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viernes, 9 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Mientras tanto, en la Convención Teosófica que tuyo lugar en Varanasi en diciembre de 1913, C.W. Leadbeater había descubierto a un joven brahmín de trece años, natural de Madrás, llamado D. Rajagopal. Atraído por su aura, C.W.L profetizó para él un brillante futuro incluso llegó a decir que en una vida futura, sería el próximo Buda en el planeta Mercurio­. Adoptado por Leadbeater, Rajagopal fue enviado a Inglaterra con C. Jinarajadasa en 1920. Pronto habría de ingresar en Cambridge, donde estudió leyes y aprobó sus exámenes brillantemente.

Cuando Krishna y Rajagopal se encontraron por primera vez, hubo un cierto retraimiento, y los amigos de Krishna trataron a Rajagopal con ligereza y descuido. Rajagopal, hondamente lastimado por sus actitudes, intentó encubrir sus sentimientos. Sin embargo, en 1922, la relación entre Krishna, Nitya y Rajagopal había mejorado considerablemente


Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar.
Editorial Kier.

 

domingo, 4 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Año 1972.

Un mes más tarde, justo cuando K iba a subir al estrado para pronunciar la primera de cuatro pláticas en el Civic Auditorium de Santa Mónica, le entregaron una citación para que se presentara a prestar testimonio. Se trataba de una corta demanda de Rajagopal y su Junta de Síndicos, dirigida no sólo a los que habían entablado el juicio contra él, sino también al propio K. Los demás recibieron sus citaciones por correo; sólo a K se le entregó personalmente, y parecía que en un momento cuidadosamente calculado para desconcertarlo. No obstante, procedió a ofrecer una plática espléndida.

Los contrademandantes habían presentado cargos a los contra acusados por: 1) Entablar acción judicial para embargar bienes ilegalmente. 2) Violar el acuerdo verbal de que Krishnamurti sería el sostén por vida de Rajagopal, y de que éste podría designar a sus propios síndicos. 3) Violar el contrato firmado por Krishnamurti en Madrás, en noviembre de 1958. 4) Intentar engañar y defraudar a los editores. 5) Causar perjuicio a Rajagopal y lastimar su reputación. Ellos pedían indemnización por daños y perjuicios en todos los cargos.

Diez días más tarde, K y Mary fueron a alojarse con los Lilliefelt en Ojai, y tuvieron reuniones con unos treinta maestros invitados y otras personas para discutir el proyecto de fundar allí un centro educacional; y el 8 y 9 de abril K ofreció dos pláticas públicas en Libbey Park, la primera vez que hablaba en Ojai desde 1966. Mientras estuvo allí, dio paseos con Mary a través de los naranjales impregnados con el perfume de las flores y el zumbar de las abejas. Mary, al darse cuenta de lo mucho que él amaba el lugar más que cualquier otra parte del mundo le ofreció vender su casa de Malibú y comprar una casa en el valle. Él le dio las gracias pero le dijo que no quería ni oír hablar de ello.

Rejagopal había declarado ahora en la contra demanda, y pocos días después, el 12 de abril, de regreso en Malibú K habría de declarar en presencia de los abogados de ambas partes, un reportero de la Corte, Mary Zimbalist y Mrs. Lilliefelt. Justo cuando iba a comenzar su declaración, aparecieron inesperadamente Rajagopal, Mima Porter y otro síndico de la KWINC. Tenían derecho legal a estar allí. K testificó por dos horas en la mañana y dos horas en la tarde, y al día siguiente su declaración se prolongó hasta la noche, estando presentes las mismas personas. Cuando terminó, K redactó un documento por el cual impedía a Rajagopal o a la KWINC tener nada que ver con su trabajo después de su muerte.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

sábado, 3 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

 Año 1969.

K viajó primeramente a Delhi, donde sus auditorios fueron más numerosos que nunca y habían cambiado en carácter; ahora asistían muchos más jóvenes que provenían de los diversos colegios de la ciudad, así como hombres de negocios y diplomáticos, y los acostumbrados grupos de hippies que contrastaban con los dignos monjes budistas en sus túnicas azafranadas. Es comprensible que K atrajera gente nueva a sus pláticas pero, ¿por qué las mismas personas vuelven año tras año para oírle hablar, particularmente si consideramos que no dice nada que sea espectacularmente distinto de lo que ha estado diciendo por años en incontables reuniones por todo el mundo? ¿Es que la posibilidad que él propone de una casi instantánea transformación psicológica en cada uno de nosotros transformación que habrá de terminar con el dolor y que resolverá todos nuestros problemas es tan irresistible que cuando advertimos que no hemos cambiado, creemos que sólo tenemos que escucharle una vez más para descubrir un indicio que seguramente hemos pasado por alto? ¿Acaso no estamos continuamente tras de una comprensión que se encuentra ahí no más, apenas fuera de nuestro alcance? Como alguien me dijo recientemente: «Krishnamurti nos lleva hasta la puerta misma de la verdad, la abre, y justo cuando uno espera entrar, nos la cierra suavemente en la cara».

Después de Delhi, K fue como de costumbre a Rajghat, Bombay, Madrás y el valle de Rishi. En Madrás no pudo alojarse en Vasanta Vihar porque la propiedad se hallaba en disputa; Rajagopal la reclamaba como parte de los activos de la KWINC. K se alojó en cambio con una amiga india, Mrs. Jayalkshmi, que vivía cerca de Vasanta Vihar, en Greenways Road. Él todavía esperaba un arreglo amigable con Rajagopal. «Como ustedes saben les escribió a los síndicos de la Fundación Americana a principios de diciembre , de ningún modo siento hostilidad hacia él. Por más de diez años he estado tratando de que lleguemos a alguna clase de arreglo cooperativo. Me temo que todos mis esfuerzos no han tenido efecto alguno». K proseguía esbozando los que él consideraba podrían ser los términos correctos para un arreglo, y concluía diciendo:

No sé cuál es la situación financiera de Rajagopal; nunca lo he sabido. No sé si la casa con los terrenos le pertenece personalmente o no. Si no le pertenece, sería bueno y correcto que siguiera alojándose en ella hasta el fin de sus días. Una suma definida de dinero debe asignársele cada año por todos los días de su existencia. Si él posee su propio dinero, puede que no necesite ninguna ayuda financiera. Tiene que dársele un tratamiento generoso por todo el trabajo que él ha hecho a lo largo de estos años.

Al mismo tiempo escribía a Mary Zimbalist: «...tenemos que resolver las cosas bondadosamente con él... usted debe ser bondadosa; en cierto modo está usted actuando por mí. De modo que, por favor, sea prudentemente bondadosa».

KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Mary Zimbalist voló de regreso a California a principios de octubre, cuando K y Alain viajaron de Londres a Roma en camino a la India, donde permanecieron desde el 21 de octubre hasta febrero de 1968. Gérard Blitz, quien habría de ir a California en diciembre, les había ofrecido investigar los asuntos de la KWINC mientras estuviera ahí, y también verse con Rajagopal en un esfuerzo por romper el estancamiento. El resultado de sus averiguaciones, tal como K lo resumió en la siguiente declaración escrita en Bombay el 25 de enero de 1968, fue muy inquietante, a pesar de que explicaba la reiterada afirmación de Rajagopal acerca de que K no tenía responsabilidad alguna en las finanzas de la KWINC.

Mr. Blitz, a quien he conocido desde hace algunos años, me preguntó si él podía ayudarme de algún modo. Consideré esta oferta cuidadosamente y luego le pregunté puesto que él va con tanta frecuencia a California en asuntos de negocios si querría entrevistarse con Rajagopal y ver qué podía hacerse. Le entregué un breve resumen de la situación con Rajagopal, pero le dije que, bajo ninguna circunstancia, yo quería acudir a los tribunales ni perjudicar a Rajagopal. De modo que a fines de ese año vio a Rajagopal [tuvo una infructuosa conversación de cuatro horas con él en Ojai el 17 de diciembre de 1967]. De la indagación que hicieron los abogados de Mr. Blitz se reveló lo siguiente:

Hubo por varios años dos organizaciones paralelas, cada una independiente de la otra desde el punto de vista legal: en primer lugar estaba el Star Publishing Trust, fundado por mí en 1923 o 1924, y sobre el cual yo tenía un control completo, y después estaba el Ojai Star Institute, fundado en 1928 o 1929 por Rajagopal y un pequeño comité propio, sobre el cual él tenía un control completo. El Star Publishing Trust que yo fundé en Holanda, se cambió más tarde a la Krishnamurti Writings Incorporated. Ahora bien, como yo no me interesaba en los detalles administrativos de la KWINC y como Rajagopal se mostraba extremadamente reservado con respecto a los asuntos administrativos, yo naturalmente firmaba siempre todo lo que él me pedía que firmara. Yo tenía absoluta confianza en su integridad. Así es como firmé un papel transfiriendo, al parecer, todos los activos de la KWINC en Holanda al Star Institute sobre el cual Rajagopal tenía el control completo. Esto ocurrió en 1956. Por supuesto que yo no tenía idea de que estaba haciendo esto, ya que Rajagopal no me explicó qué era lo que estaba firmando. De esta manera él tiene ahora el control completo de todos los activos de la KWINC que son considerables y alcanzan a millones de dólares. También he cedido a esta Sociedad que él controla ahora completamente, los derechos de autor de todo cuanto se publica con mi nombre. Esto es lo que revelaron las investigaciones que realizó Mr. Blitz y la conversación subsiguiente que tuvo con Rajagopal.

Así que ésta es la situación tal como se encuentra ahora. Cuando vea a Mr. Blitz en la primavera, decidiré definitivamente qué debe hacerse. Ciertamente, no acudiré a los tribunales pase lo que pase, porque para mí es inconcebible ir alguna vez a los tribunales por cualquier cosa que fuere. Rajagopal sabe esto porque se lo dije muy reiteradamente en Ojai en 1966.

Después de recibir en Bombay el informe de Monsieur Blitz, K le pidió a Alain Naudé que escribiera de parte suya a Mr. Vigeveno, el vicepresidente de la KWINC para decirle que él [K] no quería tener más nada que ver con la KWINC mientras Rajagopal estuviera al frente de la misma y que, por lo tanto, no aceptaría más dinero que proviniera de ahí, ni lo haría Naudé. El 14 de febrero K y Alain viajaron en avión a Roma y cinco semanas después fueron a Londres, donde se hospedaron en White House cerca de Regent's Park, un cómodo servicio de pisos con un restaurante anexo. Mary Zimbalist había estado en Londres desde el 10 de marzo y había reservado el piso para ellos y ella misma. La razón que tenían al venir a Londres, era la de ver a un procurador, Michael Rubinstein, de Rubinstein, Nash & Co., un experto legal en derechos de autor. Gérard Blitz también se encontraba en Londres y sostuvo algunas discusiones con Mr. Rubinstein acerca de la situación de la KWINC.

A principios de abril, K, Mary y Alain viajaron a París, donde Mary había alquilado la misma casa que el año anterior en Boulogne Brillancourt. En esta época ella había contratado a un cocinero francés debido a la gran cantidad de personas que venían a comer. En París, además de ofrecer pláticas en la Maison de la Chimie y conceder muchas entrevistas, K tuvo tiempo para ir a varios cines. Como Mima Porter estaba de visita en París, el 11 de abril K la invitó a almorzar y le dijo que él no había recibido ninguna respuesta de Rajagopal a sus numerosas cartas. Al parecer, Rajagopal no había mostrado las cartas de K a los otros miembros de la Sociedad, tal como K le había pedido que hiciera. Más adelante, K le dijo a Mrs. Porter que, si hasta determinada fecha no tenía noticias de Rajagopal, se vería obligado a desvincularse completamente de la KWINC. Mrs. Porter le aseguró que tan pronto regresara a Ojai, vería a Rajagopal y trataría de resolver las cosas.

