Rao.

“Entonces era un revolucionario en pensamiento, pero en la ejecución la visión se estrechaba. Preso en la política, Gandhiji tenía que comprometerse, por lo que su sentido revolucionario quedaba sumergido, y él emergía como un reformador”, reflexionó Krishnaji. Después le preguntó a Sir. B.N. Rao si la India tenía líderes capaces de generar efectos transformadores.

“Los líderes de la India parecen ser ineficaces. Los efectos están barriendo con ellos. En esta rápida desintegración hay tanto desesperación como esperanza. La India tiene ante sí dos caminos: O arrasarán completamente con ella y dejará de tener importancia alguna en el mundo, o, por el propio contacto con las profundidades de la desintegración, el individuo despertará a su responsabilidad y rehusará ser arrastrado por la corriente. Emergerá entonces una sociedad nueva, por completo diferente de todas las que se han conocido”. Krishnaji agregó que estaba sumamente interesado en ver qué ocurriría.

Habló nuevamente de su entrevista con Jawaharlal Nehru. Se había sentido profundamente conmovido por la mente sutil del primer ministro, y era triste para él que una mente sensible como ésta hubiera sido atrapada por la política. Krishnaji dijo: “La política envejece la mente, es destructiva para el florecimiento de la mente”.


Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar.
Editorial Kier.





 

Jiddu Krishnamurti y Jawaharlan Nehru.

 Año 1948.

Jawaharlal Nehru, ahora primer ministro de la India, se hallaba en Ootacamund, y recibí un mensaje de su secretario diciendo que al primer ministro le agradaría visitar a Krishnamurti. Pero se encontró que los problemas relacionados con el manejo de la seguridad eran muy complicados, y entonces fue Krishnaji el que acudió a verlo a la Casa de Gobierno. Maurice Friedman y yo le acompañamos y estuvimos presentes durante la entrevista en el salón privado del primer ministro. Había un fuego encendido, y sobre las mesas habían colocado cuencos con claveles. Krishnaji y Nehru se sentaron en un sofá frente al fuego, mientras que Friedman y yo lo hicimos en sillas al lado del sofá. Las llamas iluminaban las dos nobles cabezas brahmánicas, los rostros puros, finamente delineados uno, de las altas tierras del norte, el otro, nacido entre las más antiguas rocas sureñas de Andhra­. Los esculpidos rostros eran sensibles, con una fina piel translúcida que acentuaba los huesos y realzaba la movilidad los ojos del profeta abarcaban inmensas distancias y de ellos emanaban la compasión y el silencio; los del otro, tenían la rápida, nerviosa energía de una saeta­. Nehru era un hombre de acción, romántico, con un intelecto altamente cultivado; interesado, comprometido, incansable, buscando lo incognoscible dentro de la maraña de los manejos políticos.

Ambos hombres se mostraban tímidos, vacilaban. Les tomó un tiempo establecer contacto. Jawaharlal Nehru comenzó la conversación diciendo que había conocido a Krishnaji muchos años atrás, y que a menudo había estado pensando en lo que éste dijo. Se había sentido ansioso por volver a encontrarse nuevamente con Krishnamurti. Achyut Patwardhan y otros amigos habían hablado con Nehru detallándole el intenso trabajo que Krishnamurti estaba desarrollando en Madrás y Bombay. Nehru parecía angustiado por las matanzas y la violencia que habían estallado después de la partición y la independencia. Habló largamente de ello; él veía dos fuerzas operando en la India: una, el impulso hacia el bien; la otra, el mal. Estas fuerzas estaban en conflicto; si el bien no podía contener la propagación del mal, el mundo perecería. Krishnamurti dijo que el bien y el mal estaban siempre presentes; mientras más difícil fuera para el bien y la compasión funcionar, tanto más estaría el mal aguardando una grieta para establecerse en ella. Se necesitaba un gran estado de lucidez y percepción a fin de asegurar que el mal no pudiera penetrar y ganar fuerza. Ese estado de lucidez y percepción alerta dijo K­ era lo que sostendría al hombre.

