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sábado, 27 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti enamorado.

En cuanto a su apariencia física, K había alcanzado a partir de los treinta años la madurez de la belleza; con su cabello lacio, negro y brillante, su piel suave y morena, sus grandes ojos oscuros, luminosos, con largas, largas pestañas, orejas planas, boca y nariz idealmente proporcionadas, una flexible y esbelta figura atlética, de finas manos y pies delicados, K era un ser humano perfectamente formado. Innumerables mujeres estuvieron y todavía estaban enamoradas de él, y él llegó a enamorarse de dos o tres muchachas, un hecho que ahora ha olvidado completamente y que descarta como carente de toda importancia. Su estatura no pasaba del promedio; sin embargo, un porte erguido le daba prestancia a su figura. Aun cuando no se le hubiese educado de acuerdo con las reglas de urbanidad de una buena sociedad inglesa, es seguro que tendría excelentes modales gracias a su discreción y a su natural consideración por los demás. Además, era sumamente elegante.

Se le ha criticado a menudo por vestir tan bien. Muchas personas están condicionadas para pensar que «un hombre santo» no debería preocuparse por su apariencia externa; esperan ver a un swami con taparrabo, cabello y barba desordenados. K, por el contrario, cree en la necesidad de cuidar el cuerpo en todas las formas posibles viendo que tenga el alimento adecuado, la adecuada cantidad de ejercicio y descanso, que esté escrupulosamente acicalado y que vista no sólo bien sino con la ropa apropiada . Por eso en Europa y EE.UU. viste ropas europeas traje y corbata en las ciudades y vestimentas informales en el campo que cambia por atuendos hindúes tan pronto llega a la India. Su buen gusto en la ropa, como en todas las cosas, es natural en él. Siempre ha acudido a los mejores sastres y confeccionadores de camisas, y sus zapatos están hechos a la medida una necesidad que se debe a la extrema estrechez de sus pies. Él cuida sus ropas como lo hace con el cuerpo, colgando sus trajes apenas se los quita, no dejando jamás de poner sus zapatos en la horma (siempre calza zapatos de color marrón, que lustra él mismo hasta que brillan como castañas de Indias). Los taxistas de Londres se detienen invariablemente al verlo, tomándole por un príncipe o un millonario.

Con todo esto, yo nunca he conocido a nadie con tan poco interés por su cuerpo como K. Se ocupa de él porque tiene que servirle para su trabajo. Lo cuida como lo hace con un automóvil. Es inconcebible pensar que podría salir a viajar en su propio automóvil sin que éste hubiera sido lavado y lustrado. Uno siempre se esfuerza, cuando va a verle, por tener el mejor aspecto, porque él advierte todo, no con espíritu crítico o de desaprobación, sino a causa de su penetrante observación que en él es un hábito.

Esta pulcritud en la apariencia y el excesivo cuidado, puede que parezcan incompatibles con la naturaleza vaga y soñadora de K, así como el interés que durante toda su vida ha demostrado por las maquinarias. Un reloj Pathek Philippe que le obsequiaron hace muchos años, es la única posesión que parece apreciar realmente; y no obstante, aun esto sería capaz de regalarlo. Entregaría todas sus ropas a alguien que tuviera necesidad de ellas. Una vez obsequió su único sobretodo. Emerson ha dicho: «Una tonta congruencia es el espantajo de mentes insignificantes, glorificado por pequeños estadistas, filósofos y sacerdotes. Un alma grande, simplemente nada tiene que ver con la congruencia». Aunque no fuera más que por eso, las incongruencias en el carácter de K harían de él un alma grande.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

sábado, 13 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti enamorado.