Mientras estuvo en Londres, K había informado a Doris Pratt y Mary Cadogan acerca de la situación con Rajagopal y le solicitó a Mrs. Cadogan que no enviara más información a Ojai sobre su labor. Por lo tanto, cuando Rajagopal le pidió a Mrs. Cadogan que le enviara las cuentas e informes trimestrales desde las oficinas de Londres, como lo había hecho por los últimos diez años, ella le escribió el 17 de abril diciéndole francamente que K le había confiado que no quería tener más nada que ver con la KWINC mientras él, Rajagopal, estuviera al frente de la misma. La carta terminaba así:

Para mí, la presente situación es en extremo lamentable... No me es fácil escribirle esta carta, ya que en el pasado hemos trabajado muy bien y nuestra relación personal ha sido buena. Pero me parece que lo más importante es que la labor de Krishnaji pueda proseguir, libre y plenamente, en todo el mundo. Por lo tanto, anhelo hacer todo lo posible para ayudar en esta labor, lo que a mi entender debe implicar el respeto a los deseos de Krishnaji acerca del modo en que la labor debe llevarse a la práctica.

Fue Byron Casselberry, ayudante de Rajagopal, no el propio Rajagopal, quien contestó a esto el 24 de abril. Dijo que Rajagopal había experimentado una gran conmoción al leer la carta; que él respetaba la libertad de ella en cuanto a ayudar o no ayudar a quien prefiriera, pero que la cuestión no era si ella prefería trabajar con Krishnaji o con Rajagopal; ella era la asistente de Doris Pratt, agente legal de la KWINC de Ojai, y como tal era su obligación enviar las informaciones requeridas. Si ella y Doris Pratt deseaban renunciar a la responsabilidad que tenían con la KWINC de Ojai, ella debía dar inmediatamente los pasos necesarios para rendir cuentas de todas las propiedades de la KWINC que ahora estaban en su poder. Agregaba que enviaba copia de esta carta a Doris Pratt.

Mrs. Cadogan replicó directamente a Rajagopal: «...estoy segura que usted comprenderá que mi obligación moral y, probablemente legal también, debe ser para con el trabajo tal como fuera determinado por el propio Krishnaji». Doris Pratt también contestó la carta de Casselberry directamente a Rajagopal:

Como usted sabe, querido Raja, nuestra asociación la suya conmigo, la de Mary con usted y la mía con Mary nunca ha sido principalmente legal. Toda la base de nuestra relación, tanto profesional como personal, ha tenido su fundamento no sólo en el respeto mutuo, la confianza y el afecto, sino mucho más fundamentalmente en nuestro deseo de ayudar a Krishnaji en su inmensa tarea. Ese ha sido el imperativo único, y me ha sostenido hasta el día de hoy por casi cuarenta y cinco años.

Acertada o erróneamente, siempre he sentido que al trabajar con la KWINC de Ojai, estaba contribuyendo, por muy poco que fuera, a promover la labor de Krishnaji, y naturalmente jamás he dudado hasta hace comparativamente muy poco¬ que usted como Presidente de la KWINC de Ojai, tenía también como única aspiración, la de interpretar y realizar los deseos del propio Krishnaji.

No puedo expresar la pena y conmoción que sentí cuando tuve que enfrentarme cara a cara con lo que parece ser el hecho real que por muchos años usted no sólo ha demostrado negligencia en compartir la dirección básica de la organización KWINC con su Junta de colaboradores, sino que incluso ha rehusado permitir la participación del propio Krishnaji por quien se ha fundado todo esto.

Si esto no es exacto, entonces por amor de Dios dígamelo, y aclare cuál ha sido y es su actitud. Siento que eso me lo debe, Raja, y mucho, porque me parece que es el funcionamiento de la KWINC de Ojai el que puede haber sido ilegal todo este tiempo, lo cual ahora forzará a Mary a que limite sus actividades a actuar como custodio de todos los fondos, libros y documentos que hay en Horsham [donde los Cadogan estaban viviendo ahora] hasta el momento en que ella pueda volver a discutir el asunto con el propio Krishnaji y con los otros que tienen parte en esto.

El trabajo en Horsham continuará y debe continuar. Todos los días se envían cartas y libros, y las existencias y fondos se necesitan para este propósito. Éste es un estado de cosas muy desdichado, por no decir algo peor. Pero confío en que ninguno de nosotros quiera perjudicar al otro personalmente; lejos, muy lejos de eso. Tal vez todo lo que Mary y yo podemos hacer por el momento es afrontar la situación con toda la humildad y el afecto que tenemos la situación tal como se presenta de día en día y actuar lo mejor que podamos.

Fue otra vez Byron Casselberry quien contestó esta carta el 6 de mayo. (Doris conocía bien a Casselberry desde los días en que ella había vivido en Ommen). Él comenzaba diciéndole que le escribía como síndico de la KWINC puesto que recientemente había llegado a ocupar; él y Rajagopal no querían entrar en ningún tipo de controversia sobre el asunto, ya fuera por correspondencia o de otro modo, y preferían que las cosas siguieran su curso y ver qué sucedía. Doris contestó a Casselberry el día 17.

En respuesta a su carta del 6 de mayo, escrita parcialmente en nombre de Raja y hasta cierto punto también en su propio nombre, quiero que usted sepa que no estoy en posición de acusar a nadie de nada. Yo solamente quería que usted y Rajagopal supieran lo sacudida y lastimada que me sentí cuando supe no sólo por Krishnaji que no habían existido verdaderas consultas, ni comunión ni participación real en la administración básica de la KWINC por un tiempo bastante considerable, y que Raja había rehusado la petición de Krishnaji de que se le permitiera integrar la Junta. Si, como da usted a entender en su carta, no hay necesidad de que yo me sienta conmovida por esto a causa de algunos otros hechos que obran en su poder entonces seguramente no habrá de «entrar en ninguna controversia» si simplemente le dice a su colaboradora y amiga, cuáles son esos otros hechos; es su deber decírmelo.

Usted dice que ahora es Síndico de la KWINC. Esa, en relación con esto, es una palabra casi sagrada, Byron, como usted debe saberlo. Usted no puede ser Síndico de la KWINC sin tener una responsabilidad directa hacia el propio Krishnaji, por quien la KWINC se fundara. Y Krishnaji ha dicho que no puede considerar que la KWINC está trabajando para él mientras Rajagopal siga siendo la fuerza dominante en o detrás de dicha organización. Usted podrá sentir esto como una situación desesperadamente lamentable, como todos la sentimos, pero no puede evadir su propia relación con Krishnaji y su responsabilidad hacia él, por los fondos, propiedades, etc., que se han reunido en su nombre, y por el adecuado funcionamiento democrático de la organización.

Si usted meramente «deja que las cosas sigan su curso» estará eludiendo su responsabilidad hacia Krishnaji y hacia todos nosotros que tenemos parte en ello. Esta sería una situación sumamente peligrosa para todos nosotros, y no menos para el propio Raja. Así que, como amiga, yo le ruego profundamente considere su posición de síndico.

En una breve carta de fecha 24 de marzo, Casselberry contestó que él comprendía muy bien cómo Doris se sentía y por qué escribió como lo hizo, pero que había mucho más con respecto a toda la situación de lo que ella y los otros tenían siquiera idea, como Krishnaji mismo lo sabía muy bien. No era asunto de él, Casselberry, explicarlo o hablar de ello; era algo que sólo podían decidir Krishnaji y Rajagopal tratando directamente la cosa entre ellos. Mientras tanto él, Casselberry, continuaría haciendo lo que había hecho durante todos estos años, cooperando tan tesoneramente como pudiera con Rajagopal en la tarea a la que había dedicado toda su vida: hacer que las enseñanzas fueran ampliamente asequibles. Casselberry terminaba con la cita: «Dejen que un hombre haga lo que a él le parece correcto».

Tan pronto recibió esta carta, Doris telefoneó a K, que acababa de llegar a Gstaad, y sostuvo con él una larga conversación desde su casa en Harrow. Después dirigió una apelación a Casselberry:

Yo siento que usted y Raja tienen que hacer un gran esfuerzo final para arreglar este asunto, porque si nosotros tres, amigos de toda la vida, no podemos de algún modo llegar juntos a la verdad, entonces podríamos con igual razón entregar el alma a Dios. Y esto no es ampulosidad. Siento más profundamente de lo que puedo expresar que la verdad, por terrible que sea, puede ayudarnos y reconciliarnos a los tres.

Quiero examinar su carta paso a paso, si usted me lo permite. Lo más importante de todo es su afirmación: «Como el propio Krishnaji sabe, hay mucho más en toda esta situación de lo que usted y otros conocen». Esta afirmación implica que tanto usted como Raja conocen alguna cuestión oculta, secreta, personal entre Krishnaji y Raja, o que concierne al modo de actuar de Krishnaji, y de la cual nosotros, chiquillos menores, nada podemos saber. Este mismo día me he atrevido a preguntarle a Krishnaji acerca de esto, y Krishnaji, categórica e instantáneamente respondió que lo que usted dice y sugiere no es la verdad. El único punto que ha originado el presente estado desastroso de cosas, ha sido la casi total usurpación que Raja hizo de las responsabilidades propias de K. Es tan simple, claro y fundamental como esto; y no hay otras cuestiones ocultas ni están involucradas ninguna clase de implicaciones personales o privadas en todo caso, dice Krishnaji , hasta donde a él le concierne. Krishnaji me dijo, Byron, que desde hace diez años a esta parte, él ha estado pidiéndole a Raja, sin resultado alguno, que le mantuviera informado y que consultara con él acerca del trabajo. El le ha preguntado a Raja quién integra la Junta, y por qué su propio nombre fue eliminado de ella, y pidió que se le incluyera nuevamente en la Junta todo sin resultado . Telegramas de Krishnaji, cartas, largas llamadas telefónicas, conversaciones personales, todo extendiéndose por un período de muchos años hasta la fecha, ha sido obstruido e ignorado por Raja. Finalmente, Krishnaji solicitó a un amigo, Mr. Blitz, que investigara los asuntos de Ojai, y de esta investigación surge que, hace mucho tiempo, Krishnaji firmó inocente y confiadamente, un documento que transfiere todos los activos del Star Publishing Trust (del cual él fue el fundador) al Ojai Star Institute, del cual Rajagopal fue el fundador. Jamás fue el deseo de Krishnaji que se le relevara totalmente de cualquier responsabilidad respecto de los fondos, etc., reunidos en su nombre, pero en los últimos diez años (y justo tras el fin del S.P.T.) Raja se ha constituido él mismo en el único árbitro de los asuntos de la KWINC hasta el extremo de negar a Krishnaji dinero que él específicamente ha solicitado .

Usted debe creer todo esto, Byron, por mucho que pueda sorprenderle, porque es la verdad. Si nosotros usted y yo podemos contribuir a cambiar el curso de los acontecimientos en esta última etapa, es algo que realmente no sé. Pero es imperativo que lo intentemos, porque tal como lo veo, hemos sido en parte responsables por toda esta desdichada situación. Nuestra misma incuestionable aceptación de la autoridad suprema de Raja, puede haber perjudicado tanto el trabajo como a nosotros y a Raja; nuestro mismo sentimiento de dedicación sin que en nosotros esté claro como el cristal a qué o con respecto a qué estamos consagrados debe haber confundido el verdadero problema.

Después de todo, mirando hacia atrás, el sentimiento de que uno ha consagrado toda su vida a hacer que unos pocos libros sean ampliamente asequibles y a cuidar algunos excelentes archivos, difícilmente tiene sentido, ¡especialmente cuando uno se las ingenia para alimentar el sentimiento de que el autor de los libros puede ser muy incorrecto o injusto! Esto se asemeja a ese otro sentimiento que tal vez alguno alberga (en compañía de muchos teósofos) de que, de alguna manera, Krishnaji es dos personas diferentes en parte totalmente incondicionado ¡y en parte algún tanto inmaduro! Esto, francamente, es ridículo, y sería visto como tal por miles de personas que a menudo han hablado íntimamente con Krishnaji y han seguido sus pláticas advirtiendo la pura cualidad de las mismas durante todos estos largos años. La estratagema de la «personalidad dual» puede ser altamente perjudicial y un siniestro manto para ocultar la propia falta de comprensión.

