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domingo, 4 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Vanda Scaravelli.

 Año 1962.

En total K ofreció veintitrés pláticas públicas en la India durante ese invierno, así como sostuvo docenas de reuniones de discusión y concedió innumerables entrevistas privadas. Más de 4000 personas asistieron a cada plática. Por lo tanto, quizá no fuera sorprendente el hecho de que K estuviera exhausto cuando llegó a Roma el 15 de marzo. Vanda Scaravelli, que le recibió allí, anotó que en seguida después de su arribo él cayó con fiebre:

Tenía los ojos cerrados o semicerrados. Este incidente no se relaciona con ninguno de los que se han relatado anteriormente. No hubo transformación en su rostro, no se desmayó, y nada hubo de similar con las cosas que habían ocurrido en Suiza. Las palabras surgían simple y fácilmente, y la manera en que hablaba parecía bastante natural: «No me dejes. Él se ha ido lejos, muy lejos. Te han dicho que cuides de él. Él no debió haberse ido. Debiste decírselo. Durante la comida está medio trastornado. Tienes que advertírselo con una mirada, de manera que las otras personas no lo vean, y él comprenderá. Bello rostro para mirarlo. Esas pestañas son inútiles para un hombre. ¿Por qué no las tomas tú? Ese rostro ha sido cuidadosamente elaborado. Ellos han trabajado y trabajado durante tanto tiempo, tantos siglos, para producir un cuerpo semejante. ¿Lo conoces? No puedes conocerlo. ¿Cómo puedes conocer el agua que fluye? Sólo escucha. No le hagas preguntas. Él debe amarte si deja que llegues tan cerca de él. Él se cuida mucho de no permitir que otras personas toquen su cuerpo. Tú sabes cómo te trata; quiere que no te suceda nada. No hagas nada extravagante. Todo este viajar ha sido demasiado para él. Y esas personas en el avión, el fumar, y ese estar empacando todo el tiempo, llegar y partir, ha sido demasiado para el cuerpo. Él quería llegar a Roma por esa señora [Vanda]. ¿La conoces? Es por ella que quería llegar rápidamente. Él se ve afectado si ella no está bien. Todos esos viajes no, no me estoy quejando . Tú ves qué puro es él. No se permite nada a sí mismo. Todo este tiempo el cuerpo ha estado al borde de un precipicio. Lo han sostenido, lo han vigilado intensamente todos esos meses, y si lo sueltan él se irá muy lejos. La muerte está cerca. Yo le dije que era demasiado para su cuerpo. Cuando él se encuentra en esos aeropuertos está completamente solo. No está del todo ahí. Toda aquella pobreza en la India, y esa gente que muere. Terrible. Este cuerpo también habría muerto si no lo hubieran encontrado [Leadbeater]. Y esa suciedad en todas partes. Él es tan limpio, su cuerpo se mantiene tan limpio. Él lo lava con mucha solicitud. Esta mañana él quería comunicarte algo. No lo interrumpas. Él debe amarte. Dile esto; toma un lápiz y dile: “La muerte está siempre ahí, está muy cerca, para protegerte. Y cuando te refugies en ella, morirás”».




KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

Jiddu Krishnamurti y Vanda Scaravelli.

 Año 1961.

Después de la reunión, K permaneció tranquilamente en el Chalet Tanneg por tres semanas con Vanda Scaravelli. Durante todo este tiempo, Vanda fue testigo constante de la «bendición», de «lo otro», cuya presencia K describía todos los días en su cuaderno de notas, y el relato que ella hizo de estos hechos en su diario personal, concuerda con los de K, aun cuando fueran observados desde afuera. Por ejemplo, en una de las anotaciones ella escribió: «Justo en el momento de sentarnos, sus ojos adquirieron un aspecto diferente por unos cuantos segundos. Era una mirada de extraña inmensidad, y de una fuerza tan arrolladora que una quedaba sin aliento». Y otro día lo siguiente: «Estábamos hablando y de pronto esa mirada se expandió nuevamente. Era tremenda y contenía en sí el fuego de la destrucción y un destello de algo increíblemente poderoso, como si la esencia del poder y de todos los poderes se concentrara en ella». y otra vez escribió:

Tarde en la mañana habíamos salido para un paseo en automóvil. Un instante después K, que se había sentado junto a mí y estaba contemplando las colinas que había frente a nosotros, lanzó un corto grito y todo su ser se animó con un estado de intensa atención; la mirada de sus ojos, su cabeza, sus manos, todo el cuerpo, y con él toda la mente, eran una sola cosa concentrada en un único punto; como un caballo de carrera que contienen hasta el instante anterior a la corrida, cuando cada parte del mismo se halla en tensión total y completamente alerta.

El 1º de agosto ella había escrito: «Esta mañana aquello estaba ahí, invadiendo y penetrando profundamente cada parte de nuestro ser. Estaba ahí con dulzura y vigor, con inmensa generosidad y desprendimiento. Aunque muy poderoso, también era suave y fácil de recibir, como la gracia».

En la anotación de K para el mismo día muy breve se lee: «Fue un bello día, y viajando por el hermoso valle estaba ahí aquello que no podía ser negado; ahí estaba como el aire, el cielo y esas montañas. Uno despertó temprano, gritando porque el proceso era intenso, pero durante el día y a pesar de la plática [su cuarta plática en Saanen], continuaba benignamente». Tres días después recordaba que el proceso era agudo pero que no era necesario referirse a él todos los días. En adelante, no lo mencionaba en absoluto, lo cual no significa que no continuara experimentado el dolor. El dolor, «el proceso» parece haber sido una parte integral de «la bendición». Él mencionó una vez en el diario que el dolor no le causaba agotamiento.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

Jiddu Krishnamurti y Vanda Scaravelli.

 Año 1969.

K permaneció en Londres con Mrs. Bindley por tres días antes de emprender vuelo para encontrarse con Vanda Scaravelli en Ginebra y luego continuar a Gstaad, donde ella había alquilado para el verano una casa grande amueblada, el Chalet Tanneg, que más tarde habría de alquilar para él todos los veranos. Se habían hecho arreglos para una pequeña reunión en el Landhaus, situado en el pueblo vecino de Saanen. Doris Pratt, que se había encontrado con K en Heathrow, relató a la Signora que ella lo había visto «absolutamente exhausto» y que él le había dicho: «Usted no sabe lo que es tener a alguien como la Signora Vanda a quien poder acudir. Nunca he sido tratado tan maravillosamente hasta ahora. Ella es tan bondadosa». Doris continuaba:

Yo no creo que él lo haya pasado nada bien en Ojai. Él no quería que se tejieran chismes acerca de todo eso, pero dijo que contestaría cualquier pregunta que yo quisiera formularle. De modo que le pregunté si Rajagopal había cambiado su reciente actitud destructiva, y él contestó: «No». Pregunté si Rajagopal va a continuar con el trabajo, y él contestó: «Sí». Dije que suponía que iba a ser en una forma limitada, únicamente en relación con las publicaciones, y él dijo: «Sí». Agregó: «Estoy escribiéndole una carta».

K le pidió a Doris que no le enviara más información a Rajagopal sobre el dinero que se gastaba a su favor. Sus gastos en Londres durante mayo y junio, incluida la renta de la casa de Wimbledon y el alquiler del Town Hall, ascendían a 477 libras, mientras que las donaciones sumaban 650 libras en el mismo período.

K escribió a Rajagopal pidiéndole nuevamente informes sobre la situación financiera de la KWINC e insistiendo en que su carta debía mostrarse a los demás síndicos; decía que tenía tanta responsabilidad por la Sociedad como podía tenerla Rajagopal, y reiteraba que deseaba su reincorporación a la junta. No recibió respuesta a esta carta, aunque algún tiempo después, mientras él estaba en la India, Rajagopal le envió una hoja de Balance que él, por supuesto, no podía entender.