Año 1920.
Él le contó a Lady Emily, el 7 de abril, que dos días antes (lunes santo) “Madame de M. Marcelle, ¡mi amor! y Yo (Yolanda, otro amor) llegaron aquí trayendo té. Me vestí con ropas hindúes y ellas se quedaron extáticas. (Si yo me lo permitiera podría ser el necio más presumido de la tierra, pero gracias a Dios y a usted, nunca seré así)”. Al día siguiente, a la hora del té con los Manziarly. “Un eslavo tocó la flauta; estuvo realmente maravilloso. Este hombre había sido un verdadero pastor y tocaba todas las canciones pastoriles. Sentí todo el tiempo que tenia la “carne de gallina”. Fue realmente perfecto. Estaba tan conmovido que le pedí me enseñara y él va a hacerlo. “Krishna tocando la flauta”. Él añadió en esta misma carta:

Yo estoy más enamorado y todas ellas están enamoradas de mí. Como dije, si yo me lo consintiera podría estar seriamente enamorado, pero dígame honestamente, madre, qué piensa usted, necesito su opinión sobre si esto es lo correcto. Por supuesto, yo nunca me casaré, eso no es para mí en esta vida, tengo algo mejor que hacer. No se ría, lo digo seriamente, me gusta Marcelle, mi amor, me gusta mucho, pero no sé si estoy enamorado de ella. Así que no se preocupe. ¿Acaso cree usted seriamente que yo la olvidaré después de 8 años?

No se sabe qué consejo le dio Lady Emily respecto del enamorarse, pero más tarde Krishna se mostró sorprendido cuando ella le dijo que estaba celosa. Él empezaba a resignarse al hecho de estar sin ella... “es el problema del sol y la luna: nunca pueden estar juntos, así que cuanto menos se hable de ello, mejor”, le escribió el 18 de abril. En la misma carta le decía que iba a buscar un profesor y a trabajar con verdadero ahínco; también tomaría lecciones de flauta todos los jueves. Esas lecciones de flauta no duraron mucho, ni tampoco la resolución de trabajar con ahínco.


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Los Años del Despertar
MARY LUTYENS
EDITORIAL ORIÓN
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miércoles, 10 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti enamorado.

Año 1922.

Después de la Convención, Nitya, quien se había sentido muy abatido en el viaje por mar, fue a ver a un médico en Sydney quien descubrió por los rayos X que, no sólo el pulmón izquierdo estaba enfermo, sino que ahora también el derecho se hallaba afectado. Este fue un terrible choque para los dos hermanos, porque el Dr. Rollier no sólo les había asegurado que el pulmón izquierdo estaba curado, sino que el derecho estaba perfectamente sano. El médico ordenó a Nitya dejar Sydney inmediatamente, de modo que, el 29 de abril, él y Krishna se fueron al Hotel Carrington en Katoomba, en las Montañas Azules, a sesenta millas de Sydney.

Antes de partir para Katoomba, Krishna intentó hablar con Leadbeater a solas, pero se quejó de que esto era imposible porque siempre había a su alrededor demasiados jóvenes. Krishna no se sentía atraído por ninguno de los muchachos, pero tuvo ocasión de hacer amistad con una muchacha inglesa quien también vivía con los Mackay en “Malahide”, Ruth Roberts, una sobrina de la Dra. Mary Rocke que ahora vivía en Sydney para prestar atención médica a Leadbeater, y que había traído a Ruth con ella para ser ayudada por Leadbeater a lo largo del Sendero. “Ella [Ruth] es muy linda, muy alta y de aspecto agradable”, le dijo Krishna a Lady Emily. “No, no estoy enamorado y no creo que vaya a estarlo”. Diez días después le escribió nuevamente sobre Ruth:

Bien, admito que ella es muy bonita y que me gusta; quiere entrar en el Sendero Probatorio y no sabe por qué no puede hacerlo. Tiene sólo 17 años y hemos sostenido una larga conversación. Alguien me dijo que corre el rumor de que estoy enamorado de ella y que esto le trastornará la cabeza, etc. ¡Qué idea! ¡Yo enamorado! Además, ¿cómo puedo estarlo? A pesar de todo, eso demuestra hasta qué punto debo ser cuidadoso en esta clase de cosas, de otro modo adquiriré “cierta” reputación, y los teósofos son muy crédulos.