Le estoy diciendo, Byron, que Raja, ha tratado de «manejar» a Krishnaji, y en el proceso ha usurpado la completa autoridad aun cuando lo haya hecho bajo el pretexto o la ilusión de motivos puros o de proteger a Krishnaji . En vista de todo esto usted no puede decir: «Ese no es asunto mío, y yo meramente voy a continuar haciendo lo que he estado haciendo todos estos años». Es asunto nuestro; usted y yo estamos profundamente comprometidos en todo esto, porque quizá lo que hemos estado haciendo tan despreocupadamente todos estos años, ha sido básicamente una cosa falsa. Ciertamente no podemos refugiarnos en la que yo espero me perdone si llamo una frase tramposa: «Dejen que un hombre haga lo que a él le parece correcto». Una frase así debe haber confortado a Herodes, Pilatos y Hitler. ¿No es mejor, si bien más incómodo, decir: «Déjenme cuestionar siempre, y dudar profundamente en especial de mis propios motivos »? Léale todo esto a Raja, Byron, y ruéguele en nombre de nosotros dos que no complique el problema y que no sugiera más que entre él y Krishnaji hay cuestiones personales, ocultas. Ruéguele, por mí y por todos sus amigos, que se aparte totalmente de la faz organizativa y que lo ponga todo a los pies de Krishnaji a donde ha pertenecido desde el comienzo mismo . y por él mismo y por nosotros, no es todavía demasiado tarde para explorar un campo por completo diferente de relación mutua y de relación con todas las cosas.

Doris no recibió ninguna respuesta a esta petición.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)




 

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

 Año 1962.

El 21 de junio K partió de Londres hacia París y después de dos noches emprendió vuelo hacia Ginebra, donde lo recibió Vanda Scaravelli y lo condujo en automóvil al Chalet Tanneg en Gstaad. En julio, la segunda reunión se realizó en Saanen este año en una carpa con una cúpula prefabricada que inventó Buckminster Fuller, el arquitecto diseñador norteamericano . Con una capacidad para 900 personas, se erigió en una pista militar suiza de aterrizaje, y se alquiló por diez reuniones desde el 22 de julio al 12 de agosto. Después de las pláticas hubo también pequeñas reuniones de grupo en el Hotel Bellevue de Saanen.

K no se sintió del todo bien después de las reuniones a fines de agosto, de modo que decidió cancelar ese invierno su visita a la India y permanecer en el Chalet Tanneg. Estuvo consultando a un urólogo en Ginebra y recibió tratamiento dental. Rajagopal vino en octubre para verle con la esperanza de restablecer la vieja relación, pero en vista de que Rajagopal deseaba que la reconciliación se hiciera en sus propios términos y K seguía insistiendo en que se le repusiera en la Junta de la KWINC, la reconciliación no tuvo lugar. Sin embargo, cuando Rajagopal partió, le dio a K dinero suficiente para pagar al médico y las cuentas del dentista.

De Gstaad Rajagopal viajó a Amsterdam, donde expuso su punto de vista a Anneke Korndorffer, que había trabajado con él y K desde los días de Ommen. Ésta escribió a Doris Pratt el 15 de octubre:

Ha sido la más extraña y, no obstante, la mejor reunión que recuerdo haber tenido jamás con Raja. A pesar de todo, apenas si puedo decir una palabra al respecto; estoy sin habla, me siento conmovida y profundamente perturbada.

Con todo, hay una imagen que perdura vívidamente en mí. Krishnaji es un fenómeno como un remolino de fuego, y todo aquel que intenta acercarse a él, por fuerza tiene que salir chamuscado . Puede que ése sea el verdadero significado de su aparición en este mundo.

Cuando escucho atentamente a Raja sin ningún pensamiento ni reacción propia y con ese profundo sentimiento de calidez que siempre ha existido cada palabra que él dice suena verdadera y justa. Parece tener una mente excelente, excepcional, de gran sutileza e inteligencia; es también un hombre valeroso. Acerca de mí misma, lo único que sé es que soy muy seria y lo bastante aguda como para descubrir por mí misma lo que es verdadero. Sin embargo, todos parecemos estar caminando al borde de un precipicio. Yo espero y ruego porque usted y Rajagopal sean ambos capaces de decirlo todo y, no obstante, mirarlo todo sin decir ni «sí» ni «no», y sin perder el afecto mutuo que existe. Krishnaji puede excluirnos a cualquiera de nosotros en cualquier momento. Pienso que todos sabemos eso. El hecho en sí de aproximarnos nosotros a él y el modo en que lo hacemos, a nadie incumbe más que a nosotros mismos. Si nos quemamos completamente o nos desnucamos, eso también es de nuestra propia incumbencia y responsabilidad, y a Krishnaji no parece importarle. Él dejará que disputemos; probablemente eso sea lo que tenemos que hacer. Las apariencias exteriores de Krishnaji parecen estar llenas de contradicciones y discrepancias; sin embargo, lo que él dice es la Verdad misma. Un cometa, una llama, un torbellino de fuego siempre parecen tener una gran cantidad de humo que rodea su apariencia externa.

Quizás algún día me abstendré por completo de aproximarme a él, y regresaré a las dichosas filas de aquellos que solamente leen sus libros.

Anneke es hoy una de las más firmes partidarias de K. Ella no ha sido excluida ni se ha quemado, y continúa realizando valiosas tareas para él. K no excluye a las personas; son éstas las que lo abandonan. Si se vuelven posesivas o sienten que son esenciales para él o que tienen con él una relación exclusiva, entonces quedan lastimadas cuando descubren que ni emocional ni psicológicamente K depende en lo más mínimo de ellas, y que pueden ser reemplazadas fácilmente. Desilusionadas y celosas se alejan entonces de él. El esperar gratitud de K por el trabajo que han hecho, las expone a la decepción; K jamás pide ni espera que trabajen personalmente para él, sino sólo para esa verdad a la que él ha consagrado su vida; y si llegan personas nuevas con capacidad para contribuir más, en cualquier forma, a la ejecución práctica de su enseñanza, se les «admite», y las antiguas sienten que se les ha «excluido». Nada ni nadie puede poseerlo. No se le puede comprar ni adular.

Rajagopal llegó a Londres desde Amsterdam. Mrs. Bindley, con quien almorzó, le encontró «sincero, tierno y gentil». Yo hubiera deseado poder decir lo mismo. Le vi el 24 de octubre en Mount Royal, Oxford Street, donde se hospedaba, y fue aun más ofensivo con K que un año antes. Yo todavía no tenía ninguna idea de cuál era la razón de la disputa que había entre ellos. Sus cargos principales contra K consistían en decir que era un hipócrita y que se preocupaba demasiado de su apariencia antes de subir a la plataforma asegurándose en un espejo de que cada cabello estuviera en su lugar. Rajagopal no presentaba evidencia alguna de tal hipocresía, y según mi parecer, el hecho de que K cuidara su apariencia antes de una reunión pública, demostraba meramente respeto por su auditorio; además, Rajagopal debe haber sabido tan bien como yo, que a K siempre le ha importado muchísimo la apariencia externa, tanto la propia como la de los demás. Insté a Rajagopal, con más fuerza que nunca, a que dejara a K; no era correcto para ninguno de los dos que Rajagopal continuara trabajando con K si su sentimiento era el que manifestaba. Argumenté que tenía derecho a una pensión sustancial después de todo el trabajo que había cumplido para la KWINC y le pregunté si no podía abandonar Ojai y establecerse en alguna parte de Europa donde tenía muchos amigos. Inferí que el dinero no era el motivo. Su verdadera aflicción radicaba al parecer en que estaba completamente obsesionado por K y no podía librarse de ello. En apariencia, era el clásico ejemplo de una relación amor odio. Con todo, sentí por él una gran compasión. Con su intelecto, su educación y su capacidad como organizador, Rajagopal podía haber alcanzado una muy alta posición en la India. Me puse muy contenta cuando poco tiempo después me enteré de que se había casado nuevamente. Estaba completamente segura de que la felicidad doméstica terminaría con su obsesión.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

jueves, 1 de febrero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

K partió de Cuzorn el 22 de septiembre para pronunciar pláticas en Bruselas, Hamburgo y Atenas. Rajagopal le acompañó en esta gira. En octubre K emprendió vuelo solo desde Atenas a Delhi vía Estambul y Karachi. Después de Delhi siguió la gira habitual Rajghat, el valle de Rishi, Madrás . A cualquier parte que iba le escoltaba un pequeño grupo de seguidores. En Madrás cayó con fiebre muy alta y tuvo que posponer algunas de las pláticas; esto requirió también postergar sus primeras pláticas en la siguiente escala, Colombo, donde permaneció desde el 11 al 28 de enero de 1957 El gobierno de Ceilán permitió que cinco de sus pláticas públicas completas se transmitieran por radio. «Esto es extraordinario y en verdad no sé bien por qué lo hicieron», le escribió a Doris Pratt que estaba en Londres como secretaria y agente de la KWINC en Inglaterra y que había trabajado con él desde sus tempranos veinte años. K permaneció en Bombay ofreciendo pláticas durante todo febrero y la primera semana de marzo.

Su última plática en Bombay fue el día 3 de marzo. Y desde esta fecha hasta septiembre de 1958, no ofreció más pláticas. Ésta no fue una decisión que tomara entonces; la dictaron las circunstancias. Se estaba aproximando un gran cambio en su vida externa.

El 6 de marzo K viajó en avión a Roma, desde donde se dirigió a Il Leccio. Su intención era permanecer allí hasta fin de mes, y entonces ir a Roma por una semana y seguir a Helsinki con Rajagopal para una reunión. El caso es que no fue más allá de Roma donde se encontró con Rajagopal; allí se le había organizado una pequeña reunión con sólo diez personas. El 2 de abril le escribió a Doris Pratt desde Roma: «Estuve seriamente enfermo en la India; no obstante esperaba seguir con todos los planes previstos, pero no puedo continuar con ninguno de ellos. Por tanto, me vi obligado a cancelar las pláticas en Finlandia y en Londres, y la reunión de Biarritz. También tengo que cancelar Ojai, Nueva Zelanda y Australia». Regresó sin Rajagopal a Il Leccio donde permaneció varias semanas sin hacer nada. Le confió a Lady Emily que habría sido «estúpido» continuar con las pláticas alrededor del mundo en su estado de salud.

El esposo de Vanda Scaravelli murió tempranamente en Florencia, en el mes de mayo, mientras K estaba todavía en Il Leccio a ocho millas de distancia. K partió de Il Leccio el 26 de mayo, se encontró con Rajagopal en Zurich y continuó con él a Gstaad, donde se les había invitado a alojarse con Madame Nora Safra, que tenía una casa en ese lugar. Ésta fue la primera entrada de K en Gstaad, que él habría de conocer tan íntimamente. Puede haber sido durante esta visita que concibió la idea de iniciar una reunión anual en Europa sobre las bases del Campamento de Ommen, lo cual le evitaría tener que viajar tanto. Gstaad o algún pueblo cercano, parecían un centro ideal. K sentía que jamás podría volver a Ommen ya que éste había sido un campo de concentración.

El 11 de junio K y Rajagopal fueron a Villars, parando en el Hotel Montesano donde K ya había estado en varias ocasiones anteriores. Después de una quincena, Rajagopal regresó a California dejando a K solo en Villars con el dinero justo para pagar la cuenta del hotel. Había habido alguna clase de crisis en la relación de K con Rajagopal mientras ambos estuvieron en Roma durante el mes de abril. Como lo he dicho, nunca había existido una afinidad natural entre ellos; eran demasiado distintos en temperamento. Ahora y por un largo tiempo, las tensiones, irritaciones y disputas habían sido constantes. Deben haberse exasperado muchísimo el uno al otro cuando viajaban juntos. Rajagopal era parsimonioso y dictatorial, mientras que la pasividad de K le hacía víctima fácil de las intimidaciones. De hecho, la tensión había estado creciendo entre ellos durante todos los años de la guerra, cuando tantas veces tuvieron que estar juntos casualmente en Ojai. La debilidad de una relación ya muy desgastada se puso en evidencia cuando Rajagopal, que había hecho todos los arreglos para las pláticas de K en Europa y otras partes, de pronto tuvo que cancelarlo todo. Parece que le dijo a K en Roma o en Villars, que estaba harto de ser su correo y agente de viajes, y que en el futuro sus arreglos de viaje podía hacerlos Doris Pratt desde Londres.