En esta primera asamblea realizada en Saanen entre el 25 de julio y el 13 de agosto hubo nueve reuniones. El Landhaus, que tenía capacidad para cerca de trescientas cincuenta personas, se llenaba en cada reunión, y estaban representadas diecinueve nacionalidades diferentes. K había permanecido alrededor de dos semanas en el Chalet Tanneg antes de que dieran comienzo las reuniones. El día posterior a su arribo, julio 13, escribió en su cuaderno de notas: «Aquí el cuerpo se halla completamente relajado y en descanso. La noche anterior, después del largo y bello paseo en automóvil a través de la región montañosa, al entrar en la habitación, esa extraña bendición sagrada estaba ahí. La otra persona [la Signora] también la sintió». Y al día siguiente: «La noche pasada, ese sentimiento sagrado llenó la habitación... la urgencia por repetir una experiencia, no importa lo placentera, bella o provechosa que haya sido, es el terreno donde crece el dolor». Cuatro días más tarde, Vanda Scaravelli tuvo su primera experiencia del «proceso» de K, que ella registró así:

Estábamos conversando después del almuerzo. En la casa no había nadie. Súbitamente K experimentó un desfallecimiento. Lo que sucedió entonces es imposible de describir, no hay palabras que puedan aproximarse a ello; pero también es algo demasiado serio, demasiado extraordinario, demasiado importante para que se mantenga a oscuras, sepultado en el silencio o sin mencionarse. En el rostro de K hubo un cambio. Sus ojos se volvieron más grandes, más anchos y más profundos, y tenía un aspecto tremendo, más allá de cualquier estado posible. Era como si hubiera una presencia poderosa que perteneciera a otra dimensión. Había un sentimiento inexplicable de vacío y plenitud al mismo tiempo.

K, evidentemente, se había «salido» de sí, porque Vanda anotó las advertencias hechas por el ser que quedó atrás: «“No me dejes hasta que él regrese. Él debe quererte si deja que me toques, porque en esto es muy particular. No dejes que nadie se acerque hasta que él vuelva”». Vanda agregaba luego: «No podía entender en absoluto lo que estaba ocurriendo y me sentía estupefacta».

Al día siguiente, el 19, y a la misma hora, K «se salió» de sí nuevamente, y otras vez Vanda anotó lo que «el cuerpo» decía mientras él estaba «fuera»: «“Me siento muy extraño. ¿Dónde estoy? No me dejes. ¿Puedes, por favor, quedarte conmigo hasta que él vuelva? ¿Estás cómoda? Toma una silla. ¿Lo conoces bien? ¿Lo cuidarás?” Todavía no puedo comprender lo que está ocurriendo, es todo demasiado inesperado, demasiado incomprensible. Cuando K recobró la conciencia me pidió que le dijera lo que había sucedido, y por eso escribí estas notas en un intento de transmitir alguna pálida idea de lo que he visto y sentido».

Vanda ya había tenido una experiencia de esos desvanecimientos de K. La primera vez sucedió cuando ella lo llevaba en auto a Gstaad, el 12 de julio. Sin previo aviso él se dejó caer en su asiento derrumbándose como una pieza de paño. K le dijo más tarde que jamás se desmayaba a menos que hubiera alguien presente. Otra vez, mientras estaban paseando en Gstaad, él cayó hacia atrás como un árbol talado; afortunadamente ella iba detrás y K fue a parar entre sus brazos. Extrañamente, ella no se alarmó ni se preocupó por su desmayo, aun cuando éste pudo haber sido peligroso. Después de unos pocos momentos, él habría de recobrarse por completo. Le dijo que después de desmayarse siempre se sentía mejor.

El 20 de julio K escribía en su cuaderno de notas:

El proceso fue particularmente intenso ayer por la tarde. Esperando en el automóvil, uno se hallaba tan abstraído que casi no advertía lo que estaba sucediendo alrededor. Más tarde la intensidad aumentó y fue casi insoportable, al punto que uno se vio forzado a acostarse. Afortunadamente había alguien en el cuarto [Vanda].