¿Habría él olvidado su declaración de estar enamorado de Helen, en vísperas de su partida para la India? De ser así, a Helen no la había olvidado, pues en su carta siguiente escribió, “ahora debo terminar y escribirle a Helen. He escrito a usted durante media hora y dedicaré media hora a Helen”; y algunas semanas después, al saber que Lady Emily había conocido a Helen, escribirla, “estoy muy muy contento de que a usted le guste Helen. Me alegra que apruebe mi gusto”.

Como Krishna y Nitya regresaron a Sydney para encontrarse con Mrs. Besant que llegó el 9 de mayo, a Nitya apenas se le concedieron diez días en las montañas, donde inmediatamente comenzó a sentirse mejor. Krishna estaba encantado de ver a Mrs. Besant. “Ella es realmente admirable”, dijo a Lady Emily, “y mucho más fina que la mayoría de nosotros”.




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Los Años del Despertar
MARY LUTYENS
EDITORIAL ORIÓN
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Jiddu Krishnamurti enamorado.

Enero / 1922.


En esa misma carta a Lady Emily él añadió:

Adyar es un lugar de muchos chismes y si empiezo a contárselos no tendrán fin... Helen me envió una fotografía grande de ella, no muy buena; se la enseñé a Mrs. Besant y me dijo, “¿quieres que la enmarque?” e iba a hacerlo, pero le dije, “creo que mejor no, pues no quiero dar lugar a chismes acerca de mí, hay muchas personas que entran a mi cuarto”. Ella sonrió y comprendió... No todo es fácil y divertido aquí. ¡Diablos! ¡Qué vida!

Es interesante que Krishna no solamente tenía libertad de hablar con Mrs. Besant de sus sentimientos por Helen, sino que ella parecía no tener objeción alguna a este amor humano, ni miedo de que alimentara su naturaleza inferior” o de que en alguna forma interfiriera con la misión a la cual él había consagrado su vida.


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Los Años del Despertar
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Jiddu Krishnamurti enamorado.

Año 1921.

Sabían que pronto iban a partir, porque antes de que Mrs. Besant regresara a Adyar a mediados de agosto, se había convenido que Krishna y Nitya debían ir a la India ese invierno para que Krishna comenzara el trabajo de su vida; pero Lady Emily no podía haber adivinado lo pronto que iba a tener que compartir su afecto. Dejando a Nitya en Montesano con Cordes, él fue a Holanda el 15 de septiembre a invitación del Barón Philip van Pallandt de Eerde, quien había ofrecido ceder a la Orden de la Estrella: su hermosa casa ancestral del siglo dieciocho, rodeada por 5.000 acres de terreno boscoso: el Castillo de Eerde, en Ommen, no lejos de Arnhem. Krishna estuvo ausente sólo por quince días, pero durante ese tiempo conoció a una muchacha americana de diecisiete años, Helen Knothe, sobrina de Miss Cornelia Dijkgraaf, Representante Nacional de la Estrella en Holanda, e hija de Frank Knothe, que tenía un próspero negocio de ropa en Nueva Jersey. Helen estaba alojada con su tía en Amsterdam estudiando el violín. Krishna se sintió muy atraído por ella; de hecho, de acuerdo con la opinión de Lady Emily, se había enamorado por primera vez.

De regreso a Montesano Krishna hizo escala en Ginebra y asistió a una sesión de dos horas y media en la Asamblea de la Liga de las Naciones, de la cual Ruspoli era ahora Representante.

Hablaron vejestorios de todas clases [escribió a Lady Emily el 3 de octubre], incluyendo a Lord Robert Cecil, quien habló de suspender el gas venenoso. Nunca van al fondo de las cosas, como el suspender todas las guerras; son un hato de personas insinceras y buscadoras de dinero... Yo sé cuánto mejor nosotros, los teósofos, podríamos manejar la Liga de las Naciones, porque creo que somos más desinteresados. Algún día hemos de tener en la S.T. una verdadera Liga de las Naciones que las incluya a todas. De hecho, lo somos, pero no funcionamos apropiadamente. Espere usted, cuando esto se logre verá cómo nos burlaremos de ellos y los venceremos en su propio juego.