Los gastos de K en Londres y los viajes desde Londres pudieron costearse mediante un arreglo sencillo: un viejo seguidor de K desde los días de la teosofía y gran amigo de Doris Pratt, Charles Burdick, en 1947 había estado ansioso de hacer una donación en dinero y acciones de su compañía a la KWINC destinada al trabajo de K. A causa de que el control de cambios que imperaba en esa época hacia imposible el envío de dinero a EE.UU., Mr. Burdick, por sugerencia de Rajagopal, entregó el dinero y las acciones personalmente a Doris Pratt, una residente británica. En marzo de 1947, ella abrió una cuenta separada con 2000 libras de Mr. Burdick. Rajagopal instruyó a Doris Pratt para que le enviara a él todos los documentos bancarios y para que llevara una cuenta detallada de cada penique que desembolsara para K. Ella también recurría a esta cuenta para sufragar los gastos de Rajagopal cuando éste venía a Inglaterra. Mr. Burdick había inventado un atomizador de pintura, y las acciones que entregó a Miss Pratt eran de la Aerograph Company que él había fundado para promover su invención. Estas acciones producían un dividendo promedio anual de 600 libras. Rajagopal enviaba fondos desde EE.UU. para los gastos de K en la India, pero en los últimos diez años todos los gastos en Inglaterra habían provenido de la cuenta Burdick.

Cualquier cosa que haya pasado entre K y Rajagopal en Roma, ello había hecho que K se mostrara renuente a volver a Ojai. Por lo tanto, permaneció completamente solo en Villars desde el 19 de junio al 20 de julio. No hizo referencia alguna a Rajagopal en la única carta que escribió desde allí a Lady Emily el 2 de julio. (Él nunca había dicho una sola palabra que desacreditara a Rajagopal en ninguna de las cartas que le escribió a ella). K parecía perfectamente feliz; «Estoy viviendo en retiro. No veo a nadie y la única conversación que tengo es con el mozo del hotel. Es agradable no hacer nada pero hacer otras cosas . Hay aquí espléndidos paseos y es difícil que uno se encuentre en ellos con alguien. Por favor, no diga a nadie dónde estoy». Por «hacer otras cosas» no hay duda de que se refería a la meditación, que se desarrollaba en su interior toda vez que estaba tranquilo. Al dejarlo en Villars, Rajagopal le había dicho que ya aprendería lo que era la soledad; pero K nunca se siente solo especialmente cuando está solo .

Doris Pratt sabía dónde estaba K. Ella le reenviaba las cartas dirigidas a él, y él las devolvía después de leerlas diciendo que no contestaría ninguna puesto que deseaba «tomar un largo y completo descanso aun cuando se sentía bien». Le envió a Miss Pratt instrucciones detalladas sobre el modo en que debía contestar impersonalmente las cartas sin haberlas leído.

El 20 de julio León de Vidas encontró a K en Villars sin dinero, y lo llevó a su nueva casa en Tournon d'Agenais en la Dordogne. K habría de permanecer allí hasta noviembre. «Se está muy tranquilo aquí y no veo a nadie excepto a mis dos anfitriones escribió a Lady Emily el 31 de octubre . La casa se encuentra bien lejos en el campo, a millas de distancia de cualquier ciudad. Ha sido éste un retiro completo, paseos y soledad. Ha sido muy bueno. Haré lo mismo en la India».

Rajagopal fue con K a la India ese invierno por última vez. En noviembre emprendieron vuelo juntos desde Zurich a Bombay, habiendo hecho los arreglos Doris Pratt. Rajagopal permaneció en la India sólo hasta el 17 de enero de 1958, y durante la mayor parte de ese tiempo no estuvo con K. Tenía muchos asuntos que atender en Vasanta Vihar. Su mano derecha en la India era R. Madhavachari, el secretario de la KWINC a quien Rajagopal había designado como su apoderado. Fue Mr. Madhavachari quien hizo los arreglos para las disertaciones y viajes de K en la India, editó las pláticas que ofreció allí y se ocupó de que las mismas se publicaran en la prensa. K habría de quedarse en la India por dieciséis meses, el tiempo más largo que permaneció allí desde que abandonó la India en 1912. Hasta septiembre de 1958 estuvo en retiro completo, primero en el valle de Rishi, después en Rajghat y luego en la mansión al norte de la colina de Ranikhet. Desde Rajghat había escrito a Lady Emily en febrero del cincuenta y ocho: «Como estoy en retiro, la gente me deja tranquilo, pero hay plenitud de cosas que observar, tanto interna como externamente»; y en junio, desde Ranikhet, le pidió a Doris Pratt que le enviara por vía área una gramática de sánscrito, porque aunque los libros de texto en sánscrito se recopilaban en la India, los eruditos en la materia no sabían cómo enseñarlo a los principiantes. Cuando un manual de sánscrito publicado por la Columbia University Press, cuyo autor era E. D. Perry, llegó por correo, K proclamó que era «excelente... Si yo puedo aprender por medio de esto, será un pequeño milagro». Estimó que le tomaría dieciséis o diecisiete semanas. Yo dudo de que el pequeño milagro haya ocurrido. (Ahora, a los 86 años, K está otra vez estudiando sánscrito). Por todo un mes estuvo solo en Ranikhet aparte de dos criados en una casa fuera de la ciudad que habían alquilado para él, Nº 1 Bungalow Chanbattia «buenos paseos, plena soledad» y estupendas vistas de los Himalayas .

K dejó Ranikhet con renuencia a fines de julio para ir a Poona vía Delhi y Bombay. Hacia fines de agosto comenzó a sostener discusiones privadas de grupo dos veces por semana en Poona. «Sorpresivamente, hay muchísima gente joven le escribió a Lady Emily . Se considera que Poona es un centro intelectual». K reanudó ahora sus disertaciones públicas: en Poona durante septiembre, Madrás en octubre y noviembre, Bombay en diciembre. También había estado otra vez en el valle de Rishi y en Rajghat hablando a los maestros y estudiantes. Mientras permanecía en noviembre en Vasanta Vihar, el día 3 firmó el documento que a continuación se transcribe, certificado por Notario Público y el Tribunal Superior de jurisdicción en Madrás; dicho documento se remitió a Rajagopal el mismo día:

Por este acto cedo los derechos de autor de todos mis escritos anteriores a esta fecha así como los que hubiere a partir de esta fecha, a la Krishnamurti Writings Inc., Ojai, California, E.U.A.; Londres, Inglaterra, y Madrás, India.

Autorizo a Mr. Rajagopal, Presidente de la Krishnamurti Writings, Inc., a tomar en adelante todas las disposiciones que sean necesarias con vistas a la publicación de todos los libros y artículos que he escrito o pueda escribir. Tiene mi plena autorización para firmar contratos o acuerdos en mi nombre o autorizar contratos o acuerdos que se hagan en mi nombre relacionados con la publicación de mis escritos.

Por duplicado y de buena fe.


Parece extraño que K hubiera hecho esta declaración justamente cuando su relación con Rajagopal era, por decir lo menos, tirante. Tal vez fuera el hecho mismo de que había fricción entre ellos lo que indujo a Rajagopal a ejercer presión sobre K a fin de que se legalizara su situación. K me había dicho en la carta que me escribió desde Sydney en 1955, que Rajagopal tenía todos sus papeles y manuscritos y el permiso para manejarlos según su propio criterio; no había dicho, sin embargo, que hubiera algún acuerdo legal a ese efecto. A uno le cuesta creer que K se tomara la molestia de legalizar la situación de Rajagopal, a menos que le hubieran presionado para que lo hiciera. Algún tiempo antes de esto, K había cesado de ser síndico de la KWINC. Él mismo no puede recordar cuándo sucedió esto, ni si la renuncia fue deliberada porque no quería que le perturbaran con cuestiones comerciales, o si firmó sin darse cuenta de lo que firmaba, algún papel que Rajagopal le presentara al efecto. Rajagopal, con toda probabilidad, se había convertido en Presidente de la KWINC por la época en que K había dejado de integrarla como síndico.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Doris Pratt había encontrado a Rajagopal en una condición muy desdichada cuando él vino a Londres en diciembre. En una carta a K fechada el 11 de enero de 1961, lo describió como «una mezcla de afecto, clara agudeza y gran violencia». Miss Pratt le dijo que en adelante ya no le remitiría más copias de las cartas que K le escribiera a ella, ni de las de ella a él, como lo había hecho siempre en el pasado, pero que «le informaría de cualquier hecho consumado en relación con las futuras reuniones». Ella agregaba en su carta a K: «Tuvimos varios violentos y desagradables cambios de palabras», pero se habían separado «con muchísimo afecto y espero que podamos mantenerlo así».

Yo misma vi una vez a Rajagopal en el Hotel Athenaeum Court en Picadilly, donde él paraba. Sin saber nada del cambio en su relación con K, experimenté desaliento y una profunda conmoción cuando él comenzó a denostar a K sin dar ninguna razón para su hostilidad. Le dije que con un sentimiento como el que manifestaba, debía renunciar a su trabajo con K, porque debía ser nocivo para ambos trabajar en esas condiciones. Al mismo tiempo sentí por él gran compasión, particularmente porque le tenía mucho cariño. Él estaba cerca de los sesenta, ¿Y qué otra cosa podía hacer? Yo creía que su angustia obedecía al hecho de que, siendo él mismo tan profundamente afectuoso, nunca se había sentido lo suficientemente amado. Deduje que su matrimonio no era feliz; en efecto, él y Rosalind pronto habrían de divorciarse.

Rajagopal también denostó a K ante mi madre durante esta visita, cosa que a ella la angustió tanto como a mí, porque también sentía mucho afecto por Rajagopal. Ninguna de nosotras dijo una palabra de esto a K, porque sentíamos que ello sólo podía causar daño; rogamos para que la actitud de Rajagopal fuera una etapa transitoria.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

miércoles, 31 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

 Los planes de K dependían de que pudiera conseguir una nueva extensión de su visa. Después que a la India se le concedió su independencia el 15 de agosto de 1947, a él, como a todos los indios y pakistanís, se le dio la opción de retener su pasaporte británico o sacar un pasaporte indio. Aun cuando K consideraba la nacionalidad como una fuente del mal y deploraba la necesidad de tener pasaportes en absoluto, optó sin pensarlo mucho por uno indio. Posteriormente tuvo motivos para lamentar esta decisión, porque se le hizo más difícil el viajar; con su pasaporte indio, necesitaba tener una visa para cada país de Europa excepto Inglaterra. Al menos ahora ya no necesita tener una visa para los EE.UU. porque recientemente obtuvo estado residencial, lo que le permite, más adelante, convertirse en ciudadano norteamericano si así lo desea.

Se le concedió una nueva extensión de la visa, y K pudo permanecer en Ojai hasta septiembre reuniendo fuerzas para viajar. El 9 de septiembre, zarpó con Rajagopal de Nueva York hacia Southampton en ruta a la India. Permaneció cerca de tres semanas en Londres. No había visto a Lady Emily por nueve años. K tenía ahora cincuenta y dos y ella setenta y tres. El esposo de Lady Emily había muerto a comienzos de 1944, pero ella había conservado un piso en lo alto de su casa en Mansfield Street, donde K pudo alojarse.

El día 26 de septiembre K vino a pasar un largo fin de semana conmigo y mi segundo esposo, en nuestra casita de West Sussex. Mi madre y Marcelle de Manziarly, que habían venido a Inglaterra especialmente para verle, puesto que él no iba a París, también pasaron el fin de semana con nosotros. Mi primer matrimonio en 1930 había sido el resultado de una fuerte reacción contra mi educación teosófica, y más adelante, durante la década de los treinta, yo había estado eludiendo a K todo lo que podía cuando me tocaba ir a Londres. Sabía que él no aprobaría mi más bien disipada existencia. El verle me hacía sentir avergonzada e impura. Era muy desdichada, pero no busqué su ayuda porque yo sabía que no tenía la más mínima intención de cambiar mi modo de vida, pese a que con frecuencia anhelaba vivamente aquella época en que estuve muy cerca de él durante los años 1926-1928. En 1945 me había divorciado y de inmediato me había casado nuevamente una unión de compatibilidad perfecta .