Jawaharlal Nehru le preguntó a Krishnamurti si su enseñanza había cambiado a través de los años desde que se encontraron la última vez. Krishnaji contestó que sí, pero que no podía decir exactamente dónde ni cómo. Nehru habló después de lo que Krishnamurti había dicho sobre la transformación. Él sentía ­dijo­ que había dos maneras en que la transformación podía realizarse; transformándose uno a sí mismo y así transformando su ambiente, o el ambiente influyendo sobre el individuo y transformándolo. Ante esto, Krishnamurti intervino: “¿No es lo mismo? No puede decirse que sean dos procesos separados”. Nehru estuvo de acuerdo. Tentaba el camino, tratando de expresar la desesperación que sentía ante el estado caótico del mundo y ante lo que había sucedido en la India durante los meses recientes. Muy preocupado y no sabiendo que camino tomar, empezaba a cuestionar en profundidad sus propios pensamientos y acciones.

“Dígame, señor”, le preguntó a Krishnaji, “yo quisiera aclarar esta confusión que siento dentro de mí. Dígame qué es la acción correcta y qué es el recto pensar”. Para nosotros que escuchábamos, era ése el perpetuo problema del despertar, que tanto inquietaba a la mente india.

Hubo un silencio de más de tres minutos. Estábamos descubriendo que los silencios que rodeaban a Krishnaji en el diálogo, formaban parte de la comunicación; un silencio de la mente en el cual las distancias entre las mentes disminuían, de modo tal que había un contacto y una comunicación directa de mente a mente.

Entonces habló Krishnamurti, lentamente, demorándose en cada palabra. “La acción correcta sólo es posible cuando la mente está en silencio y vemos ‘lo que es’. La acción que surge de este ver, se encuentra libre de todo motivo, libre del pasado, del pensamiento y de la causa”. Después dijo que era difícil investigar este vasto problema en tan poco tiempo. Jawaharlal Nehru escuchaba con intensidad, su mente parecía fresca y sensible, capaz de recibir y responder. Krishnaji se inclinaba hacia adelante, sus manos eran elocuentes. Dijo que, con el caos creciente en la India y en el mundo, el hombre sólo podía iniciar el proceso de regeneración dentro de sí mismo. Tenía que empezar de nuevo. Para que el mundo se salvara, unos pocos individuos tenían que liberarse de los factores que estaban corrompiendo y destruyendo el mundo. Tenían que transformarse profundamente ellos mismos para pensar creativamente y así transformar a más personas. Era de las cenizas que lo nuevo habría de surgir. “Como el ave fénix de las cenizas”, dijo Nehru.

“Sí”, replicó Krishnaji, “porque para que haya vida tiene que haber muerte. Los antiguos comprendían esto, y es por eso que rendían culto a la vida, al amor y a la muerte”.

Krishnaji habló después del caos en el mundo, y dijo que era una proyección del caos individual. La mente humana, atrapada en el pasado, en el tiempo como pensamiento, era una mente muerta. Una mente así no podía operar sobre el caos, sólo podía añadir más confusión. El hombre tenía que liberarse del tiempo como devenir la proyección hacia el mañana­. Tenía que actuar en el ‘ahora’ y, de ese modo, transformarse.

El profeta y el héroe político hablaron durante más de una hora y media. El cielo del atardecer se había oscurecido y la estrella vespertina se había hundido tras el horizonte cuando salimos del salón. El primer ministro nos escoltó hasta el automóvil, y en la despedida hubo gracia y afecto. Prometieron volver a encontrarse en el invierno, cuando Krishnaji estuviera en Delhi. Más tarde Krishnaji, quien escribía diariamente en un libro de notas, registró estas observaciones:

Él era un político muy famoso, realista, intensamente sincero y fervorosamente patriótico. Ni estrecho de mente ni egoísta, su ambición no era para sí mismo, sino para una idea y para el pueblo. No era un mero orador ruidoso y elocuente ni un cazador de votos; había sufrido por la causa que defendía, y, extrañamente, no estaba amargado; parecía más un erudito que un político. Pero la política era su vida misma, y el partido le obedecía, aunque más bien nerviosamente. Era un soñador, pero todo eso lo había dejado de lado por la política1.