Poco después del regreso a Montesano se decidió, con la ayuda de Harold Baillie-Weaver, quien hizo los preparativos del viaje, que si lo permitía la salud de Nitya, éste y Krishna se embarcarían en Marsella hacia Bombay el 19 de noviembre. Nitya estaba en realidad mucho mejor. Podía caminar por tres horas todas las mañanas y jugar “croquet” por las tardes. Cuando Lady Emily supo que ya se había fijado la fecha, debe haberle enviado a Krishna una carta muy triste, porque él contestó desde Montesano el 19 de octubre:

¡Qué carta me ha escrito usted! No quiero llorar, y esto va a ser difícil para ambos, así es que debemos hacer lo mejor posible frente a esta desgraciada circunstancia; trataremos de sonreír y de soportarlo. ¡Qué fácil! Me escribe usted como si yo me fuera a una lejana isla desierta de la cual nunca habré de volver. Usted se compara a un hombre que está a punto de ser colgado. Querida madre, usted sabe que aunque me marche digamos por muchos años, nunca cesaré de amarla... Con todo, esto va a ser muy difícil… Usted sabe, madre, que no nos hará bien ser débiles, porque así no nos ayudaremos el uno al otro... En todo esto, como usted dice, hay un aspecto más amplio y que es esencial, del cual no debemos movernos ni una pulgada.

Entonces, para regocijo de Lady Emily, su marido le dijo que quería que lo acompañara a Delhi ese invierno: ella esperaba ir a Adyar para acompañar a Krishna durante su estancia en la India.

El 20 de octubre Krishna salió de Montesano mientras Nitya iba a Leysin con Madame de Manziarly a consultar a un famoso especialista del pulmón, el Dr. Rollier. Krishna, después de dos semanas en Londres donde se despidió de algunas personas incluyendo a Mr. Sanger y Rajagopal, quien ahora estudiaba leyes en el Trinity College de Cambridge, fue a Holanda por una semana, esta vez para asistir a una Convención Teosófica y de la Estrella que se realizaría en Amsterdam. Allí volvió a ver a Helen Knothe. El 17 de noviembre, día en que salió de Marsella, escribió a Lady Emily desde el piso de los Blech en París, una breve carta que no pudo haber contribuido en nada a hacerle más fácil la partida:

Me siento muy desdichado al dejar a usted y a Helen por un largo tiempo. Estoy perdidamente enamorado y es un gran sacrificio de mi parte, pero ninguna otra cosa puede hacerse. Siento como si tuviera una terrible herida dentro de mí; no crea usted que estoy exagerando. No veré a Helen por Dios sabe cuánto tiempo y usted sabe, madre querida, cómo soy. Creo, lo sé, que ella también lo ha sentido, pero qué otra cosa puede hacerse. No va a ser fácil, al contrario, será mil veces peor. ¡Oh, bueno! no está bien lamentarse de ello. Veré a usted pronto, de cualquier modo, gracias a Dios, pero ¡¡¡confío en que no esté usted celosa, querida Mum!!! No recibiré carta de usted ni de ella por lo menos en un mes. Animo. Maldición, Krishna, termina con eso. No se imagina usted cómo me siento. Nunca me di cuenta de esto antes, ni de todo lo que significa... “Basta de deseos vanos. Cómo roban el tiempo”. ¡Qué ser tan desdichado es uno! Que Dios la bendiga.

Desgraciadamente para Nitya, el Dr. Rollier diagnosticó que estaba lo suficientemente bien para ir a la India. Madame de Manziarly salió antes para estar a tiempo de recibirlo, dejando que Cordes lo acompañara a Marsella donde se encontró con Krishna el 18 de noviembre. Al día siguiente, los hermanos se embarcaron en el Morea rumbo a Bombay.



KRISHNAMURTI
Los Años del Despertar
MARY LUTYENS
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