K había estado confinado en Ojai por demasiado tiempo. Se había sentido cercado allí y como prisionero de los Rajagopal, que eran propensos a intimidarlo y darle órdenes para todo. La única manera que tenía de escapar de ellos, eran sus largos paseos solitarios. Ahora lucía bien y, evidentemente, experimentaba una gran sensación de libertad y parecía estar lleno de energía. Se le veía más maduro y, al mismo tiempo, más bello. Fue para mí una gran alegría ver que él se sentía feliz y relajado mientras estuvo con nosotros; según sus palabras, estaba «igual que en los viejos tiempos». Durante los desayunos, nos quedábamos sentados por un largo rato charlando y riendo. Con todo, jamás se me ocurrió que un día yo podría trabajar para él. Siempre habría de tenerle un gran afecto, pero nunca quise, más de lo que mi madre quiso, comprender lo que él decía en sus pláticas. Marcelle, por otra parte, tuvo al menos dos conversaciones privadas con él, que ella describió como «magníficas». Todavía era una seguidora, mientras que yo estaba contenta de ser meramente una amiga y, puesto que mi esposo se llevaba bien con él y mi vida estaba ahora en orden, yo podía seguir disfrutando de su amistad.


KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

miércoles, 17 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Krishnaji llegó a Bombay con Rajagopal, a principios de 1953. Se alojaron con Ratansi Morarji en Carmichael Road. La atmósfera afectiva de aquellos primeros días había desaparecido. Krishnaji permanecía apartado y pasaba mucho tiempo solo en su habitación. Su risa se escuchaba raramente, pero desde la habitación de Krishnaji llegaba a menudo la voz irritada y enfurecida de Rajagopal.

Krishnaji estaba concediendo un gran número de entrevistas, recibía a sanyasis, estudiantes, hombres y mujeres agobiados por el dolor y el aislamiento de la vejez. Ofrecía pláticas en el complejo de la J.J. Escuela de Arte; había comenzado discusiones con pequeños grupos, pero ya no venía como antes a sentarse por las mañanas y las tardes en la sala de estar. Los cantos en los que Krishnaji había participado también terminaron. Rajagopal parecía determinar lo que Krishnaji podía o no podía hacer. Por entonces, Rajagopal era muy amigo de Jamnadas Dwarkadas, quien con su ardiente amor y devoción por Krishnaji, reaccionó fuertemente y con ira ante las insinuaciones de Rajagopal. Jamnadas jamás nos contó lo que Rajagopal le había dicho, pero sugirió que había acusado amargamente a Krishnaji. Rajagopal se mostraba amigable conmigo, pero teníamos largas disputas con respecto a las publicaciones, organizaciones y cosas por el estilo. A veces discrepábamos con pasión. Yo no estaba acostumbrada a las actitudes de reserva en las instituciones públicas. Rajagopal era arrogante y rehusaba contestar preguntas. Quería saberlo todo, pero no estaba dispuesto a revelar nada. Le dije que no podía trabajar con él en estos términos.

Sin embargo, las pláticas públicas de Krishnaji no mostraban huella alguna del remolino que giraba a su alrededor en la residencia de Ratansi.

Por esos días tuvo lugar un incidente que habría de soltar la flecha de las causas que finalmente condujeron a una completa ruptura entre Krishnamurti y Rajagopal. El fastidio que le ocasionara Rajagopal y las escenas que tenían lugar todos los días, indujeron a Krishnaji a decir algo que afectaba la integridad personal de Rajagopal. Habiéndolo dicho, Krishnaji se dio cuenta de todas las implicaciones que ello tenía. Esta es la única vez que he visto a Krishnaji sumido en una profunda angustia.

Nos pidió que lo lleváramos en automóvil a la playa de Worli. Caminamos a lo largo de la costa; la marea estaba baja y soplaba un viento muy fuerte. En aquellos días la playa de Worli se encontraba desierta. Krishnaji caminaba adelante, lejos de nosotros, completamente silencioso, apartado. De pronto se detuvo y nos esperó. Volviéndose de frente a nosotros, permaneció así por un rato, después cruzó las manos sobre el pecho y dijo. “Mea culpa”. Él sabía que comprendíamos. Luego, como viniendo desde una gran distancia, escuchamos su voz: “Las palabras han sido dichas, la flecha ha sido arrojada, nada puedo hacer al respecto. Ella encontrará su blanco”. Nunca más volvió a referirse al incidente.

Durante los días que siguieron, las pequeñas discusiones y las pláticas comenzaron nuevamente. Krishnaji hablaba sobre la necesidad de que uno se estableciera en cualquier estado interno que pudiera surgir en un momento dado odio, ira, codicia, afecto, generosidad­. “¿Es posible”, preguntaba, “permanecer completamente en tales estados sin movimiento alguno de la mente para escapar de ellos, ni para cambiarlos o fortalecerlos?”

Krishnaji decía que era esencial formular preguntas fundamentales; éstas raramente surgían de manera espontánea. La mente, ocupada en lo trivial, rara vez se detenía para formular la pregunta fundamental. Y cuando lo hacía, siempre tenía la respuesta fácil que emergía desde lo que la mente ya había experimentado.

“Se nos ha educado para combatir las emociones fuertes; la resistencia les da fuerza y las nutre. ¿Es posible preguntar, buscar las preguntas, sin movimiento alguno de la mente? ¿Puede uno formular la pregunta fundamental y dejarla en la conciencia permanecer con ella­ sin permitir que la atención se aparte de ahí? ¿Sostener la pregunta o el problema de modo que comience a abrir sus pétalos revelándose a sí mismo bajo la luz de la atención­ de tal manera que al florecer en plenitud pueda llegar completamente a su fin?”


Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar. Editorial Kier.
 

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Krishnaji regresó a la India en el invierno de 1951, tras una ausencia de casi dieciocho meses. Le acompañaba Rajagopal. Los muchos amigos que Krishnaji había hecho en años anteriores, se apiñaron para recibirle en Bombay. Entró en el salón, nos saludó solemnemente, nos estrechó las manos, pero no dijo una sola palabra. Seguía manteniendo un silencio absoluto. Rajagopal se veía incómodo. Nosotros le conocíamos por primera vez y nos mostrábamos mutuamente circunspectos.

Krishnaji no quebró su silencio en Bombay, pero siguió viaje hacia Madrás, donde ofreció doce pláticas entre el 5 de enero y el 12 de febrero. Nandini y yo fuimos a Madrás y nos alojamos en Vasanta Vihar. Vivíamos en un espacio que había sido creado usando armarios para dividir la galería; compartíamos un cuarto de baño con Madhavachari, y tomábamos nuestras comidas por separado, ya que Krishnaji comía a solas en su habitación.

Rajagopal estaba al mando de todo. Su relación con Madhavachari también se iba aclarando lentamente. Rajagopal lo trataba de una manera amigable, pero no le revelaba a Madhavachari lo que tenía en mente. Madhavachari se mostraba respetuoso, se dirigía a él como “Mr. Rajagopal”, recibía sus instrucciones y cumplía con los deseos que aquel le expresaba. Rajagopal se hospedaba en las cámaras Leadbeater de la Sociedad Teosófica, puesto que el piso superior de Vasanta Vihar había sido alquilado y no quedaba ninguna otra habitación disponible.

Krishnaji seguía mostrándose vago cuando lo interrogaban sobre la razón de su año silencioso, pero a Nandini y a mí nos habló de Rajagopal. Trató de que entendiéramos cuánto se había sacrificado Rajagopal por él. Krishnaji encomiaba a Rajagopal, ansioso de que nos hiciéramos amigos; pronto, una noche después de cenar, se convino un encuentro y fuimos a las Cámaras Leadbeater para entrevistarnos con él.

Rajagopal estuvo cortés; pero sus ojos, hundidos dentro de huecos profundos en su rostro sombrío, oscuro, nos taladraban tratando de leer indicios acerca del significado de cada palabra que pronunciábamos. Se mostró suspicaz e inquisitivo, y se requería una mente despierta y alerta para responder a las preguntas aparentemente inofensivas. Parecía tratar de atraparnos distraídas. Insinuó que no se podía depender de Krishnaji, puesto que la mente de éste cambiaba de manera constante. Rajagopal se había enterado por Velu un sirviente que había cuidado a K en Sedgemoor­ de los sucesos de Ootacamund. De modo que Rajagopal nos estuvo interrogando severamente por más de dos horas, queriendo saber cada detalle de lo que había ocurrido. Fue una experiencia penosa, y al final de ella ambas estábamos agotadas.

Después habríamos de descubrir otra faceta de Rajagopal. Nos pareció profundamente atractivo. Era cálido y afectuoso, y nos hicimos muy amigos. Tenía una mente característica de la India del sur, en extremo inteligente e inquisitiva. Era sensible al desorden y a la suciedad de cualquier clase que fueran, vestía inmaculadamente un almidonado kurta blanco y un pijama, y hablaba y se movía con elegante precisión.

Krishnaji y Rajagopal habrían de viajar a Europa y a los EE.UU. en la primavera de 1952.


Biografía de J. Krishnamurti.
Pupul Jayakar.
Editorial Kier.

 

sábado, 13 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Año 1971.
Las siguientes semanas en Malibú, hasta mediados de abril, K las dedicó en su mayor parte a tratar de lograr un arreglo con Rajagopal a fin de evitar que se entablara un juicio contra él. El 3 de marzo K, acompañado por Mary, fue a su casa de Ojai, y allí se les unió Mima Porter, pero no lograron llegar a ninguna parte en sus intentos con Rajagopal. Otra reunión de los cuatro efectuada un mes más tarde, resultó igualmente infructuosa. El 5 de abril K fue por tercera vez a la casa de Rajagopal. En esta ocasión hablaron a solas mientras Mary y Mima Porter aguardaban afuera en el automóvil, y después de una hora y media se esperaba que hubieran arribado a alguna clase de arreglo. Desdichadamente, no se llegó a nada. Mientras tanto, en marzo K había pronunciado cuatro pláticas en el Civic Auditorium de Santa Mónica, y también sostuvo algunos diálogos con estudiantes en la Universidad del sur de California. Alain Naudé vino a alojarse en Malibú, y a fin de mes se grabaron tres entrevistas entre él y K. Al mismo tiempo llegó Jacob Needleman, profesor de Filosofía del State College de San Francisco, y Alain grabó dos entrevistas que éste mantuvo con K.

KRISHNAMURTI
Los años de plenitud
MARY LUTYENS
Impreso por Romanyà/Valls
Verdaguer, l. Capellades (Barcelona)

 

sábado, 6 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Para terminar quisiera compartir con Uds. algo bellísimo que ha resonado por bastante tiempo en mi mente sin terminar de comprender su significado último. En un párrafo del Libro "Krishnamurti - Biografía" de Pupul Jayakar: "Una de las teorías de krishnaji, es que la gente debe sin duda evolucionar sólo a través de la felicidad, y llegar a Dios tan naturalmente como una flor se abre al sol. En un tiempo parecía casi atormentarlo el hecho de que todo aquel con quien se encontraba había evolucionado hasta ahí por tortuosos y largos caminos de dolor, y que pocos habían tomado la sencilla senda de la felicidad. Creo haberle escuchado decir incluso que nunca se había encontrado con nadie que evolucionara sólo a través de la felicidad, y que no obstante, ello era posible y se volvería muy común con que sólo nuestra actual civilización no fuera tan compleja. "Sean naturales, sean felices". De modo que Rajagopal* juega un gran papel en este drama superior, en el cual Krishnaji es el primero en reír y el más fácil de divertir. "Sé un Dios, y ríete de ti mismo".

*Rajagopal está mencionado en el libro como uno de los que participaron en los pequeños grupos de charlas con Krishnamurti.

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Poco antes de morir en 1986, Krishnamurti visitó a Sai Baba. El diálogo entre el hombre que había renunciado a ser considerado el Mesías y el Avatar de esta Era no trascendió. Pero sí que Swami lo conocía muy bien a él y a quien durante casi medio siglo había sido el organizador de su obra, Rajagopal. La hija de la segunda esposa de éste, Diana Baskin da algunos indicios para descifrar ese encuentro.

"Raja, el segundo marido de mi madre, fue mi padre espiritual." Aunque biológicamente Rajagopal no fuera su padre, Diana Baskin, en su libro "Divinos Recuerdos de Sathya Sai Baba", se refiere así a él.

Desekacharya Rajagopalacharya --así se llamaba-- fue uno de los dos muchachos hindúes que en 1913, mientras se celebraba la Conferencia Teosófica en India, el obispo Leadbeater profetizó que desempeñarían un rol decisivo en el desarrollo de la conciencia espiritual. El otro muchacho era Jiddu Krishamurti. Para Leadbeater, uno de ellos sería el maestro del mundo.