1 J, Krishnamurti, Comentarios sobre el Vivir.

Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar.
Editorial Kier.

 

Jiddu Krishnamurti y Jawaharlan Nehru.

  Annie Besant estudió los libros sagrados de la India, aprendió sánscrito, sostuvo discusiones con los líderes religiosos del país. Inspirados por la pasión de sus palabras, muchos intelectuales y jóvenes aspirantes afluían hacia ella y se afiliaban a la Sociedad Teosófica. Escuchándola con atención absorta, e inflamado por su elocuencia, estaba un joven muchacho de doce años, Jawaharlal Nehru. Había venido para oír a Mrs. Besant influido por su tutor belga irlandés, Ferdinand T. Brooks, un ardiente teósofo.

Fascinado por la doctrina y por la elocuencia de la Besant, fue a ver a su padre, Motilal Nehru (el próspero abogado nacionalista que más adelante formaría el Partido del Congreso) y le pidió permiso para afiliarse a la Sociedad Teosófica. Motilal Nehru se echó a reír. El también había sido miembro de la Sociedad Teosófica en los días de Madame Blavatsky. El permiso fue concedido, y un Jawaharlal Nehru de trece años se convirtió en miembro y recibió la iniciación por parte de la propia Mrs. Besant. Asistió a una convención en Varanasi y vio al Coronel Olcott con su blanca barba. Al partir el joven Nehru hacia Harrow, la teosofía se desvaneció rápidamente de su conciencia. Pero los tres años de su contacto con la misma, dejarían en él y en su carácter una impresión que más tarde confirmaría con su admiración por Annie Besant3.

3 Jawaharlal Nehru, Una Autobiografía.

Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar.
Editorial Kier.

Jawaharlal Nehru(1889-1964). Primer Ministro de la India. (1947-1964).

Padre de Indira Priyadarshini Gandhi (इन्दिरा प्रियदर्शिनी गान्धी) (Allahabad, India; 19 de noviembre de 1917 - Nueva Delhi; 31 de octubre de 1984). Tomó su nombre de su marido Feroze Gandhi (sin ningún parentesco con Mahatma Gandhi).Fue Primera Ministra de India desde el 19 de enero de 1966 hasta el 24 de marzo de 1977, y desde el 14 de enero de 1980 hasta su asesinato el 31 de octubre de 1984.

Abuelo de Rajiv Ratna Gandhi, (20 de agosto, 1944 – 21 de mayo, 1991), hijo mayor de Indira y Feroze Gandhi, fue el sexto Primer Ministro de India (y el tercero de su familia en ocupar este puesto) desde la muerte de su madre el 31 de Octubre de 1984 hasta su dimisión el 2 de Diciembre de 1989 tras la deorrota de su partido en unas elecciones generales . Rajiv Gandhi permaneció a la cabeza del Partido del Congreso hasta las elecciones de 1991. Durante la campaña, un atentado llevado a cabo por una militante suicida del LTTE acabó con su vida.

miércoles, 31 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Jawaharlan Nehru.

Los musulmanes y los hindúes se estaban asesinando cruelmente en el norte; sin embargo, K fue a Karachi y Nueva Delhi después de unas semanas en Vasanta Vihar, Adyar; pero había abandonado Delhi antes de que Gandhi fuera asesinado allí el 30 de enero de 1948. Se escribió que: «Cuando la luz se apagó con el asesinato de Gandhi, fue a Krishnamurti a quien Jawaharlan Nehru trajo, en secreto, su solitaria angustia»20. K confirma que esto fue más o menos cierto; él había sentido un gran afecto por Nehru hasta que éste se sumergió en la política.

20 Trial of Mr. Gandhi por Francis Watson (1969).


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

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