El cuarto se llenó con esa bendición. Lo que siguió entonces es casi imposible de registrar en palabras; las palabras son cosas tan muertas, con un significado tan definitivamente establecido, y lo que ocurrió estaba más allá de todas las palabras y no puede ser descrito. Ello era el centro de toda creación; era una purificadora seriedad que limpiaba el cerebro de todo pensamiento y sentimiento; esa seriedad era como un relámpago que destruye y quema; su profundidad no tenía medida, ahí estaba inmutable, impenetrable, una solidez que era tan leve como los cielos. Estaba en los ojos, en la respiración. Estaba en los ojos y los ojos podían ver Los ojos que veían, que miraban, eran totalmente diferentes de los ojos orgánicos y, sin embargo, eran los mismos ojos. Sólo existía el ver, los ojos que veían más allá del tiempo espacio. Había una impenetrable dignidad y una paz que era la esencia de todo movimiento, de toda acción. Ninguna virtud la alcanzaba porque estaba más allá de toda virtud y de todas las sanciones humanas. Era el amor, el amor que es totalmente perecedero y que por eso tiene la delicadeza de todo lo que es nuevo, vulnerable, destructible; no obstante, aquello estaba más allá de todo esto. Ahí estaba, imperecedero, innominable, lo desconocido. Ningún pensamiento podría jamás tocarlo. Era «puro», incontaminado, y así siempre bello, como la muerte.

Todo esto pareció afectar el cerebro. Éste no era como había sido antes. (El pensamiento es algo tan trivial, necesario pero trivial). A causa de ello la relación parece haber cambiado. Tal como una terrible tormenta, como un destructivo terremoto da un curso nuevo a los ríos, cambia el paisaje y cava profundamente la tierra, así ello ha arrasado los contornos del pensamiento, ha cambiado la forma del corazón.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

Jiddu Krishnamurti y Vanda Scaravelli.

En viaje de la India a Ommen en la primavera de 1937, K y Rajagopal pasaron tres semanas en Roma, alojándose con Lord y Lady Berkeley. Mussolini había prohibido todas las conferencias públicas en Italia, de modo que se arregló para K una pequeña reunión en la residencia de la Condesa Raffoni, ubicada en la vía Morgani. En esta reunión K conoció a Vanda Passigli, hija de Alberto Passigli, un aristocrático hacendado muy prominente en la sociedad florentina. Todas las artes eran muy importantes para los Passigli, aunque la más importante era la música. Fueron amigos y patrocinadores de los grandes músicos de su tiempo Toscanini, Schnabel, Horowitz, Casals y otros (la Signora Passigli estaba relacionada con la esposa de Casals) . Alberto Passigli fundó el Maggio Musicale (Mayo Musical) y la Sociedad Amici della Musica (Amigos de la música) la más importante institución musical florentina, que trajo a Florencia a todos los grandes ejecutantes. Su hija Vanda era ella misma una pianista de nivel profesional, aunque nunca llegó a ser una profesional. En 1940 habría de contraer matrimonio con el Marqués Luigi Scaravelli. Él también era un fino músico, pero después de graduarse como médico, se volvió a la ciencia, a las matemáticas y a la filosofía, y llegó a ser profesor de Filosofía en la Universidad de Roma.

Vanda había asistido al Campamento de Ommen en 1930, pero la reunión en casa de la Condesa Raffoni fue la primera oportunidad que tuvo de conocer personalmente a K. Después de la reunión, los Passigli invitaron a K y a Rajagopal a visitarlos en la residencia que tenían en lo alto de Fiesole, Il Leccio. El Signor Passigli les reservó alojamiento en el Grand Hotel de Florencia, y ellos subían a Il Leccio para todas las comidas. Después de la guerra K se hospedó constantemente con Vanda Scaravelli en esta casa toscana, rodeada de bellezas naturales (casa que ella y su hermano habrían de heredar del padre); estaba junto a una avenida de cipreses y dominaba deliciosas vistas de viñedos, huertos de olivos y colinas cercanas. El gran dormitorio en el primer piso que K siempre ocupaba cuando se encontraba allí, miraba hacia una gigantesca encina de la cual la casa derivaba su nombre.



KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)


 

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