Los muchachos recién se conocerían en Londres, varios años después. Raja estudiaba derecho en Cambridge y Krishnamurti (K. en adelante) estaba siendo cuidadosamente preparado para convertirse en el Maestro Mundial por la doctora Annie Besant, presidenta de la Sociedad Teosófica.

A pesar del temor inicial de K. de que Raja fuese un posible rival, entablaron una muy buena amistad. El temor pudo haberse acrecentado aun más porque Leadbeater declaró que Raja había sido San Bernardo de Clairvauz en su vida pasada y estaba destinado a ser un buda en una vida futura.

En esos años, K. empezó también a preocuparse por los cada día más debilitados pulmones de su hermano Nitya. Angustiado ante la incertidumbre que la enfermedad le deparaba, llegó a preguntarle por la vida de Nitya a los maestros que se comunicaban con él. Como éstos le aseguraban que su hermano no moriría y él les había creído con todo su corazón, cuando Nitya murió, K. entró en crisis.

"Como a menudo lo hace Swami, los maestros también a él le habían destrozado el espíritu y el corazón", escribe Diana Baskin.

K., de todos modos, consideraba que el pago que los maestros se habían cobrado era muy severo y a partir de entonces comenzó a negarlos ante el obispo Leadbeater, ante la doctora Annie Besant y ante las multitudes que ya empezaban a respetar su palabra como santa. Como es sabido, K. llegó a renunciar públicamente a su adjudicado rol de Mesías.

Debido a su amor materno y a su preocupación por el futuro espiritual de la humanidad, la doctora Besant le pidió entonces a Raja que se instalara en el Valle de Ojai, California, junto a K., y lo asistiera con sus tareas.

Antes de que Nitya falleciera, K. también le había pedido a Raja ayuda para organizar su trabajo. Olvidándose un poco de su vida personal, éste se comprometió de forma generosa y total a lo que sería, durante los siguientes cincuenta años, su dharma: compaginar los escritos de K., cuidar la publicación y traducciones de sus conferencias y enseñanzas, ayudarlo a establecer escuelas en América, India y Europa. La capacidad de trabajo de Raja era enorme.

Por siempre, Raja permaneció inflexible respecto a no cobrar dinero a quienes acudían a las conferencias de K. "Los temas espirituales, sostenía, no pueden ser comprados ni vendidos como mercancías". The Krishnamurti Trust sólo aceptaba donaciones de personas que las daban con una actitud recta y pura. Difícilmente se podía encontrar una persona como Raja, con tal elevada integridad, tanto en la vida privada como en la pública.

Su colaboración con K. fue muy rica hasta que, hacia 1960, empezaron a hacerse públicas diferencias personales. Algunos biógrafos cercanos a K. afirman que desde años antes éste venía quejándose de que Raja le negaba el acceso a los libros contables de la organización, la correspondencia y hasta los archivos de sus propios manuscritos. Otras personas, más próximas a la Sociedad Teosófica, dejada de lado por K., sostienen que la vida privada de K. en Ojai, junto con la familia de Raja, presentaba algunos puntos oscuros. Como fuera, a la ruptura siguieron tres juicios iniciados por K. contra Raja. En el primero, Raja ni siquiera quiso defenderse de las muchas y, según él, falsas acusaciones. Pero no pudo evitar que el hecho le destrozase el corazón: él se había entregado sin egoísmo a la difusión de las enseñanzas de K., había renunciado por completo al deseo de ganancias mundanas materiales... "Ahora se sentía traicionado en lo más profundo", prosigue el relato Diana Baskin. "Mi madre le sugirió entonces a Raja pedirle consejo a Swami acerca de las medidas a tomar. Swami respondió por telegrama lo siguiente: "Lucha por la verdad hasta el final. No te preocupes. Yo estoy de tu lado: sé valiente. La Verdad es Dios, vive en la verdad". Raja se aferró con fuerza al dicho; "Uno con Dios es mayoría". Aunque no reveló los verdaderos detalles, por amor y protección a K., cuidadosamente reunió evidencias --algunas de cuarenta años antes-- para el segundo y tercer juicio.

Swami le envió un hermoso anillo de plata, materializado especialmente para él, en el que estaban grabadas en oro las letras OM en sánscrito (el sonido de la creación) y le mandó a decir: "Todo lo que haga Raja le saldrá bien". También le hizo un retrato, con propiedades y bendiciones especiales, y a través de los años le siguió escribiendo cartas de aliento.

El segundo juicio, como el primero, se arregló fuera de la corte. En el tercero fueron retirados los cargos porque Raja finalmente había decidido que el dharma requería de la total revelación de los verdaderos motivos que yacían bajo las acciones legales en su contra. Cuando quedó en claro que su revelación era inminente, el juicio fue suspendido de inmediato.

Al enfrentar lo inevitable, disponerse a luchar por la verdad y finalmente exponer todos los hechos que había guardado, no por temor, como creyeron algunos, sino por amor y para proteger la reputación del hombre que se había vuelto en contra de él, Raja se convirtió en acusador. Poco antes de que el juicio llegara a la corte, en 1986, Krishnamurti murió.

"En secreto y sin que casi nadie lo supiera, K. le había pedido antes a Swami que se encontraran en Madrás para obtener su darshan".

"Swami le dio detalles del encuentro a mamá", prosigue el relato de Diana Baskin, "y le presentó a un maestro de su colegio que estuvo presente en aquel encuentro. Estoy segura de que esa entrevista, en la cual Krishnamurti le regaló una rosa, Swami causó un gran impacto en K. Tal vez, marcó el principio de su regreso."

"Hacia fines de marzo de 1988, mi madre viajó a India. En el viaje anterior, sólo cuatro meses antes, Swami le había dicho la fecha exacta en que debía regresar. Aun cuando Swami le había pedido que no dijera ni una palabra acerca de sus planes de partir hacia las montañas de Kodaicanal, como mi padre no se encontraba bien de salud, mamá debió confiar en mí. Necesitaba que yo supiera donde localizarla en caso de presentarse una urgencia."

"Mamá se fue sin muchos deseos, obedeciendo las palabras de Swami sin importarle cuáles fueran."

"En cuanto ella marchó, mi padre dejó de comer y su salud empeoró. Durante algún tiempo su único alimento consistió en una taza de leche de cabra al día, pero pronto hasta eso se negó a ingerir. Empezó a decaer rápidamente y se debilitó tanto que un día ya no pudo levantarse de la cama."

"Poco antes de que perdiera totalmente la voz, me hizo prometerle que no le escribiría a mi madre para decirle lo enfermo que estaba. Con calma y certeza, me dijo que él sabía que había llegado el momento de partir, y que probablemente Swami había propiciado la ausencia de mi madre, puesto que ella no habría soportado verlo morir."

"Raja también nos había dicho que él no quería tratamiento médico en tales condiciones y se negó a que lo lleváramos al hospital para que le prolongaran la vida. Decía que a la naturaleza se le debe permitir seguir su curso, sin medidas heroicas por parte de los médicos."


Compendiado de Divinos Recuerdos de Sathya Sai Baba de Diana Baskin.

viernes, 5 de enero de 2007

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

A menudo iba a Ojai para tomar el almuerzo o la comida con Krishnaji; y “su familia”. Hablábamos mucho acerca de la difícil posición y la gran insatisfacción que había en mi vida en esa etapa, pero eso no tenía fácil solución, ni respuestas para una salida. Había sin embargo unas conversaciones interesantes a la hora de la comida. En una de ellas Rajagopal preguntó a Krishnaji escuetamente “¿Hay o no hay reencarnación, si o no?” Krishnaji; pensó por un momento y luego dijo: “La reencarnación es un hecho pero no es la Verdad”. 
A nuestras asombradas reacciones Krishnaji explicó la aparente contradicción de esta manera: “Aquello que reencarna es impermanente, y por lo tanto, no es la Verdad, la cual es permanente y eterna”.

K R I S H N A M U R T I
El Cantor y la Canción
(Memorias de una amistad)
Sidney Field Povedano
EDITORIAL ORIÓN
MÉXICO
1988 

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

La bien conocida controversia con Rajagopal no surgió súbitamente. Se había estado tramando desde hacia algún tiempo causando mucho malestar a Krishnaji a pesar de sus genuinos y repetidos esfuerzos para poner el asunto en términos amigables.

En el otoño de 1966, cuando él vino a Ojai para las pláticas en El Robledal, se hospedó en su cabaña de Arya Vihara. Lo llamé allí para hacer una cita para verlo. Alain Naudé, quien había sido de mucha ayuda para Krishnaji en Saanen, contestó el teléfono. Le expliqué que yo era un viejo amigo de Krishnaji y quería verlo. No llamó a Krishnaji al teléfono y sus modales fueron reservados y abruptos. Le di mi número de teléfono y le pedí que por favor le dijera a Krishnaji que me llamara cuando le fuera conveniente. Nunca tuve una llamada de alguno de ellos. Así, pensé que nada más esperaría para verlo después de alguna de las pláticas en El Robledal. Pero esto no fue fácil este año. Una inusitada multitud lo cercaba después de la plática. El parecía sentirse a disgusto con ellos y rápidamente se retiraba y entraba en su carro. Una vez yo corrí hacia él cuando era conducido fuera de El Robledal. Nos saludamos uno al otro levantando la mano y yo pensé, bueno, esto será por este año.

Al llegar a la última plática, no obstante, él corrió hacia mi hermano John y le dijo que me dijera que lo fuera a ver a Arya Vihara por la tarde de cierto día. Rápidamente a las dos de la tarde del día señalado llegue a Arya Vihara. Había 8 o 10 personas en la sala, todos viejos amigos de él. Alain Naudé vino para anunciar que Krishnaji se presentaría pronto. Naudé vino seguido por Mrs. Mary Zimbalist, quien encantó a los presentes. Después de una larga espera Krishnaji apareció. Se veía incómodo y enfermo, un sentimiento que persistió durante toda la visita. Nunca lo había visto de este modo. Había muy poco del calor y vibración que uno siempre asociaba con él. Estaba distante, incomunicativo. Después de media hora de charla social, se paró y nos despidió. Yo volví a casa esa tarde con un gran sentimiento de tristeza. La expresión del rostro de Krishnaji y su manera de ser me mostraban claramente que su estancia en Arya Vihara este año había sido una gran prueba para él.

Unos cuantos días después de nuestra visita él salió para Nueva York y nunca volvió a su vieja casa de Ojai hasta después de la decisión de la Corte sobre Rajagopal, cuando la propiedad le fue devuelta vía la Fundación Krishnamurti.

Antes del regreso de Krishnamurti a Ojai yo había oído una grabación hecha por un amigo mutuo, Albert Blackburn, en Saanen, Suiza, en 1968, de una conversación con Krishnaji en la cual éste suplicaba a Rajagopal llegar a una amigable resolución en su controversia. La actitud de Krishnaji era enteramente conciliadora. Estaba perfectamente claro que todo el asunto era extremadamente insatisfactorio y penoso para él y que aunque estaba firme en su resolución de separarse de Rajagopal y de su control en la Krishnamurti Writings, Inc., estaba aun más ansioso de hacerlo sin ninguna alharaca y sin recurrir a medios legales.

Conociendo algunos de los factores que llevaron a la ruptura final, pensé que la paciencia y actitud amistosa de Krishnaji hacia Rajagopal eran verdaderamente notables. Este último, sin embargo no consintió en escuchar el cassette, aun cuando Albert Blackburn me dijo que repetidamente le había pedido a Rajagopal hacerlo. Aún más sorprendente, fue la actitud de algunos amigos de Rajagopal en Ojai, quienes también rehusaron escuchar esta reveladora grabación, en la cual Krishnaji presentó su caso por primera vez. Rajagopal inexorable en su rechazo a ponerse de acuerdo con las peticiones de Krishnamurti, y en justa imparcialidad dijo que él tenía unas buenas bases para su posición. El sostendría que Krishnaji le había dado a él derechos de autor de todas sus propiedades literarias y por tanto no estaba obligado a responder a cualquier pregunta relacionada con la controversia. Esto es verdad. Krishnaji, totalmente despreocupado de los asuntos mundanos, había firmado un documento en Poome, India, en 1957, a este respecto:

“Yo, por este documento doy la propiedad de todos mis escritos anteriores a esta fecha así como la de todos los que sigan a partir de ella a la Krishnamurti Writings Inc., de Ojai, California, USA; Londres, Inglaterra y Madrás, India.

Además, autorizo a Mr. D. Rajagopal, Presidente de la Krishnamurti Writings, Inc. para hacer cualquier arreglo que sea necesario con respecto a la publicación de todos los libros y artículos que yo he escrito o pueda escribir. El tiene mi completa autorización para hacer contratos o arreglos en mi nombre o autorizar contratos que sean hechos en mi nombre relacionados con la publicación de mis escritos.

Este documento se hace por duplicado y de buena fe.

Más tarde Krishnaji dándose cuenta del error que había cometido en esto, hizo que su abogado llevara el asunto a la Corte, la que declaró nulo y sin valor el arreglo sobre los derechos de autor dado a Rajagopal.

Rajagopal, no obstante, rehusó aceptar esta decisión.

Aumentó la tensión entre Krishnamurti y Rajagopal, que este último se rehusó a aceptar a Krishnaji como miembro del Consejo de Directores de la Krishnamurti Writings, Inc. después de que Krishnamurti previamente había abandonado esta posición.

Poco tiempo después del incidente de la grabación, yo recibí una carta de siete páginas del finado James Vigeveno, quien vivía en Ojai. Este caballero, que era un hombre de mucho éxito en el negocio de artículos de arte y que asimismo había sido muy devoto de Krishnaji, ahora salía con una ultrajante explosión contra su anterior ídolo. La carta a que me refiero fue enviada por correo a todas las personas que figuraban en la lista de corresponsales de la Krishnamurti Writings, Inc.

Citaré solamente ciertos párrafos de esa carta abusiva y repetitiva. Una apropiada respuesta a ella requeriría todo un libro, así como una completa transcripción del largo periodo del litigio que siguió hasta terminar la controversia Krishnamurti-Rajagopal.



Ojai, Cal., Julio de 1969

A MIS AMIGOS Y A TODOS AQUELLOS QUE HAN SIDO HERIDOS


Desde 1927, hacen ahora cuarenta y dos años, cuando por primera vez encontré a Krishnamurti, siempre he sido su gran admirador y amigo y he estado desde entonces profundamente interesado en sus enseñanzas. Durante estos años yo he trabajo mucho para él, he sido administrador y posteriormente Vicepresidente de la Krishnamurti Writings, Inc. hasta el final de 1966. . . Pero hacia 1960 las cosas empezaron a cambiar.

La tensión se volvió más y más fuerte y un rompimiento abierto entre Krishnamurti y Rajagopal fue proclamado en todo el mundo; Krishnamurti, que nunca había querido tener que ver con organizaciones, ahora las dirigía personalmente, con la ayuda de Mr. Naude. También hizo a un lado a los representantes de la Krishnamurti Writings, Inc. en todo el mundo y naturalmente todos aceptaron el nuevo estado de cosas: una organización llamada “La Fundación Krishnamurti”.


En octubre 31 de 1968, Krishnamurti me llamó por teléfono y me dijo:

“Yo no quiero hablar a solas con Rajagopal, quiero reunirme con los miembros de la Krishnamurti Writings, Inc. Rajagopal y usted. De no ser así, yo estoy fuera del asunto. Si no nos reunimos antes del 3 de noviembre, los abogados se harán cargo del asunto. Quiero que en la reunión estén presentes: Rajagopal y los miembros del Consejo, y a mí me acompañarán Mrs. Zimbalist, Mr. Naudé y Mr. y Mrs. Lilliefelt. Pero en ninguna circunstancia me reuniré con Rajagopal solo”.


Después de esta conversación yo hablé con Rajagopal. Rajagopal desistió de su insistencia de hablar a solas con Krishnaji y accedió a enviar el siguiente telegrama a Krishnamurti el 2 de noviembre de 1968:

“En respuesta a su deseo de hablar con los directores de la Krishnamurti Writings, Inc., yo puedo arreglar una reunión entre usted personalmente y los Directores de la Krishnamurti Writings, Inc. en su oficina de Besant Road. Por favor infórmenos de la fecha y la hora que desee, a su regreso de Claremont, cuando más de los miembros puedan estar disponibles. Firmado James Vigeveno”.


El 5 de noviembre recibí la siguiente respuesta:

“Siento mucho que Rajagopal y los Directores rehusen mi proposición para reunirnos todos nosotros. Yo no asistiré solo a una reunión. El asunto está ahora fuera de mis manos. Krishnamurti”.

. . .James Vigeveno



El resto de la carta contiene una serie de acusaciones sin base, distorsiones y verdades a medias, todo lo cual no tiene caso citar en este libro.

Conozco a Krishnamurti desde mi niñez y me he dado cuenta de su relación con Rajagopal y de la extraordinaria generosidad, consideración, lealtad y verdad con las que Krishnamurti siempre lo ha tratado, me sentí ultrajado por la ridícula e insultante manera en que Vigeveno defendía a Rajagopal.

Pero, ya es bastante sobre la explosión de Vigeveno.

Mi contestación a su carta, es colérica también, pero mirando hacia atrás en las circunstancias, pienso que está plenamente justificada.



1533 North Orange Grove
Hollywood, Ca. 90046
Agosto 16, 1969



Sr. James Vigeveno
Besant Road
Ojai, California



Querido señor Vigeveno:

Acuso recibo de su carta “A MIS AMIGOS Y A TODOS AQUELLOS QUE SE HAN SENTIDO HERIDOS”:

“Durante los pasados diez años Krishnamurti ha pedido repetidamente al Sr. Rajagopal, Presidente de la Krishnamurti Writings Inc. le informe y le consulte sobre su actuación y negocios. El Sr. Rajagopal se ha rehusado constantemente a hacerlo y ha negado a Krishnamurti el acceso a sus propios manuscritos y archivos en la Krishnamurti Writings. Además, Krishnamurti ha sabido recientemente que a través de estos años se han hecho cambios en la Krishnamurti Writings Inc. excluyéndolo a él de toda opinión en sus negocios. Krishnamurti trató muchas veces de llevar los asuntos amigablemente con el Sr. Rajagopal y otros miembros de la Dirección de la Krishnamurti Writings, pero no tuvo respuesta. . . El dinero dado a la Krishnamurti Writings para su trabajo a la fecha está incluido en esa organización y no está a su disposición”.

Esto, como indudablemente a usted le consta, es una cita de una declaración de Krishnamurti publicada en el Boletín de Verano de la Fundación Krishnamurti. Esta es la clave de la controversia Krishnamurti-Rajagopal.

Así pues, siendo lo ya dicho en el párrafo anterior el meollo de la situación, todos hemos esperado una declaración oficial de su grupo, en lugar de eso nos hemos encontrado con su “white paper”. En este extenso documento usted evadió cuidadosamente el punto central y llenó siete largas páginas con un ataque insultante a la persona de Krishnamurti mismo. No creo que este enfoque pueda ayudar a su causa.


Sinceramente suyo

Sidney Field



Pocos días después de ser enviada al correo esta carta, recibí una llamada telefónica de Rajagopal desde Ojai. Parecía ser que Vigeveno, que era su vecino llegó muy trastornado a él llevándole mi carta, queriendo saber por qué Rajagopal pensaba que yo alguna vez podría convertirme a su causa. Excitado, Rajagopal empezó por decirme que Vigeveno, “ese fino e inteligente caballero” que siempre se había considerado mi amigo, estaba terriblemente herido por las cosas que yo había dicho, añadiendo que lo menos que yo podía hacer en estas circunstancias, era llamarlo inmediatamente o escribirle disculpándome. Rajagopal apelaba a nuestra vieja amistad para detener mi juicio hasta que él pudiera explicar el asunto.



“Todo esto es un malentendido” dijo Rajagopal. “Yo amo a Krishnaji y también lo ama James Vigeveno”.

“¿Es esta carta la manera en que usted y Vigeveno expresan su amor a Krishnamurti?” La contestación fue pedirme ir a verlo, para que él pudiera decirme toda la verdad y explicarme todas las cosas.
-“Yo iré mañana en la mañana” le dije.
-“Déme una semana de tiempo respondió Rajagopal-. Tengo que prepararme”.
¿Quién necesita una semana para explicar a un viejo amigo la seria ruptura de sus cuarenta años de relación con Krishnaji? Este fue el final de nuestra conversación.
Los amigos que habían leído mi carta a Vigeveno me sugirieron enviar una copia de ella a Krishnaji, quien estaba entonces en Brockwood. Así lo hice.
Un par de semanas más tarde recibí la respuesta de Krishnaji y también una carta de Mary Zimbalist, miembro de la Fundación Krishnamurti de América, quien estaba en la escuela de Brockwood con él en ese tiempo.

Brockwood Park,
Brandean,
N.R. Alresford, Hampshire. England.

24 de septiembre, 1969

Mí querido Sidney:
Muchas gracias por su carta incluyendo su respuesta a la bobería de Mr. Vigeveno.
Debo decir que su respuesta es realmente muy buena, y si puedo hacerlo, me gustaría felicitarlo por la forma en que ha ido usted directamente al punto, mostrando exactamente todo lo que ellos están haciendo.
Es sorprendente cómo esta carta de Vigeveno ha circulado alrededor del mundo. Parece que ellos la han enviado a la India y a muchas personas en Europa, y eso significa que realmente quieren hacer un escándalo de todo ello. Me apena mucho que todo esto haya sucedido cuando todas las cosas pudieron haber sido arregladas de una manera razonable, sana y amigable.
Me alegro que usted haya tenido una llamada telefónica de Rajagopal y tal vez usted pueda verlo y si es posible ayudarlo a recapacitar sobre todo esto.
Espero que esté usted bien y por favor de le mis recuerdos a toda la familia.
Suyo muy afectuosamente,
Krishnamurti

P.D. Espero verlo en la próxima primavera. Espero se encuentre bien.

Brockwood Park,
Brandean,
N.R. Alresford, Hampshire. England.
24 de septiembre, 1969

Querido Sidney:
Si yo tuviera un sombrero me gustarla arrojarlo al aire con gran entusiasmo por su contestación a la miserable carta de Vigeveno. Ella ha regocijado a Krishnaji y debería ser enmarcada en los archivos como una brillante muestra de equilibrio en todo este feo asunto.

Con todos mis mejores deseos,
Suya,
Mary Zimbalist

Cuando Krishnaji volvió a los Estados Unidos el siguiente año, se alojó en la casa de Mrs. Zimbalist en Malibú, un lugar de tranquila distinción en lo alto de un peñasco con vista al mar. Allí fui a verlo. El me recibió afectuosamente y me dio una hermosa bufanda de seda pintada a mano con batique que había traído de la India, un hermoso regalo que le aprecié profundamente
Mrs. Zimbalist, una anfitriona perfecta, sirvió el té en su elegante salón con un cuadro que mostraba la serena y suave bahía de Santa Mónica. Krishnaji me dio las gracias personalmente por mi carta a Vigeveno y hablamos largamente sobre la infortunada controversia con Rajagopal. Era difícil para Krishnaji darse cuenta de cómo un hombre al que había mirado como un hermano por tantos años, pudiera volverse contra él con tan feroz hostilidad. Yo dije que en mi opinión este cambio de actitud de Rajagopal había estado preparándose por años, aun cuando aparentemente él no lo hubiera notado o pensaba que no tenía importancia. “Creo que por un largo tiempo Rajagopal ha albergado un profundo resentimiento contra usted, Krishnaji”.
Pero, ¿por qué?, ¿por qué? me preguntó sobresaltado.
Yo dije que pensaba que era el resentimiento de una persona que siempre había tenido aversión a tomar un segundo papel al lado de un hombre de genio. Añadí que yo había querido hablarle a él acerca de esto en varias ocasiones, pero sentía que su lealtad hacia “su familia” no me permitiría ninguna crítica.
Krishnaji, esperando aun resolver la controversia en una forma amistosa, me preguntó que pensaba que debería hacerse. Dije que en mi opinión él tendría finalmente que demandar a la Krishnamurti Writings Inc. para resolver el conflicto. Yo ofrecí consultar a mi abogado Robert Kenny, quien había sido Procurador General en California y por ahora un juez de la Suprema Corte en los Ángeles. Krishnaji pensó que ésta era una buena idea y acordamos que yo haría una cita con el Juez de la Suprema Corte en los Ángeles y se lo comunicaría.
Al día siguiente llamé a la oficina del Juez Kenny, la cual había sido dejada a cargo de su asociado Robert Morris, un viejo amigo confiable e hice una cita para verlo sobre el asunto de Krishnamurti. Unos pocos días más tarde, Mrs. Ema Lilliefelt un miembro del Comité de la Fundación Krishnamurti de América, quién había dirigido una investigación de los aspectos legales de la controversia, y yo mismo, fuimos a hacer una visita a Morris en su oficina a la ciudad de los Ángeles. Nos sentamos alrededor de una gran mesa de conferencias y Mrs. Lilliefelt le entregó una carta de Krishnaji explicando su posición en el asunto. Después de leerle cuidadosamente hizo muchas preguntas y varios puntos de vista fueron intercambiados. Finalmente, Morris sugirió que visitáramos al Juez Kenny en su casa de Hollywood. Esa tarde llamé a éste e hice una cita para verlo en compañía de Krishnaji la semana siguiente.
En el intervalo telefonee a Morris para saber su reacción personal a la carta de Krishnaji. “Me parece que él ha sido tratado injustamente” dijo y añadió que el principio y el fin de la carta lo habían divertido.
-“¿Por qué?” pregunté yo.
Primero él le dice a Rajagopal que se de por muerto y al final él firma “con amor”. “¿Esa es la costumbre en la India?”
No. Es el estilo especial de Krishnaji. “¿Pero eso hace a usted pensar que el amor y la muerte sean incompatibles?” lo cual lleva a una discusión filosófica totalmente separada del caso en cuestión.
Algunos días después. una tarde, Krishnaji, Mary Zimbalist. Alain Naudé y yo, llegamos a la casa del Juez Kenny en Laurel Canyon. Kenny estaba familiarizado con las enseñanzas de Krishnaji y fue para él un placer encontrarse con él. Después de haber sido enterado de toda la situación, su opinión legal fue que Krishnaji, o la Fundación Krishnamurti de América tenía amplia base para instituir procedimientos legales contra la Krishnamurti Writings Inc. pero que tomaría tiempo antes de llegar a una audiencia, tal vez dos años Krishnamurti se sobresaltó al oír esto, añadiendo que la erección de una escuela en Ojai para implementar sus enseñanzas y su concepto de la educación, tenía la más alta prioridad, pero él no podría seguir adelante con esto porque los fondos y las propiedades que los amigos le habían donado a él a través de los años, para propagar su enseñanza como él lo creyera conveniente, se veían obstruidos por la Krishnamurti Writings Inc. Kenny respondió enfatizando la necesidad de entablar un proceso desde luego. Explicó que la ley da al defendido el derecho de mantenerse posponiendo una audiencia sobre diferentes bases poniendo reparos, en terminología legal, los cuales pueden demorar una resolución legal por años.
Krishnaji estaba impresionado por la erudición y encanto personal de Kenny y lamentaba que a causa de su posición como Juez de la Suprema Corte no pudiera encargarse del caso. Conforme se presentaban las cosas, los abogados de Mary Zimbalist tomaron el caso a su cargo el cual se demoró a causa de numerosos reparos por parte del defendido ¡durante cuatro años!
Por este tiempo, el verano de 1969, Krishnaji había publicado en el BOLETIN órgano oficial de la Fundación Krishnamurti de América, una declaración respecto a su rompimiento con Rajagopal:

DECLARACION DE KRISHNAMURTI
Muchas personas han escrito expresando su interés acerca de la disolución de la Krishnamurti Writings Inc. y preguntando por qué había sucedido esto.
Krishnamurti siente que el público debería ser informado, ya que ellos, por los pasados cuarenta años respaldaron este trabajo e hicieron substanciosas contribuciones a la Krishnamurti Writings Inc., a este respecto.
Durante los pasados diez años, Krishnamurti ha pedido repetidamente al Sr. Rajagopal, Presidente de la Krishnamurti Writings Inc., le informe y consulte acerca de su política y negocios. El Sr. Rajagopal constantemente ha rehusado hacer esto y ha negado a Krishnamurti el acceso a sus propios manuscritos y archivos en la Krishnamurti Writings Inc. Además, Krishnamurti ha sabido recientemente que a través de los años se han hecho cambios en la Krishnamurti Writings Inc. excluyéndolo a él de toda voz y voto en estos asuntos. Krishnamurti trató muchas veces de arreglar el asunto amigablemente con el Sr. Rajagopal y los miembros del Comité de la Krishnamurti Writings Inc. aunque inútilmente.
El siente mucho que haya sido necesario solicitar fondos una vez más, pero el dinero dado a la Krishnamurti Writings Inc. para su trabajo está por ahora detenido en esa organización y no está a su disposición.
Todas las precauciones han sido tomadas en la Fundación Krishnamurti en Inglaterra y la Fundación Krishnamurti de América para asegurar que un problema similar jamás ocurra en el futuro.


K R I S H N A M U R T I
El Cantor y la Canción
(Memorias de una amistad)
Sidney Field Povedano
EDITORIAL ORIÓN
MÉXICO
1988




Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Fue maravilloso verlo de nuevo, parecía estar en excelente salud y en el mejor ánimo, riendo con aquella risa espontánea e infantil que era tan deliciosa y contagiosa. Cada vez que oía yo un chiste o anécdota que pensaba que lo divertiría, la guardaba en la mente para contársela en nuestro próximo encuentro, sólo para oír esa risa borbotearte.

Era una tarde soleada y tibia cuando nos sentamos a la sombra de un gran limonero en el patio del bungalow, frente a frente uno del otro. Yo no estaba de humor para chistes de ninguna clase en esta ocasión, y él, según parecía, estaba muy serio y pensativo. Me preguntó qué era lo que me molestaba. Toda la infelicidad y frustraciones de los pasados meses súbitamente me salieron a borbotones. Tragué saliva y sentí que si decía algo, las lágrimas aparecerían en mis ojos. Por lo tanto me senté silenciosamente frente a él por un largo tiempo. Finalmente yo solté impulsivamente algo sobre la dureza y deshonestidad del mundo de los negocios en el que yo había sido arrojado tras la muerte de mi padre, sin mencionar lo que estaba realmente carcomiéndome: el autoexilio de aquel mundo especial y encantado que él había abierto en mí hacía sólo un año. Imaginé que sabía lo que sería su contestación: que ese mundo estaba aquí y ahora dentro de mí, que yo lo había cubierto con mi propia estupidez y que tendría que descubrirlo otra vez por mí mismo si así lo quería. Palabras, palabras, pensé. Yo deseaba hacer manar esa fuente otra vez por los mismos medios mágicos por los cuales la había experimentado al principio suavemente, sin es fuerzo, sin declararlo. De esa manera, el asunto más importante permanecía en silencio, sin ser expresado. Precisamente, yo tenía el sentimiento de que él sabía bien lo que me estaba devorando. Hubo otro largo silencio, después él me preguntó acerca del estado de mis finanzas. Le dije que estaba completamente quebrado, añadiendo esto a mis otros problemas. El llamó a Rajagopal, quien estaba dentro de su oficina, y le dijo que extendiera un cheque a mi favor por 500 dólares. Me sentí mortificado, pues nunca hubiera intentando que él me ayudara de sus propios fondos insuficientes. Rajagopal se mostró confundido y vacilante. Por la expresión de su rostro, parece que pensaba que esto era una clase de broma. Krishnaji, sin embargo, dio la orden otra vez con un tono de voz que no dejaba duda de lo que quería decir. Rajagopal volvió adentro. Aunque yo estaba inmensamente agradecido a su generosa oferta, sentí que no debería aceptar el préstamo de Krishnaji porque sabía que lo necesitaba para él mismo, pero hizo a un lado todas mis objeciones e insistió que tomara el dinero. Cuando Rajagopal volvió con el cheque, yo dije que necesitaría algún tiempo para pagarlo. Krishnaji me contestó que tomara todo el tiempo que necesitara. No había prisa. Tomó el cheque de la mano de Rajagopal y me lo dio. Con el cheque en mi bolsa, tomé sus dos manos en la mies y las lágrimas que yo había reprimido toda la tarde forzaron su salida.

La semana siguiente Krishnaji salió para Europa. Dos semanas más tarde Rajagopal por teléfono me pidió el pago inmediato de los 500 dólares. Le recordé que Krishnaji había dicho que podía tomarme algún tiempo para pagar el préstamo. El respondió que Krishnaji nada sabía acerca de los negocios y que él estaba allí para ver que nadie tomara ventaja. Una poderosa ola de cólera me asaltó pero antes de poder decir nada él estaba enviándome saludos para la familia y luego colgó. Yo decidí pedir prestado el dinero a alguien y pagarle inmediatamente. Tom, el verdulero que acostumbraba guiar su pequeño camión desde su granja en el Valle de San Fernando hasta Hollywood, colmado con todos los productos que cosechaba, vino en mi auxilio. El préstamo se pagó.

El recorrido de Krishnamurti a Sudamérica fue planeado para el siguiente año. El y yo habíamos hablado sobre ello a menudo y se entendió que yo debería ir con ellos como una especie de enlace entre él y la prensa. Era una elección lógica y nadie la había puesto en duda. Yo era íntimo amigo de Krishnaji, estaba interiorizado de su enseñanza y hablaba español fluidamente. Pero no tomé en cuenta la gran influencia que Rajagopal ejercía en Krishnamurti sobre los negocios del mundo. El dirigiría el recorrido y decidió que Byron Casselberry quien había tomado lecciones de español, los acompañara. Me sentí grandemente desengañado aunque no muy sorprendido. Sabía que yo no era gente de Rajagopal. Nunca lo había sido.



K R I S H N A M U R T I
El Cantor y la Canción
(Memorias de una amistad)
Sidney Field Povedano
EDITORIAL ORIÓN
MÉXICO
1988



 

Jiddu Krishnamurti y Rajagopal.

Un rumor flotaba sobre el campamento de que Krishnaji había heredado una gran suma de dinero de un amigo. Este era un rumor totalmente sin base, pero Rajagopal y Rosalind estaban muy temerosos porque habían oído pasos por fuera en la noche. Cuando llegué a Arya Vihara en mi diaria visita de la tarde me encontré afuera de la casa con Byron Caselberry armado con un hierro atiza-fuego, listo para abrirme la cabeza. Él no había reconocido mi carro en la obscuridad y no estaba dispuesto a exponerse. Entré con él a la casa y encontré a Rajagopal armado también con otro atizador. Dijo él que un vagabundo o ladrón había sido visto hacía unos pocos minutos y que Krishnaji había salido a la huerta de naranjos para hacerlo desistir de cualquier tontería. Yo dije que no deberíamos dejar a Krishnaji solo afuera, y Rajagopal, que era muy dominante, replicó que él estaba harto con las simpatías mal elegidas de Krishnaji y que ya había llamado a la policía. Me interné en la huerta y encontré a Krishnaji con una lámpara de mano buscando al hombre. Le urgí que volviera adentro conmigo porque el hombre podía ser violento. “Yo quiero advertirle que se vaya, que el asunto no vale la pena. Eso no vale la pena”, repitió él. En ese momento yo lo hubiera abrazado. He aquí este hombre endeble con no más armas en su persona que una pequeña lámpara de mano, solo, en la oscuridad, determinado a convencer a un carácter posiblemente violento, que huyera antes de ser atrapado o golpeado por Rajagopal o Byron. Él continuó su búsqueda conmigo por un rato. Después ambos entramos a la casa. Rajagopal lo recibió con un fárrago de palabras duras diciéndole que él tenía talento especial para elegir sus simpatías. El asaltante debía ser duramente castigado. Krishnaji escuchó silenciosamente y como siempre hacía muchas veces cuando Rajagopal se volvía abusivo, simplemente se caló su gran sombrero mexicano y salió afuera. 


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El Cantor y la Canción
(Memorias de una amistad)
Sidney Field Povedano
EDITORIAL ORIÓN
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1988

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